Estudio sobre paternidad espiritual

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1 – ¿QUÉ ES LA PATERNIDAD ESPIRITUAL?

Escrito por el Pastor Jorge Himitian

La paternidad espiritual es un tema muy querido por el corazón de Dios, pues Dios es padre.

Quisiera definir de un modo muy simple lo que es la paternidad espiritual:

Dios quiere ser Padre a través tuyo y a través mío.

Dios quiere ser padre de todos.

Además de relacionarse con todos sus hijos mediante el Espíritu Santo, él quiere hacerlo también a través de nuestro.

El quiere ejercer su función paternal sobre sus hijos menores, mediante sus hijos más crecidos.

Es como los padres de una familia numerosa que antes de irse de viaje encargan a los hijos mayores ejercer la función de padres.

Y, para que todos queden bien atendidos, encargan a cada uno de los hijos mayores la responsabilidad específica de cuidar  alguno de los menores.

Recordemos que Jesús dijo:

“Yo soy el buen pastor, el buen pastor su vida da por las ovejas” -Juan 10.11

Sin embargo, antes de irse al cielo, le dijo a Pedro:

“¿Me amas?… apacienta mis corderos… pastorea mis oveja- Juan 21.15-17

Hay corderos y ovejas que necesitan ser pastoreadas.

El buen pastor es Cristo. Pedro, desilusionado de sí mismo por su fracaso, había vuelto a la pesca, a su antiguo oficio.

Jesús lo llamó de nuevo y le encomendó la tarea de cuidar a los corderos y ovejas del Señor.

El que en realidad quería apacentar a esos corderos y ovejas era Cristo, porque él es el pastor.

Pero su propuesta era hacerlo a través de Pedro.

Lo que el Señor nos pide es que le entreguemos nuestro cuerpo.

Él no necesita nuestra sabiduría, no quiere nuestros pensamientos o nuestras ideas.

No le interesa nuestro sacrificio, pues su palabra dice:

“Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo (Hebreos.10.5).

Significa que no es cuestión de activismo, que cada uno se “mate” para hacer la obra de Dios. No.

Él quiere que le entreguemos nuestro cuerpo, y él pondrá en nosotros la palabra, las ideas, la oración, la enseñanza.

Él pastoreará a sus ovejas a través nuestro. Esta es, a mi criterio, la definición del concepto de paternidad espiritual.

En el concepto de paternidad están incluidas también las madres.  Las reuniones de padres en los colegios abarcan tanto a los padres como a las madres.

Cuando hablamos de paternidad espiritual, estamos hablando de paternidad y maternidad.

Pablo mismo usa esa expresión en

1 Tesalonisenses . 2.7 y  11

” Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos “

y en  el versículo 11 dice:

“así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros,”

El se compara con una madre en el versículo 7 y con un padre en el versículo 11.

Hay dos clases de paternidad: la natural y la espiritual.

La paternidad natural es el orden que Dios estableció para la reproducción de los seres vivos.

¿Cómo se forma un pueblo? ¿Cómo se forma la sociedad, la humanidad?

Dios les dio vida a Adán y a Eva y la capacidad de reproducirse. “Fructificad y multiplicaos…” fue el mandato divino.

El ciclo de todo ser vivo es nacer, crecer, multiplicarse y morir.

La paternidad espiritual es similar.

En el orden espiritual también nacemos (el día que nos entregamos al Señor y nos bautizamos),

crecemos y nunca morimos… ¡pues tenemos vida eterna! Pero, según el plan de Dios, falta algo.

¿Qué es? Fructificar, multiplicarnos, tener hijos espirituales.

Y estos son frutos que permanecen para vida eterna. Es así como se forma el pueblo de Dios.

Si cada uno de nosotros tenemos hijos espirituales, y si cada hijo espiritual a su vez crece y se reproduce, la proyección es muy grande.

Se va formando el gran pueblo de Dios.

¿Cuánto tiempo hace falta para que una persona que ha nacido llegue a ser padre?

Físicamente, por lo menos unos 20 años.

¿Y cuánto tiempo se necesita, según parámetros bíblicos, desde la conversión hasta llegar a ser un padre espiritual?

Sólo en tres años, los apóstoles pasaron de simples pescadores y pecadores, a ser los padres espirituales de la iglesia.

Cuando Pablo llegó a Efeso encontró a doce semidiscípulos.

Después de tres años, al irse de allí, dejó una gran comunidad de discípulos con varios pastores.

Así que en tres años algunos de esos convertidos llegaron a ser los pastores de la iglesia.

Es decir, que a su vez se convirtieron en padres espirituales.

El tiempo necesario para desarrollarse y llegar a ser un padre espiritual no es tan largo como el tiempo que se requiere en el orden físico.

El desarrollo espiritual de un discípulo no depende meramente que transcurra el tiempo cronológico.

A algunos les pasan los años sin que crezcan espiritualmente.

Tras años de cristianismo, siguen siendo niños.

Tal como lo describe Hebreos 5.12-14:

“Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo…”

En menos tiempo, otros crecen mucho más, porque tienen una sed tremenda de Dios.

Tienen un padre espiritual cerca, asimilan bien la enseñanza, creen, obedecen y crecen.

Algunos, en un año ya están firmes y fuertes. Tienen discípulos, es decir, hijos espirituales.

2 – LOS TRES NIVELES DEL DESARROLLO ESPIRITUAL

1 Juan 2.12-14 :

Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.

 Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.

Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno

El apóstol Juan llama de tres maneras a los destinatarios de su carta: hijitos,padres y jóvenes.

¿Quiénes son los hijitos?

Cuando no comprendíamos el principio de la paternidad espiritual pensábamos que se estaba refiriendo a niños de la escuela dominical.

Y al decir “jóvenes”, a la juventud de la iglesia. Y “padres”, a los adultos.

Entonces, ¿a quiénes se refiere cuando dice “hijitos”?

A aquellos que son bebés espiritualmente hablando.

Un hijo pequeño, uno que recién nació, un discípulo nuevo.

Uno que sabe que sus pecados han sido perdonados por su nombre y saben que ahora Dios es su Padre.

El hijito crece y llega a ser joven. Todo hijito necesita un padre espiritual.

¿Qué es un joven?

“Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno” dice en la mitad del v. 13, y en v.14 en la segunda parte dice:

“Os escribo a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno”.

Joven es aquel que creció, que ahora es fuerte, que tiene la palabra morando en él.

El ha sido adoctrinado, discipulado, enseñado.

El hijito está aprendiendo. Toma la leche espiritual.

Pero el joven ya tiene una vida de victoria, tiene estabilidad, tiene fuerza, y tiene la palabra morando en él y vence al maligno.

¿Cuál es la diferencia entre un joven y un padre?

La diferencia es que el padre tiene hijos.

En el orden físico, un niño no puede ser padre. En el orden espiritual, tampoco.

El hijito no puede engendrar, pero un joven ya está en condiciones de hacerlo.

Ya tiene la palabra morando en él y esa palabra es la simiente.

Por eso ya puede engendrar: porque tiene la palabra en él.

El plan de Dios es este:

– Que todos los hombres nazcan de nuevo para ser nuevas criaturas en Cristo

– Que cada nueva criatura crezca y llegue a ser joven

– Que cada joven llegue a ser padre de hijos espirituales.

3 – EL EJERCICIO DE LA PATERNIDAD EN PABLO

Filemón v.8-14
 “Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene,

más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo y anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo;

te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cuál en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil,

el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo.

Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; pero

nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario”.

Hace algunos domingos, Juan Manuel Montané habló sobre la paternidad espiritual y tomó este hermoso ejemplo de la relación paternal de Pablo con Onésimo.

Onésimo era esclavo de Filemón. Parece ser que le robó y se escapó de la casa.

Posiblemente haya sido sorprendido en otras fechorías y por eso lo metieron en la cárcel.

Y vaya que casualidad, cayó en la misma celda donde estaba Pablo.

El Apóstol hizo lo de siempre: predicar el evangelio a toda criatura.

El decía :“Sufro…prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa” 2da. Timoteo .2.9

Así fue como este compañero de prisión fue evangelizado.

Onésimo, un hombre inútil se encuentra con la palabra del Señor a través de Pablo y se convierte en discípulo de Cristo.

Por eso Pablo dice: “mi hijo Onésimo, a quién engendré en mis prisiones”. No solo lo engendró.

Evidentemente lo discipuló, lo crió, le enseño, lo corrigió, lo instruyó, lo educó espiritualmente como a un hijo y entonces lo envía.

Una vez cumplida la condena, Onésimo fue enviado por su padre espiritual a la casa de su antiguo amo, Filemón, a reconciliarse.

A confesar sus faltas, a pedir perdón… No hay detalles que nos expliquen cómo Pablo engendró a Onésimo.

Imaginamos que habrá sido durante días de oración y clamor pidiendo a Dios que hiciera la obra.

Y Dios lo hizo. Onésimo fue engendrado allí en la prisión por la palabra de Dios a través de Pablo.

Este es un claro ejemplo de lo que es la paternidad espiritual.

Hay otras referencias. En Filipenses 2:22-24  (Pablo habla de Timoteo) “Pero ya conocéis los mérito de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio”

Esto, a la vez, nos enseña otro principio, que los hijos en la medida que crecen, trabajan junto con su padre espiritual en la obra del Señor.

Pablo, al escribirle a Timoteo, dice“Verdadero hijo en la fe” (1 Tim.1.2 ).

“A Timoteo, amado hijo” (2 Tim.1.2) .

“Tú pues hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” ( 2 Tim. 2.1).

Lo mismo, a Tito: “A Tito, verdadero hijo en la común fe” ( Tito 1.4).

4 – UNA APARENTE CONTRADICCIÓN BÍBLICA

Todo lo que hemos dicho hasta aquí parecería presentar una aparente contradicción con lo que dice

 Juan 1.12-13 

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

¿Onésimo es hijo de Pablo o de Dios? ¿Quién lo engendró? ¿Pablo o Dios?

En realidad la contradicción es sólo aparente,

pues lo engendró Pablo por medio de Dios que estaba en él.

O podemos decir que lo engendró Dios a través de Pablo.

Entonces es lo que afirmábamos antes: Dios quiere engendrar a través nuestro.

Quiere ser padre y criar o discipular a algunos de sus hijos por intermedio nuestro.

Otro texto que presenta una aparente contradicción en esta misma línea es lo que dijo Jesús en

Mateo 23.8-12

“Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí (qué es Rabí, Maestro); porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, 

y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra

porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados Maestro, porque uno es vuestro 

Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.

 Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

Como conciliamos estas palabras de Jesús con pasajes como el de

1 Corintios 12.28

 “Y Dios mismo puso en la iglesia, a unos apóstoles, a otros profetas, y a otros maestros..

O el de Efesios 4.11 que dice: 

 Y él mismo constituyó a algunos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros”.
 La contradicción es sólo aparente, pues Jesús no dice “no seáis padres”,

sino “no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra”. 

No dice que no seamos maestros, sino que no queramos que nos llamen maestro, o pastor, o discipulador.

Al dirigirse a sus líderes espirituales, los miembros de muchas iglesias  evangélicas le dicen “pastor”, que es lo mismo que decir “maestro”.

Los católicos llaman padre al sacerdote. Todo está mal según las instrucciones del Señor.

Cuando comprendimos estas cosas, tuvimos que corregir esa costumbre de que nos dijeran continuamente:

“Pastor, escúcheme”, “Pastor Jorge…” Tuvimos que instruir a nuestros hermanos y decirles: “Me llamo Jorge y no pastor”.

El ser pastor o maestro es una función que hay que ejercer, no es un título.

Cuando uno dice: “fulano es mi padre espiritual”, no está mal dicho, pues está describiendo esa función.

Cuando decimos mi padre espiritual es fulano, está bien. Pero cuando nos dirigimos a aquel que es nuestro padre espiritual no le debemos decir “papá”.

Eso crea el culto a la personalidad y empieza producir distorsiones en nuestra relación como hermanos.

Entonces, la conclusión es que la paternidad espiritual existe y hay que ejercerla sin hacer de ella un título.

Pablo, en 1 Corintios 4.17, escribe:

Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de
la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias”.

Pablo llama claramente a Timoteo “mi hijo”. Pero Timoteo al dirigirse a Pablo nunca le dice “padre”.

Hay una frase clave en 1 Cor.4.15 “Porque aunque tengáis diez mil ayos (niñeros, tutores, maestros) en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús
yo os engendré por medio del evangelio”.

Y está escribiendo a una iglesia. Allí pueden venir Pedro, Apolos, u otros a enseñar.

Uno planta, otro riega, el crecimiento lo da Dios.

Pero, Pablo les dice “yo os engendré por medio del evangelio”.

La frase importante es “en Cristo Jesús”. Es como decirles, “Dios los engendro a través mío.

No fui yo, Pablo.
Fue en unión con Cristo, Cristo en mí, y yo en Él”.

 

5 – ¿QUIÉNES PUEDEN Y DEBEN SER PADRES ESPIRITUALES?

 

Efesios 4.11-12
“Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a

otros pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio,

para la edificación del cuerpo de Cristo”.

Algunos piensan que los padres espirituales deben ser solamente los pastores, los maestros, o alguno de estos ministerios.

Este texto está señalando otra cosa, que los apóstoles, profetas, evangelistas y pastores-maestros están puestos en la iglesia para

perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo.

La palabra “perfeccionar” -en el griego katartismos-, significa capacitar, formar, entrenar, preparar.

Quiere decir que los que tienen que hacer la obra son los santos.

Y la función de los pastores y de los otros ministerios es capacitar, entrenar, formar a los santos para que hagan la obra del ministerio.

Ministerio quiere decir servicio

. Esto significa que todos los santos deben estar involucrados en la tarea o en el servicio de la edificación del cuerpo de Cristo.

¿Cómo se edifica el cuerpo de Cristo? La edificación se realiza de dos maneras:  engendrando hijos espirituales y criándolos o edificándolos en la fe.

Es así como crece el cuerpo de Cristo que es la iglesia.

De modo que nuestra función pastoral consiste en capacitar a los santos y formar a los obreros para que cada santo crezca,

deje de ser niño, llegue a ser joven y se reproduzca.

Es decir, sea padre, engendre hijos espirituales y se ocupe de formarlos y discipularlos en el Señor.   Hemos dicho que la edificación de la iglesia se da de dos maneras:

Por la conversión de los pecadores y la edificación de los convertidos.

Si no tenemos conversiones, no tenemos a quien edificar y discipular. También es un problema si tenemos conversiones y no tenemos padres espirituales que se ocupen de los nuevos.

¿Cómo se convierte la gente? Por más vuelta que le demos al asunto, la evangelización personal es el elemento decisivo.

Podemos hacer campañas, programas radiales o televisivos.

Pero nada puede suplantar la necesidad del contacto y la responsabilidad personal.

Finalmente alguien tiene que acercarse y relacionarse en forma personal, aún en las campañas.

El éxito de una campaña depende de que cada uno lleve a aquel a quien está evangelizando.

Este es un asunto fundamental, pues aún cuando la gente llegara masivamente a reuniones

donde sucedan milagros y maravillas luego alguien, de un modo personal, debe ocuparse de cada uno.

Nuevamente la paternidad espiritual se vuelve algo vital e indispensable.

6 – EL VALOR DE LOS TRES CÍRCULOS DE COMUNIÓN.

 

– La reunión congregacional
– El grupo chico
– El discipulado personal

El valor de la reunión congregacional. Cuando todos los hermanos que conformamos la congregación nos reunimos,

ya sea los domingos o varios veces en la semana, lo hacemos para dar culto a Dios.

Allí esta la presencia de Dios. Hay alabanzas, oraciones, profecías,

revelaciones, testimonios, doctrina, palabra de Dios y comunión.

La reunión congregacional es muy importante, pero sólo con eso la iglesia no es edificada debidamente.

El valor de pertenecer a un grupo chico.

Hemos aprendido de la iglesia del Nuevo Testamento la importancia del grupo chico.

Ya sea que la llamemos grupo de hogar, grupo familiar, célula, o de alguna otra forma.

Al principio la llamábamos células, pero cuando llegó el tiempo de la guerrilla y del proceso militar,

como los guerrilleros hablaban de células, decidimos borrar esa terminología de entre nosotros ya que en ese momento era muy peligroso.

Y empezamos a hablar de grupo familiar, grupo de hogar o grupo de discipulado.

El término no interesa. Pero qué importante es que toda la congregación esté integrada en pequeños grupos.

Eso permite conocerse el uno al otro, llorar con el que llora, reír con el que ríe, saber de las necesidades específicas de cada uno para orar.

Permite una mayor participación de cada uno.

Hay cosas que se logran en un grupo chico que no se pueden lograr en una reunión congregacional.

También allí se puede enseñar de un modo más dinámico y participativo.

Hay espacio para preguntas, comentarios, hay otra interacción.

Fue muy importante descubrir en la Biblia y en la práctica el valor del grupo chico.

Nosotros no inventamos nada. Fue Dios quien nos abrió los ojos y nos mostró ese principio.

El valor y la importancia del discipulado personal.

Cuando no hay discipulado personal no se llega a fondo con los discípulos.

Todos tenemos la necesidad de abrir nuestro corazón, de ser escuchados.

El discipulado permite esa ayuda más personal.

Permite tener un conocimiento más profundo de la persona, el poder escucharla y comprenderla, a fin de ministrar sobre su necesidad específica.

Allí se da la enseñanza y la formación, el andar en luz. Es en esa relación que se ejerce la paternidad espiritual.

Si todos hacemos un poco todos estarán bien cubiertos.

Hace muy poco estuve en Porto Alegre. Hacía doce años que no estaba allí para ministrar a la iglesia.

Ellos, habiendo comenzado hace muchos años al igual que nosotros,

también tuvieron un período de debilitamiento en cuanto al discipulado, pero en los últimos tres o cuatro años retomaron todo con nuevo vigor y fe.

La comunidad en Porto Alegre tiene hoy unos 1600 discípulos.

El sábado que estuve allí, tuve que predicar en una reunión con 400 discipuladores.

O sea, con 400 hermanos y hermanas que están ejerciendo una paternidad espiritual sobre por lo menos un discípulo para
guiarlo y ayudarlo en su crecimiento.

7 – ¿QUEREMOS SER PADRES ESPIRITUALES?

 

Esta es la gran pregunta que debemos responder cada uno. Los que somos padres sabemos que la vida es mucho más fácil y más cómoda sin hijos.

En el año 1979 estuvimos en una congregación bien renovada en la ciudad de Rochester, EEUU.

Me llamó la atención observar que siendo una congregación con muchos matrimonios jóvenes no había niños.

Pensé que quizás los tendrían en una sala especial para ellos.

Los que estábamos de visita éramos seis: Orville Swindoll, Eduardo Dúo, Guido Micozzi, Lito Ducasa, Gerardo Vetta y yo.

Swindoll me pidió que predicara. El hizo la presentación de cada uno de nosotros y se le ocurrió decir:

“Eduardo Dúo es ingeniero, pastor y padre de cuatro hijos”.

La congregación al oír que era padre de cuatro hijos, se sonrió. Orville siguió presentando a Guido Micozzi:

“…padre de cuatro hijos”. Risas. “Lito Ducasa, …padre de cuatro hijas” (Hoy tiene seis). Más risas.

“Gerardo Veta…seis hijos”. Las risas aumentaron. “Yo soy Orville Swindoll, y soy padre de cuatro hijos”.

Ya era una risotada. “Y hoy nos va a predicar Jorge Himitian, padre de cuatro hijos preescolares”(entonces tenía cuatro).

Ya las risas eran descontroladas. En realidad, yo no entendía por qué se reían tanto.

Les confieso una intimidad pastoral. Como pastores, uno de nuestros conflictos es saber en cada ocasión qué debemos predicar.

A mí esto a veces me angustia bastante. ¿Señor, qué es lo que querés que hable? ¿Qué querés decir hoy a esta congregación?

Aquella, era la única noche que estaríamos allí, y yo era el responsable de dar el mensaje.

Había sentido antes que debía predicar sobre el propósito de Dios para la familia.

Esto me parecía un tanto extraño, pero obedecí al impulso interior que había sentido.

Les hablé por más de una hora de que los discípulos de Cristo nos casamos para tener hijos y criarlos para Dios,

y cooperar así con su propósito eterno en tener una familia de muchos hijos semejantes a Jesús.

Cuando terminé de predicar no había risas sino quebrantamiento.

Muchos se acercaron para confesar que no querían tener hijos porque la vida con hijos es más complicada.

La mayoría no tenía hijos. Un matrimonio se acercó a decirme: “tenemos un solo hijo, y por accidente, y habíamos decidido no tener más”.

Se estaba produciendo una comunidad sin hijos, ya sea por comodidad, por temor al futuro de un mundo incierto, o por lo que fuera.

Al final del mensaje me quedó bien confirmado que eso era lo que el Señor quería decirles a esa congregación.

Por eso, al hablar de paternidad espiritual, me parece muy pertinente hacer la pregunta:

¿queremos realmente ser padres espirituales? Los que somos padres sabemos que es complicado tener hijos.

Es cansador y difícil. Si querés una vida cómoda, no tengas hijos.

Aquella noche en Rochester esa gente se quebrantó.

Cuatro años después el pastor de esa iglesia nos visitó en Buenos Aires y me dijo,

en tono de broma: “Usted no sabe lo que hizo. Ahora la congregación está llena de bebés.

Esos matrimonios se arrepintieron en serio.

Ahora usted tiene que volver para hablarnos sobre la crianza de los hijos”.

La necesidad de la paternidad espiritual es algo aún más serio. En este caso, no se trata de tener hijos porque es lindo tenerlos.

La personas ya existen y están perdidas. Son como ovejas sin pastor y Dios quiere salvarlas y ser padre de ellos a través nuestro.

Dios no quiere que nadie se pierda. Él hizo lo máximo para que todos sean salvos.

Dios quiere dar a cada persona la oportunidad de la salvación.

8 – ¿CÓMO SE ESTABLECE LA RELACIÓN PATERNAL?

 

Hay dos clases de hijos. Esto no es para hacer una diferencia sino para explicar como se dan los diferentes procesos.

Unos son los hijos espirituales que nosotros mismos engendramos en Cristo.

Son los hijos para los que Dios nos usa para su conversión. Les predicamos, oramos por ellos y finalmente se convierten.

Como sucedió con Pablo y Onésimo.

Otros son los hijos “adoptivos”. Son aquellos que se han convertido y andan sueltos.

Nadie se ocupa en discipularlos y de algún modo, al relacionamos con ellos comenzamos a ayudarles en su crecimiento espiritual.

Y así se va estableciendo una relación firme y permanente.

También están aquellos que han tenido una experiencia o un acercamiento a Dios, pero que tienen una “conversión incompleta”.

Dios nos usa para guiarlos a una verdadera conversión.

Como le pasó a Pablo cuando llegó a Efeso. Allí el apóstol encontró a doce semi-discípulos,

y los guió a una experiencia completa de conversión (Hechos 19.1-7).

Hoy hay muchos en una condición similar a quienes también debemos ministrar.

Volviendo a la pregunta que nos hemos formulado: ¿cómo se establece la paternidad? Es muy sencillo.

Si a un perrito le damos de comer todos los días, y lo tratamos con cariño, se aquerencia y se apega a nosotros.

Pido perdón por el ejemplo del perrito, pero lo que estoy queriendo decir simplemente es que si un perro reconoce a

quien lo atiende y lo trata con cariño, mucho más las personas, que en general tienen gran carencia afectiva y necesidad de contención.

Es bueno que les comuniques a tus pastores o líderes tu disposición a discipular.

Y, según su orientación y consejo, acércate con amor a la persona que ellos te indiquen.

Comenzá a tener comunión con ella, visítala, invítala a tu casa, encontrate a conversar, a orar, a compartir con él o ella la palabra.

La paternidad se va generando poco a poco en la medida que nos vamos brindando. No se da de un día para otro.

Esa comunión va generando confianza. En esa comunión se irán dando oportunidades para escucharle,

aconsejarle, ministrarle, enseñarle y gradualmente se irá estableciendo una relación de discipulado o paternidad espiritual.

Es más o menos así el proceso como se establece la relación.

Si la persona a la cual estás guiando se convirtió a través tuyo, lógicamente esto se da de un modo más natural.

Hay casos en los cuales es más conveniente que otro hermano discipule a una persona para la conversión de quien Dios puede haberte usado a vos.

Por ejemplo, Dios puede usar a un joven para que se convierta un matrimonio con hijos.

En ese caso es preferible que otra pareja con experiencia de familia en el Señor se ocupe de ellos.

No es aconsejable que un hombre tenga un discipulado personal con una mujer y viceversa.

La paternidad o el discipulado no consiste meramente en dar una clase bíblica semanal.

Es indispensable enseñar la Biblia, pero eso sólo no es hacer discipulado.

No basta simplemente encontrarse con el discípulo, por ejemplo los martes de 17 a 18.

Eso es mejor que nada, pero la paternidad es un poco más que eso. En especial la gente que viene del mundo -y más que nada al principio-,

necesita más atención. La paternidad espiritual significa asumir una responsabilidad tal como el padre con sus hijos.

A un bebé recién nacido la mamá tiene que amamantarlo cada tres horas.

Tiene que estar cuidándolo permanentemente. No digo que tengas que estar cada tres horas con tu discípulo, pero tampoco funciona con una vez por semana.

Tiene que haber un contacto fluido varias veces por semana.

Llamarlo por teléfono, que venga a tu casa, que vayas a la suya, encuentros, estar con él en las reuniones… etcétera.

La idea es velar, saber como está. El contacto frecuente es fundamental.

En la medida en que un bebé crece ya no necesita una atención tan dedicada como el recién nacido.

Por eso, uno no puede abarcar a muchos, pero si todos atendemos a algunos, entre todos abarcaremos a muchos. Por ejemplo, en Porto Alegre 400 están

discipulando a 1200. En total son 1600. Es un buen promedio. Dos, tres o cuatro cada uno.

Es muy importante orar por los hijos espirituales. Jesús oró por los doce, en

Juan 17: 9-26 

“Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque
tuyos son…guárdalos en tu nombre, para que sean uno… santifícalos en tu verdad

Luc.22.31-32

A Pedro le dijo: “Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he
 rogado por ti para que tu fe no falte…” 

2 Tim.1.3

 Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día;

 

9 – LA CALIDAD DEL TRATO PATERNAL

 

Al hablar de la paternidad espiritual debemos preguntarnos cómo debe ser nuestro trato con nuestros hijos espirituales.

Yo quiero responder esta pregunta con un pasaje del apóstol Pablo que me parece hermoso, extraordinario y sumamente muy aleccionador.

1 Tesalonicenses 2.7-13
“Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. 

Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, 

sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.

Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; como trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros,

 os predicamos el evangelio de Dios.Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos

 comportamos con vosotros los creyentes; así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos

 exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.

 Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros,

la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cuál actúa en vosotros los creyentes”.

En castellano la palabra nodriza? se usa para referirse a la mujer que amamanta hijos ajenos.

Pero en el griego la palabra es “trofos” y se puede traducir tanto nodriza como madre.

Al decir que cuida con ternura a sus propios hijos, es claro que se refiere a la propia madre.

Por eso las nuevas versiones traducen ‘madre’.Entonces sería:

“Antes fuimos tiernos entre vosotros como la madre que cuida con ternura a sus propios hijos”.

¡Qué hermosa forma de describir como debemos tratar aun hijo espiritual! Aquí Pablo usa la palabra madre en vez de padre,

porque describe mejor la ternura con que hay que tratar a los discípulos nuevos.

Esto no tiene nada que ver con la dureza con que a veces hemos tratado e incluso maltratado a los discípulos.

Puede que haya algún momento cuando un discípulo más crecido necesite alguna reprensión, pero ese no es el estilo que debe reinar en el trato habitual.

Observemos con cuidado este testimonio de Pablo: “Tan grande es nuestro afecto por vosotros,

que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas;

porque habéis llegado a sernos muy queridos”. ¡Qué hermoso trato! ¡Cuánto afecto! Que lindo ejemplo de discipulado vemos en Pablo.

Lamentablemente, al principio entre nosotros en el discipulado se remarcó más la autoridad que el afecto.

Si bien debe haber autoridad, es esencial que prevalezca el afecto. La gente responde mucho mejor al afecto, a la ternura, a la amabilidad.

En ese clima la autoridad funciona mejor .¡Cuánta riqueza hay en este pasaje sobre la calidad en la función paternal!

Aquí hay mucho para mediar, profundizar, aprender, corregir y superar errores del pasado. Resumo algunas para concluir:

1) Tratar a nuestros hijos espirituales con afecto, ternura y cariño; quienes en definitiva son hermanos nuestros e hijos de Dios (v.7-8).

2) Ser ejemplo de todo lo que queremos enseñarles (v.9-10) Pablo puede decirles “ustedes son testigos y Dios también”.

Yo puedo y debo instruirles con palabras, pero la enseñanza que permanecerá es lo que les enseñe con el ejemplo.

3) Exhortar y consolar. “Cómo el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada unos de vosotros”. En la Biblia, exhortar quiere decir alentar,
animar, y no reprender como se cree popularmente (v.11).

4) Transmitir a los discípulos la Palabra de Dios. Encargarles a andar como es digno del Señor.

Esto significa transmitirles la totalidad del kerigma y de la didaké. Darles, no palabras nuestras, sino la Palabra de Dios (v.12-13).

Considero que este es uno de los pasajes más reveladores del Nuevo Testamento sobre la calidad del trato de un padre con sus hijos espirituales.

En él, el testimonio de Pablo pone de manifiesto la gracia, la calidez y

la responsabilidad con que él ejercía su paternidad espiritual con aquellos nuevos discípulos en Tesalónica.

Dios nos ayude a seguir este hermoso ejemplo y nos llene de esa misma gracia. Amén.

ESTE ESTUDIO FUE SACADO DE COMUNIDAD CRISTIANA EN ARGENTINA (Pastor Jorge Himitian)

10 Comentarios

  1. Ana

    Excelente estudio, ha quitado de mi muchas dudas. Bendiciones.

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  2. Noelia

    Comentario… Magnifico…muy enriquecedor y de gran bendicion

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  3. Rocio

    Me gusto el estudio esta muy claro, pero no me parece una frase donde dice que esta mal decirle pastor al pastor; pues es claro que es un hijo de DIOS como los demás pero Nuestro DIOS lo coloco como pastor en la iglesia y esta mal llamarlo por el nombre es lo mismo que llamar a mi papa natural “oiga Armando” eso no es honrar nuestro papa y al pastor hay que honrarlo también, lo malo esta en que al pastor se le suba en titulo a la cabeza y se crea mas que los demás.
    el apostol pablo se llamaba a el mismo apostol y eso no quiere decir que se sentia mas, todo tiene que ver con la persona que no vaya a caer en el orgullo o querer imponer que lo llamen asi. pero la verdad a los pastores hay que llamarlos pastores y a los apostoles, profetas y demas hay que llamarlos por apostoles y profetas pues DIOS los constituyo asi. y llamarlos asi es honrarlos.

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    1. ♔Sαrα (Publicaciones Autor)

      Muy bendecida Rocio !! Nos agrada que te haya gustado nuestro estudio . Lo que se quizo marcar no es que no haya que nombrarlos pastor al pastor sino que no debemos nosotros como pastores imponer que se nos llame por alguna manera.Cada quien tiene el titulo que Dios nos encomendo para realizar su obra pero ante todo somos tan hijos de Dios como el resto,ni superior ni inferior a nadie. Imponer que se nos diga por nuestro titulo mas bien denota falta de entendimiento de el amor de Dios.
      Muy bueno tu comentario, Dios te bendiga.

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  4. angie torres

    se le puede o no llamar papa al pastor, quisiera saber la respuesta a mi pregunta, gracias

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    1. ♔Sαrα (Publicaciones Autor)

      Bendecida Angie . Mira no es que debemos decir padre al pastor. Aquí lo que deseamos enseñar es la responsabilidad, como un buen padre o madre , en hacer crecer en la fe a quienes le entregamos la buena nueva del evangelio. A eso se refiere el estudio. Cuando Pablo dice que es padre, significa que toma en serio su pastorado. En ocuparse que el recién nacido en Cristo comience a desarrollar todo el propósito por el cual fue creado . Hasta que esa persona se multiplique en otra . Cada uno cuando le entregamos el evangelio a alguien que no conoce a Jesus como salvador. Tenemos la responsabilidad (paternidad) de cuidarla, para que ella pueda conocer dia a dia a Jesus y crezca en la comunion con el Señor. A eso se refiere el estudio. No en cambiar los nombres de pastor a padre. Espero poderte ayudado. Dios te bendiga

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  5. Pablo Villagómez

    Muy buen artículo. Naturalmente, hay detalles que un servidor enfoca de forma un poco distinta, pero en general me parece muy equilibrado con base en la Escritura. Hay hermanos en Cristo que consideran una falta de respeto que uno sea llamado por su nombre y no como pastor. Pero coincido en que es más importante cumplir las funciones de nuestro llamado que ostentar un título que nos queda grande!

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  6. Celso Cruz

    No entendi Se le puede llamar Padre Espiritual a un Pastor

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    1. ♔Silvina (Publicaciones Autor)

      Bendecido hno Celso Cruz.
      Disculpenos, el texto tuvo un problema tecnico y la verdad no se entendio bien.
      Ahora puede leerlo correctamente. Igual le trasncribo la respuesta a su pregunta que esta enseñada por el hno Jorge Himitian. Quien nos trajo esta enseñanza.
      – UNA APARENTE CONTRADICCIÓN BÍBLICA
      Todo lo que hemos dicho hasta aquí parecería presentar una aparente contradicción con lo que dice

      Juan 1.12-13

      “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

      los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

      ¿Onésimo es hijo de Pablo o de Dios? ¿Quién lo engendró? ¿Pablo o Dios?

      En realidad la contradicción es sólo aparente,

      pues lo engendró Pablo por medio de Dios que estaba en él.

      O podemos decir que lo engendró Dios a través de Pablo.

      Entonces es lo que afirmábamos antes: Dios quiere engendrar a través nuestro.

      Quiere ser padre y criar o discipular a algunos de sus hijos por intermedio nuestro.

      Otro texto que presenta una aparente contradicción en esta misma línea es lo que dijo Jesús en

      Mateo 23.8-12

      “Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí (qué es Rabí, Maestro); porque uno es vuestro Maestro, el Cristo,

      y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra

      porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados Maestro, porque uno es vuestro

      Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.

      Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

      Como conciliamos estas palabras de Jesús con pasajes como el de

      1 Corintios 12.28

      “Y Dios mismo puso en la iglesia, a unos apóstoles, a otros profetas, y a otros maestros..

      O el de Efesios 4.11 que dice:

      Y él mismo constituyó a algunos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros”.
      La contradicción es sólo aparente, pues Jesús no dice “no seáis padres”,

      sino “no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra”.

      No dice que no seamos maestros, sino que no queramos que nos llamen maestro, o pastor, o discipulador.

      Al dirigirse a sus líderes espirituales, los miembros de muchas iglesias evangélicas le dicen “pastor”, que es lo mismo que decir “maestro”.

      Los católicos llaman padre al sacerdote. Todo está mal según las instrucciones del Señor.

      Cuando comprendimos estas cosas, tuvimos que corregir esa costumbre de que nos dijeran continuamente:

      “Pastor, escúcheme”, “Pastor Jorge…” Tuvimos que instruir a nuestros hermanos y decirles: “Me llamo Jorge y no pastor”.

      El ser pastor o maestro es una función que hay que ejercer, no es un título.

      Cuando uno dice: “fulano es mi padre espiritual”, no está mal dicho, pues está describiendo esa función.

      Cuando decimos mi padre espiritual es fulano, está bien. Pero cuando nos dirigimos a aquel que es nuestro padre espiritual no le debemos decir “papá”.

      Eso crea el culto a la personalidad y empieza producir distorsiones en nuestra relación como hermanos.

      Entonces, la conclusión es que la paternidad espiritual existe y hay que ejercerla sin hacer de ella un título.

      Pablo, en 1 Corintios 4.17, escribe:

      Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de
      la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias”.

      Pablo llama claramente a Timoteo “mi hijo”. Pero Timoteo al dirigirse a Pablo nunca le dice “padre”.

      Hay una frase clave en 1 Cor.4.15 “Porque aunque tengáis diez mil ayos (niñeros, tutores, maestros) en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús
      yo os engendré por medio del evangelio”.

      Y está escribiendo a una iglesia. Allí pueden venir Pedro, Apolos, u otros a enseñar.

      Uno planta, otro riega, el crecimiento lo da Dios.

      Pero, Pablo les dice “yo os engendré por medio del evangelio”.

      La frase importante es “en Cristo Jesús”. Es como decirles, “Dios los engendro a través mío.

      No fui yo, Pablo.
      Fue en unión con Cristo, Cristo en mí, y yo en Él”.

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  7. Ada Gómez

    Doy grasias a Dios por su ministerio a sido bencion para mí mi esposo y yo somos pastores ase 2 años y para mí y mi familia no asco fácil pero grasias a a estos estudios emos crecido

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