Enfrentando la frustración

Debemos buscar una respuesta espiritual a las pruebas que enfrentemos. Dado que el Señor siempre tiene un plan

Innumerables personas se sienten derrotadas por situaciones frustrantes. Pero nuestra respuesta puede marcar la diferencia. Las frustraciones pueden ser una oportunidad para el crecimiento espiritual, o un golpe devastador.
Una respuesta adecuada a la frustración comienza por resistir la tendencia natural a amargarse.

Si alguien más estuvo involucrado en la situación, no te apresures a juzgar su conducta.
No podemos saber por completo lo que está pasando en la vida de los demás, ni qué los motiva a actuar como lo hacen. El segundo paso es preguntarle al Señor: “¿Cómo debo responder?” Dios puede guiarnos a una respuesta sabia y correcta, porque él conoce todos los hechos.
Luego, obedece  su dirección, aunque no sea lo que quiere hacer. Muchas veces, el camino del Señor es contrario a nuestros deseos y al consejo de los amigos. Sin embargo, su plan es el que traerá crecimiento y resultados para nuestro máximo bienestar.

Y, por último, mantén tu enfoque en Dios y en su propósito superior para tu vida. Las personas tienden a pensar mucho en sus heridas y en el daño que reciben, que es lo que hace que la frustración sea tan destructiva.
Solo hay un método conveniente para enfrentar la frustración: buscar la voluntad del Señor. Aunque los planes humanos se descarrilan, nada cambia el propósito de Dios. No importa qué tan profunda sea tu herida, él te guiará en medio de los reveses y tristezas, a la vez que creces en tu fe.

Cómo responder a la frustración
Mt. 1.18-25

Para encontrar ejemplos de respuestas sabias y espirituales a la frustración, es más probable que  vayas al libro de los Salmos antes que a Mateo. Pero el primer capítulo del Nuevo Testamento cuenta la historia de la respuesta de un hombre recto a una noticia dolorosa y decepcionante.
José, el padre terrenal de Jesús, era una persona justa. Un hombre consagrado necesita una mujer que comparta su deseo de honrar y obedecer al Señor, y la Biblia dice que María era exactamente esa clase de mujer (Lc 1. 45-55). Por eso, imaginemos lo desconcertado que debió haberse sentido José cuando María regresó de una larga visita a su pariente Isabel y le dijo que estaba embarazada, y que, además, ningún hombre la había tocado.
De cualquiera modo que viera José su situación, ésta parecía funesta. Sin embargo, Mateo 1.20 dice que lo “pensaba”; es decir, buscaba una respuesta justa y sabia. Dios se hizo presente en la vida de José de manera dramática para corroborar la historia de María y ponerle fin a su plan de anular el matrimonio.
El Señor cambió el lamento de José en baile [cf. Salmo 30.11]. María le había dicho la verdad, a pesar de lo extraña y sorprendente que era. La pareja soportaría la severa crítica pública de un embarazo antes de casarse, pero José dejó de pensar en lo que otros dirían.
Los cristianos debemos buscar una respuesta espiritual a las pruebas que enfrentemos. Dado que el Señor siempre tiene un plan, la respuesta más sabia es esperar el bien que él puede hacer, y esperar su tiempo. Dios bendijo a José por su disposición a “[buscar] primeramente el reino de Dios” (Mt 6.33).

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