Sanidad Interior – Sanando el Duelo 1

Pasaje clave: Marcos 8:22.

En una oportunidad, Jesús se encontró con una persona que sufría de cegue¬ra. Era una persona que había sufrido una pérdida: su visión. Todos en la vida pasamos por pérdidas: de salud, de familiares, de trabajo, de amistades, de sueños. Y cada vez que hay una pérdida, siempre aparece lo que los psicólogos llaman duelo”.
La palabra duelo significa “combate entre dos”. Es decir, la persona tiene un combate entre dos partes: una que acepta la pérdida, pero otra que no la acepta y tiene bronca, y así llega la lucha. Todos necesitamos hacer el duelo. Es normal, pues es el proceso de recuperación por esa pérdida.
Hay tres tipos de duelos enfermos, negativos:
1. Anulación del duelo: Es la persona que tiene una pérdida y no expresa la emoción que le causa la misma. En general, pasa en los varones que reprimen, tragan. Creen que los hombres tienen que ser fuertes, no llorar, no expresar sus emociones. Entonces racionalizan la situación. En toda familia, cuando hubo una pérdida siempre estuvo el que dijo: “Tengo que ser fuerte, porque si no, esto se cae todo”. La persona que aguanta vive la expresión de la emoción como una señal de debilidad.
2. Duelo intensificado: Es la persona que no reprime la emoción sino que la suelta toda: empieza a llorar, a gritar. El tiempo no cura el dolor y la persona entra en depresión. Tiene los objetos del familiar, la habitación sin tocar. Todo lo asocia con la persona fallecida o con la pérdida. Empieza a tener mucha culpa: “Yo tengo la culpa porque le deseé la muerte” o “mi mamá me decía que la iba a matar de un infarto y así murió”. Hay gente que tiene mucha bronca porque la abandonaron, y esa bronca hace que el duelo no se termine nunca.
3. Duelo ambiguo: Ocurre cuando no se sabe si una persona se murió o no (como el caso de los desaparecidos), cuando un marido se fue y nunca más volvió, cuando un papá se fue de la casa y el hijo no sabe dónde vive, cuando un chico adoptado no sabe dónde están sus papás biológicos. Este tipo de duelo también se llama “Duelo Congelado”: la persona siente alegría, pero a la vez dolor. Siente dolor y esperanza simultáneamente porque dice: “El tiempo avanza, la gente avanza, todo avanza, pero yo me quedé detenido”
Nadie nunca va a experimentar tu dolor. Nunca esperes que alguien entienda tu dolor. Nunca digas a una persona “yo te entiendo”, porque no vamos a entender al otro en su dolor aunque hayamos tenido pérdidas similares. El dolor es personal.
El dolor tiene que salir, tiene que agotarse.
Debés hablar todo lo que quieras, llorar cuanto quieras, porque el dolor tiene que agotarse y va a llegar un momento en que no estará más. ¡Nunca juzgues a una persona porque llora en todos los cultos! Esa persona está siendo tratada por Dios, Él la está restaurando.
Debemos aprender a administrar los recuerdos.
Cuando David peleó contra Goliat recordó “maté al león, maté al oso, voy a matara Goliat”. No recordó cosas negativas; recordó experiencias lindas. Esto nos demuestra que tenemos que ponerle un alto a la mente, expresar el dolor pero sin recordar la perdida lodo el día, poi que cuando aprendés a administrar tus recuer¬dos, estás listo para encontrar la bendición del Señor.
El ciego del pasaje bíblico, si bien tenía casa, la dejó y se fue a una aldea. En esa aldea estaban viviendo otros ciegos, es decir, este era su lugar conocido, era el lugar donde él sabia por dónde debía caminar. Cada vez que hay una pérdida siempre va a haber un apego afectivo.

El Apego Afectivo
El apego afectivo ve produce anuido tenemos pérdidas. El temor hace que te apegues a algo o a alguien, que te aforres emocionalmente. Las personas que se apegan a otras, dicen: “Yo te necesito para ser feliz”, necesitan la aprobación de los demás, buscan relaciones exclusivas. Entonces, cuando se rompe un vínculo afec¬tivo en sus vidas entran en un trauma, una depresión muy grande.
La gente celosa también sufre de apego afectivo. Preguntan: “¿Con quién fuis¬te?”; “¿Con quién estuviste hablando?”; “¿Y qué hablaste?” Algún dato nuevo que otra persona le aporta hace que nuevamente dude, como si le mintiera y vuelve a indagar. Los celosos empiezan a buscar en las profundidades del pasado para ver qué pueden encontrar.
Las personas que tienen relaciones amistosas obsesivas, que son “amigotas” también sufren de apego afectivo. Se sientan juntos, van a comer juntos, oran juntos hasta que se pelean y viene el duelo.
La gente que se apega a lo material también sufre. Entonces, conoce a alguien y está pensando qué le puede “manguear”. Todo lo ve en términos de plata, se apega a lo material.
Por otro lado, la gente apegada a los ritos religiosos también sufre un apego afectivo. Dicen: “Me gustan mucho los cultos, pero no me gusta cómo dan la cena del Señor”. La gente es bendecida, Dios cancela deudas, Dios sana, pero siempre hay gente que se queda detenida en los ritos y no aprecia nada.
No importa cuánto dolor tenga y cuan bajo he caído, Él vendrá por mí nuevamente.
Extracto del libro “Emociones Lastimadas”
(CONTINÚA… Parte 2)
Por Bernardo Stamateas

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