El todo del hombre

 Aquí culmina el relato. Mi conclusión final es la siguiente: teme a Dios y obedece sus mandatos, porque ese es el deber que tenemos todos. Ec.12:13

El temor a Dios debe ser nuestro estilo de vida, cada pensamiento, cada palabra, cada acción debe estar regida por él. Ahora bien, debemos entender correctamente lo que significa. Cuando hablamos de temor a Dios, no estamos hablando de tenerle miedo a Dios, de pensar que si hacemos algo mal nos va a mandar un rayo del cielo para dañarnos. ¡¡ NO!! ¡El es nuestro Padre y nos ama! Por ese motivo nos podemos acercar confiadamente ante EL, pero lo que no debe faltar es el respeto. Piensa, ante tal amor derramado hacia ti cada día, ¿Podrías traicionarlo haciendo deliberadamente lo que le disgusta a Dios? Si tu lo ves así, seguramente dirás que no. Pero ¿cuántas veces el Señor te reveló algo que debías hacer y no hiciste? No te sientas culpable, si ya le pediste perdón El ya se olvido de eso.

El temor de Dios es un respeto profundo hacia El y hacia sus instrucciones, y actúa como un limitador interno para tu vida. Al darle el primer lugar a Dios, estarás caminando en el temor a Él.  Antes de hablar mal de ti mismo o de tu hermano, lo pensarás y no lo harás porque eso no agrada a Tu Padre. Busca honrarlo y aléjate de las cosas que producen daño. Toma la determinación de cambiar, determínate interiormente a agradar a Dios para no fallarle de nuevo.

No mires lo que hace el mundo, ni siquiera lo que hacen tus hermanos. Camina tú en el temor a Dios.

No des licencias para caer en adulterio diciendo que es solo  “ una canita al aire “ , o para quedarse con un vuelto que no te corresponde; tú puedes decir: “ Ah , pero todos lo hacen” . Si quieres vivir en el agrado del Padre, piensa antes de actuar si lo que estas por hacer agrada a Dios.

El temor a Dios será tu limitador  y el que te conducirá sin desviaciones al camino de mayores bendiciones.

ORACION:

Padre gracias por tu inmenso amor. Revélate cada día más a mi vida para que pueda crecer en temor a Ti y hacer tu voluntad. Te pongo a Ti en primer lugar y no mis propios deseos. Gracias porque tu Espíritu Santo me ayuda a hacerlo. En el nombre de Jesús. Amén.

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