¡No puedo evitarlo!

Cuando Dios comienza a tratar con nuestro mal comportamiento, es bastante fácil decir, “No puedo evitarlo”, pero se necesita mucho coraje y fe para decir: “Estoy listo para asumir la responsabilidad y enderezar mi vida. “

Mucho de nuestro pensamiento es habitual. Si pensamos regularmente en Dios y en cosas buenas, los pensamientos piadosos se vuelven normales. Miles de pensamientos fluyen diariamente a través de nuestra mente. Podemos sentir que no tenemos el control, pero si lo tenemos. A pesar de que no nos cuesta ningún esfuerzo el tener malos pensamientos, si tenemos que esforzarnos para tener buenos pensamientos. Cuando comenzamos a hacer cambios, tendremos que pelear una batalla.

Nuestra mente es el campo de batalla, y la principal forma que Satanás tiene para iniciar su plan malvado es a través de nuestros pensamientos. Si sentimos que no tenemos poder sobre nuestros pensamientos, Satanás nos atrapará y derrotará. En lugar de esto, podemos decidir pensar en forma piadosa.

Dios nos ha dado el poder de decidir–de escoger los buenos pensamientos en lugar de los malos. Pero una vez que hacemos esta selección, debemos seguir escogiendo buenos pensamientos. No es una decisión de una vez por todas, pero esto lo hace más fácil. Entre más llenemos nuestra vida con la lectura de la Biblia, oración, alabanza y la comunión con otros creyentes, más fácil será continuar eligiendo buenos pensamientos.

Toma tiempo aprender a escoger el bien y alejar el mal. No será fácil, pero estamos avanzando en la dirección correcta cada vez que asumimos la responsabilidad y tomamos las decisiones correctas.

Ora: Poderoso Dios, recuérdame que yo puedo y tengo que tomar decisiones cada día. Ayúdame por favor a cuidar mis pensamientos, escogiendo sólo aquellos que me ayudarán a superar el mal y a ganar la batalla por mi mente. En el nombre de Jesús. Amen.

Leeamos  Deuteronomio 30 :19 los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;

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