Si queremos progresar y madurar espiritualmente, debemos crecer en amor

El amor es lo más importante (1 Corintios 13). De hecho, todo el propósito de la existencia es amar a Dios y al prójimo. No solo conquistar a los perdidos donde sea que estén, sino también a los hermanos en Cristo que tenemos a nuestro lado. El amor es la razón de ser de todo.

Tenemos una relación directa con el Señor mediante la alabanza, la oración y la obediencia a Su Palabra; pero en el plano personal nos relacionamos mayormente con otros seres humanos, y lo principal que debemos aprender es a amarlos. Si no sabemos trabajar bien en colaboración con los demás y tratarlos con amor, es señal de que no hemos asimilado una de las grandes enseñanzas de la vida.

No conseguiremos avanzar ni progresar mucho a menos que aprendamos a relacionarnos armoniosamente con los demás, lo cual no siempre es fácil, pues requiere paciencia, amor y humildad. Jesús nos dio una pauta muy sencilla para lograrlo cuando nos exhortó a tratar a los demás como deseamos que ellos nos traten (Mateo 7:12). Llevar eso a la práctica exige bastante aplicación, pero para eso estamos aquí. ¿Quieres hacer progresos? Pues entonces, ama.

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