Dime lo que comes y te diré quién eres

Un conocido refrán reza: «Dime lo que comes y te diré quién eres». Pues alguien parafraseó ese dicho, trasladándolo al ámbito moral: «Dime lo que lees y te diré quién eres». En el plano mental y espiritual, lo que lees determina quién eres. Y lo mismo vale para las películas, la TV, la música, la Internet, los videojuegos etc. Por los gustos de una persona en materia de entretenimiento, en general ya sé cuál es su estado espiritual.
Dios nos creó a todos con hambre de la verdad, es decir, con un ansia de conceptos e ideas que nutran nuestra alma, nos acerquen a Él, nos ayuden a entenderlo mejor y a descubrir los caminos que Él por amor ha dispuesto para nosotros y nos estimulen a llevar una vida más provechosa. Lamentablemente, hoy en día mucha gente ha cultivado apetitos espirituales desordenados al leer y mirar cosas malsanas. Es similar a lo que sucede cuando alguien le agarra el gusto a la comida chatarra y los dulces, y pierde las ganas de consumir alimentos sanos y nutritivos.
Me recuerda los siguientes versículos de la Biblia: «¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura» (Isaías 55:2). «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece» (Juan 6:27).
Aunque nos cueste admitirlo, la exposición a actitudes y acciones contrarias a la forma en que Dios quiere que pensemos y actuemos realmente nos afecta. Llenarnos el corazón y la mente de mentiras y medias verdades nos corrompe el espíritu, aunque solo lo hagamos para distendernos o entretenernos. Si se multiplica ese efecto unos cuantos millones de veces, la sociedad en general se ve afectada. ¡El mundo moderno es prueba cabal de ello!

Discernir y discriminar
Todo lo que llega a nuestra mente afecta nuestro espíritu. Las películas, la música, los libros, los periódicos, las revistas, la TV, la radio y la Internet son todos medios de transmitir un mensaje. Y ese mensaje puede estar inspirado por Dios y en consonancia con Su Palabra, o puede no estarlo.
Gran parte de lo que se difunde hoy en día es lo que la Biblia denomina «fábulas artificiosas» (2 Pedro 1:16), artificiosamente inspiradas no por Dios, sino por los poderes del mal, con el objeto de engañar a la gente, descarriarla e insensibilizarla espiritualmente hasta tal punto que ya no sepa distinguir entre el bien y el mal.
Leer libros y ver películas nocivas no hace sabias a las personas. Antes las atonta, las confunde y las aleja cada vez más de la verdad. La sabiduría de este mundo es insensatez absoluta ante Dios (1 Corintios 3:19).
La gente consume comida chatarra porque parece nutritiva y tiene buen gusto; pero en grandes cantidades a la larga nos roba la vida. Por eso es tan peligrosa, precisamente por lo engañosa que es. Lo mismo vale para los libros y las películas chatarra.
El Diablo es mentiroso y padre de mentira (Juan 8:44). Y sus mentiras son muy astutas. En todos los casos, parte de lo que dice es verdad. No conseguiría que la gente se tragara sus mentiras si no las mezclara con un poco de verdad. Les incorpora pequeños conceptos veraces, como hizo con Adán y Eva en el Edén. Cuando los tentó a desobedecer a Dios y a comer del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y el mal, les aseguró: «Seréis como Dios» (Génesis 3:5). Aquella fue una verdad muy tentadora, ¡y se la tragaron! (Génesis 3:6).

¿Y tú?
No tiene nada de malo leer un libro o ver una película por puro pasatiempo. Pero si no eres un poco exigente en cuanto a la alimentación que le proporcionas a tu espíritu, si no te resguardas de las imágenes e informaciones nocivas, todo ello terminará siendo más fatigoso que beneficioso para tu espíritu. «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad» (Filipenses 4:8).
Hasta las películas y otras producciones mayormente buenas pueden tener algún efecto negativo si uno no se esfuerza por prestar atención a lo positivo y rechazar lo negativo, ya sea en el momento mismo o bien después de la sesión. La Biblia nos manda: «Apártese del mal, y haga el bien» (1 Pedro 3:11). Este versículo se aplica no solo a lo que hacemos, sino también a las influencias a las que nos sometemos, puesto que en última instancia, éstas acaban por afectar nuestros actos.
También es importante llenarnos de la verdad de la Palabra de Dios para contrarrestar cualquier influencia negativa que puedan tener en nosotros las demás cosas que vemos o leemos. «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida» (Proverbios 4:23) .
Hay un viejo refrán sobre la oración que dice: «Crees en la oración tanto como oras». Yo diría que lo mismo se aplica a la Palabra de Dios y las influencias del mundo: Crees en la Palabra en la medida en que la lees, y crees en esas otras cosas en la medida en que te empapas de ellas. Espero que ingieras buen alimento espiritual, porque tu salud espiritual y tu felicidad dependen de ello. ¡Dime lo que bebes y te diré quién eres!
Todo lo que llega a nuestra mente afecta nuestro espíritu.

Juan 14:20 (NVI) En aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes.

Juan 15:4 (NVI) Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.

Juan 6:63 (NVI) El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida.

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