Remedio para la Soledad

Pregunta: ¿Cómo puedo paliar la profunda soledad que siento a veces?

Respuesta: Si sufres de soledad, ¡desde luego compañía no te falta! En el mundo moderno muchas personas se sienten solas, sobre todo en las grandes urbes. La vida en nuestras megalópolis se ha descrito acertadamente en términos de millones de personas solitarias que viven juntas.
El solo hecho de vivir rodeados de gente no necesariamente constituye el remedio para la soledad. Más que el producto de vivir aislados, es el resultado de vivir alienados. Lamentablemente, en muchos casos la gente se autoinflige la soledad. Levantamos muros a nuestro alrededor en vez de tender puentes. ¿Cuál es, pues, el remedio para la soledad? ¡Amar al prójimo! Considera este relato verídico:
Cierta señora vivía afligida de una inmensa soledad. Siempre andaba a la busca de nuevos amantes, nuevos amores, pero nunca encontraba uno que le proporcionara satisfacción, que durara o que aliviara su soledad. ¿Por qué? Vivía empeñada en ser objeto del amor de alguien, en ser amada. Un día una amiga le sugirió que tal vez tendría que aprender a amar desinteresadamente procurando la felicidad de la otra persona. Al cabo de años de búsqueda, de pronto descubrió algo que nunca se le había ocurrido. Buscó a alguien a quien hacer feliz, y no tardó en hallar lo que siempre había ansiado: amor de verdad.
He aquí la clave, la solución sencilla para la soledad: Quien ofrece amor, recibe amor. Si te preocupas sinceramente por los demás y les demuestras amor, te corresponderán preocupándose por ti. Claro que nosotros los cristianos estamos en condiciones de compartir el más grande de los amores, que emana del mejor amante de todos, Jesús mismo, el único capaz de satisfacer ese profundo anhelo de amor y comprensión presente en todo corazón humano.
Jesús incluso alivia la sensación de vacío y soledad que a todos nos embarga a veces por muchos amigos o familiares que nos rodeen. El Señor ha creado un lugar especial en nuestro corazón que sólo Él puede ocupar. Aunque el cuerpo es de este mundo y se satisface de cosas terrenales, el espíritu humano —ese algo intangible representativo del verdadero ser que mora en el cuerpo— nunca obtiene total satisfacción sin la unión íntegra con el gran Espíritu de amor que lo creó.
Jesús quiere que nos amemos y que estemos unidos unos a otros, pero antes que nada quiere llenar de Su amor ese vacío profundo que nos aflige. Por mucho que disfrutemos de la compañía física de una persona querida, interiormente siempre tendremos ese anhelo profundo que solo podremos saciar entregando a Jesús todo nuestro corazón y estrechando nuestra relación con Él.

Génesis 2:18 (NVI) Luego Dios el Señordijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.»

Mateo 28:20 (NVI) enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.

Filipenses 4:6-7 (NVI) No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

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