El Censo de David- Comentario Biblico-

1CRONICAS 21

21.1 El censo de David acarreó el desastre debido a que, a diferencia de los censos tomados en el libro de Números (Números 1, 2) los cuales Dios había ordenado, este censo se llevó a cabo para que David pudiera sentirse orgulloso de la fortaleza de su ejército. Al determinar su poder militar, estaba comenzando a confiar más en este poder que en la fuerza de Dios. Existe una línea muy delgada entre la dependencia que confía en el poder de Dios y la soberbia porque Dios lo ha usado para grandes propósitos.

21.1 El texto bíblico dice que Satanás incitó a David para hacer un censo. ¿Acaso puede forzar Satanás a la gente a hacer cosas malas? No, Satanás sólo tentó a David con la idea, pero fue David el que decidió hacerlo. Desde el huerto del Edén, siempre Satanás ha estado tentando a la gente a pecar. El censo de David no iba en contra de la ley de Dios, pero el motivo del censo estaba mal: sentía orgullo por su ejército poderoso, mientras olvidaba que su verdadera fortaleza provenía de Dios. Incluso Joab, quien no era conocido por sus ideales de alta moral, reconoció que el censo era un pecado. Del ejemplo de David podemos aprender que un acto que por sí mismo no es malo, puede llegar a ser un pecado si lo motivan la codicia, la arrogancia o el egoísmo. A menudo nuestros motivos, y no nuestras acciones, originan el pecado. Debemos sopesar constantemente nuestros motivos antes de actuar.

21.1–3 David cayó en la tentación de Satanás. Dios proporcionó una salida con el consejo de Joab, pero la curiosidad de David se vio estimulada por la arrogancia. Su fe estaba en su propia fortaleza y no en la de Dios. Si nos sentimos autosuficientes y depositamos nuestra confianza lejos de Dios, pronto caeremos en los esquemas de Satanás. En la autosuficiencia perdemos nuestra seguridad. Para escapar de la tentación, examine los deseos internos de su corazón para comprender por qué la tentación externa es tan atractiva. (Véase 1 Corintios 10.13 para más información acerca del escape de la tentación.)

21.8 Cuando David se dio cuenta de su pecado, tomó plena responsabilidad de ello, admitió que estaba mal, y pidió a Dios que lo perdonara. Muchas personas quieren contar con Dios y sus bendiciones en sus vidas sin reconocer sus pecados personales ni su culpabilidad. Pero la confesión y el arrepentimiento deben llegar antes de recibir el perdón. Al igual que David, debemos admitir la plena responsabilidad de nuestros actos y confesarlos a Dios antes que Él nos perdone y continúe su obra en nuestras vidas.

21.13,14 El pecado tiene un efecto de dominó. Una vez que se ha cometido un pecado, lo siguen una serie de consecuencias. Dios perdonará nuestro pecado si se lo pedimos, pero las consecuencias de ese pecado ya están en marcha. David suplicó misericordia, y Dios respondió al detener al ángel antes de que completara su misión de muerte. Sin embargo, las consecuencias del pecado de David ya habían causado un gran daño. Dios siempre perdonará nuestros pecados y a menudo intervendrá para hacer menos severas sus amargas consecuencias, pero permanecerán las cicatrices. El pensar en las posibles consecuencias antes de actuar puede evitarnos a nosotros mismos y a los demás mucha pena y mucho sufrimiento.

21.14 ¿Por qué murieron setenta mil inocentes por el pecado de David? Nuestra sociedad hace un gran énfasis en el individuo. En los tiempos antiguos, sin embargo, los líderes familiares, los líderes de las tribus y los reyes representaban al pueblo que dirigían, y todos esperaban compartir sus triunfos al igual que sus fracasos y castigos. David merecía castigo por su pecado, pero su muerte podía haber ocasionado un caos político y la invasión del ejército enemigo, causando cientos de miles de muertos. En cambio, Dios mostró su gracia al salvar la vida de David. Además detuvo la plaga para que se salvara la mayor parte del pueblo de Jerusalén.
Dios nos hace trabajar juntos, en forma interdependiente. Ya sea que pensemos que eso es justo o no. Queramos o no, nuestras acciones siempre afectan a otras personas. No podemos conocer por completo la mente de Dios en este juicio severo. No sabíamos dónde estaban los profetas, los líderes de las tribus y los otros consejeros durante este incidente y ya sea que lo hubieran decidido o no permanecieron junto al rey. Nosotros sí sabemos que depositar nuestra confianza únicamente en el poder militar es idolatría. Cualquier cosa que tome el lugar de Dios es pecado, y el pecado origina consecuencias desastrosas.

21.22-24 Cuando David quiso comprar la tierra de Ornán para construir un altar, Ornán la ofreció generosamente como regalo. Pero David lo rechazó, diciendo: «No tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste». David quería ofrecer un sacrificio a Dios. La palabra sacrificio implica dar aquello que le haya costado al dador algo de sí mismo, tiempo o dinero. ¿Le está costando algo el servir a Dios, o lo sirve cómodamente debido al exceso de lo que tiene? El dar a Dios lo que nada cuesta, no demuestra su compromiso.
21.29–22.1 Gabaón fue una ciudad de Benjamín. Luego que Saúl venció a Nob, quien era benjaminita, Saúl trasladó el tabernáculo a Gabaón. Gabaón se encontraba al noroeste de Jerusalén, aproximadamente a dos horas de viaje.

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