Cree Que Recibes

Marcos 11:23-24: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”.

La versión Amplificada de la Biblia dice así en cuanto al versículo 24, “Cuando ores, cree y ten confianza de que se te concedió, y tendrás”. Tienes que creer que lo tienes antes de recibirlo.

Para mejor comprender esto, tenemos que darnos cuenta de que hay dos clases de verdad: la verdad que depende en los sentidos (la verdad sensorial-conocedora), y la verdad revelada. Algunos piensan que la verdad tiene que ver con las cosas que ellos pueden ver con sus propios ojos físicos. Pero las cosas del Espíritu no se pueden ver. No son carne ni son materia. Todo lo que necesitamos se nos es provisto en el ámbito espiritual. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). Todo lo que necesitamos se nos ha sido provisto en Cristo Jesús. Puede que no siempre lo podamos ver, pero así es.

Cuando la “verdad sensorial-conocedora” contradice la “verdad revelada”, o la Palabra de Dios, entonces empiezo a caminar de acuerdo con la verdad revelada. Camino de acuerdo a lo que Dios dice. Aquello que está en el mundo espiritual es hecho real en el mundo natural a través de la fe. La fe lo arrebata y crea su realidad en nuestras vidas.

Por tanto, cuando ores, cree que recibes lo que estás pidiendo y lo tendrás. Esto va más allá de nuestro pensar natural, y la mente natural no lo puede concebir. Pero nosotros debemos andar por la fe y no por vista.

Una vez, mientras estaba predicando en una pequeña iglesia, me acaloré al predicar y cuando salí a la calle después del culto, mi cuerpo estaba cubierto con sudor. Cuando el aire frío me dio a la cara, la garganta me empezó a doler, y al llegar a donde estaba mi auto, casi no podía hablar. Al día siguiente, el pecho me empezó a doler y no podía hablar más que en un susurro.

Empecé a leer escrituras acerca de la sanidad. Con la Biblia abierta delante de mí, oré en silencio y dije, “Señor, tu Palabra me dice que estoy sanado. Si yo le preguntara a mi cuerpo si estaba sano, me diría que no. Si les preguntara a mis sentidos si estaba sano, la respuesta sería que no. Si fuera a preguntarles a la gente a mi alrededor si estaba sano, me dirían que no. Tu Palabra dice que Dios es Verdad y todo hombre un mentiroso. Así que si digo que no estoy sano, soy un mentiroso. Tu Palabra dice que Dios no puede mentir. Romanos 3:4 dice, ‘De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado’”.

Cuando llegó la hora del culto de la tarde, me levanté para ir a predicar. Acercándome al micrófono, dije que quería darle gracias a Dios que estaba sano. La congregación me miró como si estuviera loco, ya que estaba meramente susurrando. Empecé a decirles lo que la Palabra de Dios dice acerca de la sanidad y les mostré sacándolo de la Palabra que yo estaba sano. Les dije lo que Dios dice que es verdad y que si yo dijera que no estaba sanado, yo estaría mintiendo. Les dije que quería que se pusieran en pie y que alabaran a Dios conmigo ya que estaba sano. Al empezar a alabar a Dios todos juntos, no había dicho “Aleluya” tres veces que mi voz me volvió. Luego prediqué mi sermón con una voz clara y fuerte. Aquella noche la congregación vio una ilustración de fe en acción. Todo lo que tenemos que hacer es pedirle a Dios las cosas que deseamos, y creer que las tenemos.

Texto Para Memorizar: “Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:7-8)

Kennet Haggin

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