Renovando nuestro compromiso con Dios

Durante varios años, he observado a decenas de hombres y mujeres cristianos luchando por ser mejores hijos de Dios. Algunos han florecido espiritualmente; otros tropezaron y cayeron, otros han crecido en su vida espiritual, otros se profundizaron en las Escrituras, otros han llegado a ser superficiales y otros simplemente envejecieron.

¿Dónde esta el problema para que no a todos les haya ido bien en la vida espiritual? Al margen de otras causas creo que el asunto fundamental es un compromiso específico con Dios, sea que haya hecho o no, necesita hacerlo o renovarlo. La educación, los talentos, las habilidades o cualquier otra capacidad que posea no son suficientes ni tampoco hacen la diferencia si no hay un compromiso serio con Dios.

Muchos factores producen esta falta de cristianos comprometidos. Es muy fácil ser cristiano en nuestra sociedad actual; se requiere muy poco en cuanto a compromiso para ser totalmente aceptado en el mundo y en la iglesia. Las demandas son muy pocas si comparamos con el nivel de compromiso requerido en una sociedad donde los cristianos son aborrecidos y perseguidos.

Hoy se percibe en la gente un deseo de ser cristiano, pero de vivir como un no cristiano, no siempre en las áreas inmorales evidentes, pero en el estilo de vida. El lujo de las posesiones, la posición social, el poder y el éxito están tomando cuenta del cristiano. Es alarmante ver todo esto, hemos sido terriblemente debilitados por esta insidiosa conformidad a la manera del mundo.

¿Qué está pasando? ¿Ya no somos una nación santa? (1 Ped. 2: 9) Seguro que lo somos, pero necesitamos renovar nuestro compromiso con Dios. Me agrada mucho la historia de Nehemías, puesto que fue un hombre que llevó a todo un pueblo a hacer un compromiso escrito y firmado. (Neh. 9: 38), este pueblo que por un largo periodo se había apartado de Dios y estaba sufriendo las consecuencias de su pecado, pero luego de escuchar la Palabra de Dios, estaban ansiosos de volver a Dios, derramaron sus almas delante de Dios, verbalmente declararon su arrepentimiento y en un documento escrito plasmaron su compromiso observe el tenor del mismo en (Neh. 10: 29-39) pues afirmaron que:

1. Guardarían la Palabra de Dios.

2. No se mezclarían más con otros pueblos.

3. Respetarían el día de reposo.

4. Cumplirían con todas sus obligaciones tributarias al templo.

5. No descuidarían la casa de Dios.

En otras palabras, lo que ellos dijeron fué: De aquí en adelante, vamos a ser personas diferentes, este documento será nuestra constitución, nuestra declaración de compromiso, nuestros hogares serán diferentes, nuestra filosofía de vida sera distinta a la de los que viven fuera de este muro, tu Palabra será nuestro manual de vida y él anhelo por tu casa arderá en nuestros corazones. Era realmente un compromiso serio que demandaba sacrificios y dedicación para cumplirlo.

Me llama la atención uno de esos compromisos: “no abandonaremos tu casa”. En el tiempo de Nehemías, el lugar de adoración era el templo, Dios vivía allí, por esto era el lugar más importante. Pero, cuando Cristo murió, el velo del templo se rompió en dos, se abrió de arriba abajo ¿Dónde vive Dios ahora? En cada persona que ha recibido a Cristo verdaderamente en su corazón, (1 Cor. 6: 19-20).

¿Tienes descuidada la casa de Dios? ¿Cómo tratas  tu  la casa de Dios? ¿Está limpio el templo de Dios? Como cristiano examina tu vida, tu hogar, tu trabajo y luego pregúntate, ¿Soy realmente distinto? De lo contrario necesitas renovar tu compromiso con Dios. Jonatan Edwards, dijo: “Resuelvo, seguir a Dios con todo mi corazón, resuelvo también, sea que otros lo hagan o no, yo lo haré”.

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