Si pudiera mejorar mi apariencia

Hay  una insistencia de querer tener un mejor cuerpo, y un mejor rostro. Aún cuando sabemos que cada individuo es único e irrepetible frecuentemente nos comparamos con los demás, de aspirar parecernos o ser igual a quienes consideramos mejores que nosotras. Esto sucede a cualquier edad, pero es más frecuente en la juventud.

En el caso de las mujeres suelen compararse más con la apariencia de otras jóvenes como la amiga, vecina, prima, hermana, compañera, conocidas; y cuando de modelos de revista o televisión se trata, es lo que a veces las lleva a sentirse feas y sin gracia.

En el caso de los hombres, cuando se comparan con otros, tienden hacerlo respecto al rendimiento en el trabajo, en el  prestigio social, resultados en su profesión, en su habilidad en algún deporte, entre otros.

Hablando en particular del físico, si eres de las que al verse al espejo no se gusta, o tiene algún rasgo en específico que quisiera cambiar, entonces es importante que atiendas lo siguiente:

1) Cuida tus palabras

Imagina que estás frente una amiga muy querida, y que tiene el mismo rasgo físico que no te gusta. Te atreverías a criticarle y decirle según tu opinión que tiene fea nariz; que está muy gorda o muy flaca; que se vería mejor con más o menor estatura;  que estaría mejor si su tono de piel fuera otro, que sus caderas son demasiado anchas o angostas; que se ve mal con poco o mucho busto, por mencionar algunos ejemplos. No se lo dirías porque sabes que tus palabras la ofenderían.

Dios nos manda “ama a tu prójimo como a ti mismo”, entonces así como amas a tu amiga y por ello no la lastimarías con tales ofensas, ámate a ti misma y tampoco te critiques. Porque a la hora de que estás frente al espejo y juzgas tu apariencia ya sea en palabras o con pensamientos, tú misma te estás faltando al respeto, ya no lo hagas, piensa que nadie merece esas críticas, incluyéndote.

2) Acepta tu físico 

Cuando no se está conforme con el aspecto físico, es el reflejo de inseguridad por compararse, o bien, que alguien más lo haya comparado con otras personas que según ellos son mejores  por considerarlas más bonitas. Así qué hay que dejar de comparar, porque el físico no está relacionado con la aceptación social y mucho menos con el éxito. No asocies belleza con felicidad, no creas que por cambiar tu apariencia eso te haría mejor persona.

Hay mujeres consideras guapas, atractivas por su físico y aún así sufren baja autoestima; por otro lado, hay personas consideradas no tan agraciadas en su apariencia, y sin embargo destacan por su seguridad, carisma y éxito en lo que hacen.

Entonces qué tu autoestima y felicidad no sea regida por la apariencia física, acéptate tal y cómo eres. Dios escogió el momento exacto para que la semilla de papá y mamá se unieran con su historial genético para hacerte exactamente como eres.

3) Valora

Antes de que fueras concebido por tus padres, y más allá, antes de la fundación del mundo, ya estabas en la mente de Dios. Si hubiera querido hacerte diferente lo hace y ya, pero no. El te planeó así con tu físico, talentos, habilidades, temperamento y todo lo que eres. Valora  lo importante que eres para tu Creador y la identidad que tienes en El.

Considera que la belleza física no es garantía de felicidad, si fuera así, todos los de rostro y cuerpo perfecto serían inmensamente felices y exitosos. La realidad es que no, eso, depende más del amor a ti misma y hacia los demás, de tu fe y confianza en Dios para hacer cumplir el propósito en tu vida.

“Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! Salmo 139:14

Norma Peraza

Twitter: @peraza_norma

Email: normaperaza@cvclavoz.com

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