NO PERMITA QUE LA CRISIS LE ROBE SUS SUEÑOS

“Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres” – Salmo 126:1-3

La atmósfera de la realidad de Argentina manifiesta un tiempo de crisis. Las personas caminan abatidas, angustiadas, sin esperanza y sin fe.

Lo mismo le sucedió al pueblo de Israel cuando fue invadida bajo el liderazgo del rey Nabucodonosor por la nación más poderosa de ese momento: los caldeos. Cientos de israelitas fueron tomados y deportados a la ciudad de Babilonia, y luego destruyeron Jerusalén. Años más tarde, el rey Ciro de Persia invadió Babilonia para someterla y gobernarla, por lo tanto también Israel, el pueblo esclavo, fue sometido.

Imagine si otra nación invadiera nuestro país y destruyera nuestros pueblos, nuestras ciudades, afligiera nuestra gente, mataran nuestras familias, tomaran a los jóvenes y los llevaran como esclavos deportados a otro país.

¡Cuánto dolor! Familias separadas, tierras desoladas. ¡Qué crisis! Aquellas vidas habían sido trasladadas a tierras lejanas, con un idioma desconocido, diferentes costumbres, hijos arrancados de los padres, hogares quebrantados.

De alguna manera este relato es un reflejo de la realidad que hoy vive nuestro país: el dolor, la devastación, el hambre, las familias separadas, hijos que emigran a otras latitudes a buscar nuevos horizontes. Una situación llena de dolor, crisis y sufrimiento.

Sin embargo, debemos comprender que la crisis tiene como propósito robarnos los sueños, así como también lo tuvo con los israelitas.

Frente a las circunstancias, los sueños no tienen esperanzas. Los sueños son importantes porque nos abren camino en la vida. El que no tiene sueños no tiene caminos. Ellos nos desafían.

Cuando perdemos la capacidad de soñar, perdemos el propósito de la vida. No sabemos “para qué” levantarnos, “para qué” vestirnos. Por esa razón, cuando una persona después de muchos años de haber trabajado en el mismo lugar pierde el trabajo, no sabe qué hacer. Cuando no tenemos un “para qué” los caminos se nos cierran sin desafíos. No hay una razón para vivir, para seguir esforzándonos.

La crisis quiere robarle los sueños, y si lo logra, terminará destruyéndolo. Pero si declara: “Señor, no permitiré que me roben los sueños”, el Espíritu Santo vendrá sobre usted y le dirá qué debe hacer. Él guiará sus pasos, porque se comprometió a estar cuando usted lo busque con todo su corazón, todos los días de su vida.

Cuando el pueblo de Israel vivía como esclavo en Egipto, las plagas cayeron sobre los egipcios; pero el territorio donde vivía Israel, llamado Gozen, no fue dañado. Aunque no ignoremos las plagas, las maldiciones que visitan Argentina, declararemos que Dios será propicio sobre nuestra ciudad, y que Él no olvidará a Sus hijos.

Retenga sus sueños en su mente y corazón. Si los siembra en Dios, muy pronto podrá recoger su cosecha.

 Pastor Osvaldo Carnival

http://www.catedraldelafe.org/

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