Jeremias – Analisis –

Cronología
• Sofonías comienza a profetizar 640 a.C.
• Jeremías comienza a profetizar 627
• Josías muere en batalla 609
• Daniel llevado cautivo 605
• Ezequiel comienza a profetizar en Babilonia 593
• Judá cae: Jerusalén destruida; fin del ministerio de Jeremías 586
• Regresan los primeros cautivos a Judá 538

DATOS ESENCIALES:
PROPÓSITO:
Exhortar al pueblo de Dios a que se aparte de sus pecados y vuelva a Él
AUTOR:
Jeremías
DESTINATARIO:
A Judá (el reino del sur) y su ciudad capital, Jerusalén
FECHA:
Durante el ministerio de Jeremías, alrededor de 627–586 a.C.
MARCO HISTÓRICO:
Jeremías ministró durante los reinados de los últimos cinco reyes de Judá: Josías, Joacaz, Joacim, Joaquín y Sedequías. La nación se deslizaba con rapidez hacia la destrucción y al final la conquistó Babilonia en 586 a.C. (véase 2 Reyes 21–25). El profeta Sofonías precedió a Jeremías y Habacuc fue contemporáneo de este último.
VERSÍCULO CLAVE:
«Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos» (2.19).
PERSONAS CLAVE:
Los reyes de Judá (antes enumerados), Baruc, Ebed-melec, el rey Nabucodonosor, los recabitas
LUGARES CLAVE:
Anatot, Jerusalén, Ramá, Egipto
CARACTERÍSTICAS PARTICULARES:
Este libro es una combinación de historia, poesía y biografía. Jeremías a menudo utiliza el simbolismo para comunicar su mensaje.
¿QUÉ ES EL ÉXITO? La mayoría de las definiciones hacen referencia a alcanzar metas y a adquirir riqueza, prestigio, favor y poder. Las personas de «éxito» disfrutan de la buena vida: seguridad financiera y emocional, rodeada de admiradores y gozando el fruto de su trabajo. Son líderes, personas que crean opiniones e implantan modas o tendencias. Imitan su ejemplo, admiran sus logros. Saben quiénes son y a dónde se dirigen, avanzan con confianza para alcanzar sus metas.
En base a estos patrones, Jeremías era un miserable fracasado. Durante cuarenta años sirvió como vocero de Dios para Judá, pero cuando habló, nadie lo escuchó. Con firmeza y vehemencia los exhortó a que actuaran, pero nadie se movió. Y sin duda no obtuvo éxito material. Era pobre y sufrió severas privaciones para decir sus profecías. Lo enviaron a la cárcel (capítulo 37) y a una cisterna (capítulo 38) y lo llevaron a Egipto en contra de su voluntad (capítulo 43). Lo rechazaron sus vecinos (11.19–21), su familia (12.6), los falsos profetas y sacerdotes (20.1, 2; 28.1–17), sus amigos (20.10), su audiencia (26.8) y los reyes (36.23). A lo largo de su vida, Jeremías permaneció solo, declarando los mensajes de fatalidad, anunciando el nuevo pacto y llorando por el destino de su nación amada. A los ojos del mundo, Jeremías no representaba ningún éxito.
Sin embargo, a los ojos de Dios Jeremías fue una de las personas de más éxito de toda la historia. El éxito, bajo el parámetro de Dios, abarca la obediencia y la fidelidad. A pesar de la oposición y del costo personal, Jeremías proclamó con valor y fidelidad la Palabra de Dios y fue obediente a su llamado. El libro de Jeremías comienza cuando Dios lo llama a ser profeta. Los siguientes 38 capítulos son profecías acerca de Israel (la nación unida) y Judá (el reino del sur). Los capítulos 2–20 son generales y no tienen fecha específica y los capítulos 21–39 son particulares y están fechados. El tema básico del mensaje de Jeremías es simple: «Arrepiéntanse y vuélvanse a Dios o Él los castigará». Pero entonces, debido a que el pueblo rechazó esta advertencia, Jeremías se dedicó exclusivamente a predecir la destrucción de Jerusalén. Este terrible suceso se describe en el capítulo 39. Los capítulos 40–45 narran los acontecimientos posteriores a la caída de Jerusalén. El libro concluye con las profecías concernientes a diversas naciones (capítulos 46–52).
A medida que lea Jeremías, sienta junto con él la agonía por el mensaje que tiene que dar, ore con él por los que se niegan a responder a la verdad y observe su ejemplo de fe y valor. Luego comprométase a tener éxito ante los ojos de Dios.

BOSQUEJO

A. JUICIO DE DIOS SOBRE JUDÁ (1.1–45.5)
1. Llamamiento de Jeremías
2. Jeremías condena a Judá por sus pecados
3. Jeremías profetiza destrucción
4. Jeremías acusa a los líderes de Judá
5. Se promete restauración
6. Llega el castigo que Dios prometió
Jeremías confronta a mucha gente con su pecado: reyes, falsos profetas, los que están en los templos y los que están a las puertas de la ciudad. La falta de respuesta hizo que Jeremías se preguntara si hacía algún bien. A menudo se sintió desalentado y a veces amargado. Llevar un mensaje tan desalentador a estas personas fue una tarea pesada. Nosotros también tenemos la responsabilidad de llevar estas nuevas a un mundo caído. Los que siguen en su senda de maldad serán eternamente condenados al fracaso. Si bien podemos sentirnos desalentados por la falta de respuesta, debemos seguir ejerciendo presión al hablar a los demás de las consecuencias del pecado y la esperanza que Dios ofrece. Los que le dicen a la gente solo lo que quiere escuchar, no son fieles al mensaje de Dios.
B. JUICIO DE DIOS SOBRE LAS NACIONES (46.1–52.34)
1. Profecías sobre naciones extranjeras
2. Caída de Jerusalén
Jeremías vivió para ver el cumplimiento de muchas de sus profecías: la más notable fue la caída de Jerusalén. El cumplimiento de esta y otras profecías en contra de las naciones extranjeras vino como resultado del pecado. Los que se nieguen a confesar sus pecados, traerán juicio sobre sí mismos.

 

PARA VER LA LETRA MAS GRANDE

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Capítulo 1

1.1, 2 Después de la muerte de Salomón, el reino unido de Israel se dividió en los reinos rivales del norte y del sur. Al reino del norte se le llamaba Israel; al del sur, Judá. Jeremías era de Anatot, ciudad a unos 6, 5 km de Jerusalén en el reino del sur. Jeremías vivió y profetizó durante los reinados de los últimos reyes de Judá. Este fue un tiempo caótico política, moral y espiritualmente hablando. Mientras Babilonia, Egipto y Asiria luchaban por la supremacía mundial, Judá se vio atrapada en medio de un triángulo. A pesar de que Jeremías profetizó durante cuarenta años, nunca vio que su pueblo le prestara atención y se apartara de sus pecados.

1.5 Dios lo conoció de la misma manera que a Jeremías, mucho antes de que usted naciera o incluso lo concebieran. Pensó en usted e hizo planes para usted. Cuando se sienta descorazonado o que no es digno, recuerde que Dios siempre le ha considerado muy valioso y ha tenido en su mente un propósito para usted.

1.5 De Jeremías dice: «Te di por profeta a las naciones». Dios tiene un propósito para cada cristiano, pero Él designa a algunos para una clase específica de trabajo. Sansón (Jueces 13.3–5), David (1 Samuel 16.12, 13), Juan el Bautista (Lucas 1.13–17) y Pablo (Gálatas 1.15, 16) recibieron el llamado para realizar un trabajo especial para Dios. Cualquiera que sea el trabajo que usted haga, debe hacerlo para la gloria de Dios (Filipenses 1.11). Si Dios le da una tarea específica, acéptela con gozo y hágala con excelencia. Si Dios no le ha dado una asignación específica, procure cumplir la misión común para todos los creyentes: amar, obedecer y servir a Dios, hasta que su dirección se defina.

1.6-8 A menudo la gente lucha con nuevos retos debido a su desconfianza. Sienten que no tienen la habilidad, capacidad ni experiencia adecuadas. Jeremías pensó que era solo «un niño», demasiado joven e inexperto para ser el vocero de Dios para el mundo. Sin embargo, Dios le prometió estar con él. Nunca debemos permitir que nuestros sentimientos de insuficiencia nos impidan obedecer el llamado de Dios. Siempre estará con nosotros. Cuando se vea tratando de evadir algo que sabe debe hacer, asegúrese de no utilizar la falta de autoestima como una excusa. Si Dios le da un trabajo que realizar, Él va a suplir todas sus necesidades para que lo haga.

1.8 Dios prometió librar a Jeremías durante los problemas, no evitar que estos vinieran. Dios no lo eximió de prisiones, deportación ni insultos. Dios no evita que nos enfrentemos a las tormentas de la vida, pero Él nos ayudará. Es más, camina por estas tormentas con nosotros y nos libra.

1.10 Dios designó a Jeremías para que llevara su Palabra a naciones y reinos. El trabajo era advertirle no solo a los judíos, sino a todas las naciones del mundo acerca del juicio de Dios sobre el pecado. Al leer el Antiguo Testamento, no olvide que si bien Dios trabajaba constantemente a través del pueblo de Judá e Israel, su plan era comunicarse con cada nación y persona. Estamos incluidos en el mensaje de juicio y esperanza de Jeremías y, como creyentes, debemos tener el mismo deseo de Dios de alcanzar al mundo entero para Él.

1.11-14 La visión de la vara de almendro revela el comienzo del juicio de Dios, ya que el almendro es de los primeros en florecer en la primavera. Dios vio el pecado de Judá y de las naciones, y llevaría a cabo un juicio rápido y certero. La olla que hierve, derramándose sobre Judá representaba a Babilonia entregando el juicio ardiente de Dios, en contra del pueblo de Jeremías.

1.14-19 Los problemas que enfrentamos quizás no sean tan nefastos como los de Jeremías, ¡pero son demasiado críticos para nosotros y pueden abrumarnos! La promesa de Dios a Jeremías y a nosotros es que nada nos podrá derrotar por completo. Él nos ayudará a atravesar los problemas más angustiosos. Enfrente cada día con la seguridad de que Dios estará con usted y lo ayudará.

1.16 El pueblo de Judá pecó en gran manera al continuar quemando incienso a los ídolos y adorándolos. Dios les advirtió en específico en contra de esto (Éxodo 20.3–6), debido a que el idólatra confía en la creación y no en el Creador. Aunque este pueblo pertenecía a Dios, optó por seguir dioses falsos. Muchos «dioses» nos engañan para separarnos de Dios. Las posesiones materiales, los sueños para el futuro, la aprobación de otros y las metas profesionales compiten con nuestro compromiso total. Buscar alcanzar estas metas a costa de nuestro compromiso con Dios coloca el corazón donde estaba el corazón de Judá y Dios la castigó con severidad.

Capítulo 2

2.1–3.5 En esta sección, la analogía del matrimonio contrasta tremendamente el amor de Dios para su pueblo con el amor de este por otros dioses y revela la infidelidad de Judá. Jeremías condena a Judá (algunas veces llama a Judá «Jerusalén», el nombre de su ciudad capital) por buscar la seguridad en cosas indignas, cambiantes y no en el inalterable Dios. Quizás nos sintamos tentados a buscar la seguridad en las posesiones, en la gente o en nuestras habilidades, pero estos nos fallarán. No existe seguridad duradera aparte de nuestro eterno Dios.

2.2 Apreciamos a un amigo que permanece fiel a su compromiso y nos desilusiona el que no puede cumplir una promesa. A Dios le complació cuando su pueblo lo obedeció al principio, pero se contrarió cuando se negaron a cumplir su compromiso. Las tentaciones nos distraen de Dios. Piense en su compromiso original de obedecer a Dios y pregúntese si sigue permaneciendo fiel.

2.3 La primicia, o la primera porción, de la cosecha se separaba para Dios (Deuteronomio 26.1–11). De esa misma forma Israel estaba dedicada a Dios en sus años anteriores: ansiaba complacer a Dios, como si fuera su joven esposa, un pueblo santo y devoto. Esto era un gran contraste con el pueblo de los tiempos de Jeremías.

2.4–8 La nación unida incluía «la casa de Israel» y «la casa de Jacob» (Judá). Jeremías conocía bien la historia de Israel. Los profetas recitaban la historia al pueblo por varias razones: (1) recordarles la fidelidad de Dios; (2) asegurarse de que el pueblo no la olvidaría (no tenían Biblias que leer); (3) enfatizar el amor de Dios hacia ellos; y (4) recordarles que hubo un tiempo en que estuvieron cerca de Dios. Debemos aprender de la historia para así construir sobre los éxitos y evitar repetir los fracasos de los demás.

2.8 Baal era el jefe masculino de los dioses de la religión cananea. «Baales» (2.23) se refiere al hecho de que, en la práctica cananea, Baal se adoraba en varios lugares. Baal era el dios de la fertilidad. Su adoración incluía sacrificio de animales, prostitución sagrada (hombres y mujeres) en los lugares altos. Jezabel, la esposa del rey Acab, inició la práctica de la adoración a Baal en el reino del norte y finalmente se difundió por todo Judá. La orientación sexual de la adoración de este ídolo era una constante tentación para los israelitas, quienes tenían el llamado a ser santos.

QUIEN ERA JEREMÍAS
sirvió como profeta de Judá desde 627 a.C. hasta el cautiverio en 586 a.C.
Ambiente de la época
La sociedad se estaba deteriorando económica, política y espiritualmente. Guerras y cautiverio. La Palabra de Dios se consideró ofensiva.

Mensaje principal
El arrepentimiento de sus pecados pospondría el juicio inminente de Judá a manos de Babilonia.

Importancia del mensaje
El arrepentimiento es una de las necesidades más grandes de nuestro mundo inmoral. Las promesas de Dios para los fieles brillan al llevar esperanza para el mañana y fuerza para hoy.

Profetas contemporáneos
Habacuc (612–588) Sofonías (640–621)

 Muchos carecen de compromisos, interés y disposición a largo plazo que son vitales para cumplir una tarea a pesar de las probabilidades. Sin embargo, Jeremías fue un profeta que resistió.
El llamado de Jeremías nos enseña cuán íntimamente Dios nos conoce. Nos evalúa antes que nadie sepa que existiremos. Nos cuida mientras estamos en el vientre de nuestra madre. Planea nuestras vidas mientras se forman nuestros cuerpos. Nos valora mucho más de lo que nos autovaloramos.
Jeremías tuvo que depender del amor de Dios para poder soportar. Por lo general, sus oyentes eran antagónicos o apáticos a sus mensajes. Lo despreciaron y a menudo lo amenazaron de muerte. Pudo presenciar tanto el entusiasmo del despertar espiritual como la tristeza por el regreso de una nación a la idolatría. A excepción del rey Josías, que fue bueno, Jeremías observó que un rey tras otro olvidaban sus advertencias y apartaban de Dios al pueblo. Vio cómo asesinaban a otros compañeros profetas. A él mismo lo persiguieron con rigor. Por último, observó la derrota de Judá a manos de los babilonios.
Jeremías respondió a todo esto con el mensaje de Dios y con lágrimas humanas. Sintió el amor directo de Dios por su pueblo y el rechazo del pueblo a ese amor. Pero aun cuando se enojaba con Dios y se sentía tentado a renunciar a todo, Jeremías supo que debía seguir adelante. Dios lo llamó para que resistiera. Expresó sentimientos profundos, pero además vio más allá, al Dios que pronto ejercería su justicia, pero que después de todo administraría su misericordia.
Quizás nos resulte fácil indentificarnos con las frustraciones y el desaliento de Jeremías, pero debemos darnos cuenta que la vida de este profeta también nos alienta a ser fieles.

Puntos fuertes y logros:
• Escribió dos libros del Antiguo Testamento: Jeremías y Lamentaciones
• Ministró durante los reinados de los últimos cinco reyes de Judá
• Fue un catalizador en la gran reforma espiritual ocurrida durante el gobierno de Josías
• Actuó como mensajero fiel de Dios, a pesar de los atentados que hubo en su contra
• Sufrió tanto por la condición caída de Israel que ganó el título de «profeta llorón»

Lecciones de su vida:
• La opinión de la mayoría no es necesariamente la voluntad de Dios
• Si bien el castigo por el pecado es severo, hay esperanza en la misericordia de Dios
• Dios no aceptará la adoración hueca e hipócrita
• Servir a Dios no garantiza la seguridad en la tierra

Datos generales:
• Dónde: Anatot
• Ocupación: Profeta
• Familiares: Padre: Hilcías
• Contemporáneos: Josías, Joacaz, Joacim, Joaquín, Sedequías, Baruc

Versículos clave:
«Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová» (Jeremías 1.6–8).
La historia de Jeremías se narra en el libro de Jeremías. Además se menciona en Esdras 1.1; Daniel 9.2; Mateo 2.17; 16.14; 27.9. Véase también 2 Crónicas 34, 35 para la historia del avivamiento espiritual bajo el reinado de Josías.

2.10 Dios decía que aun las naciones paganas como Quitim (Chipre, en el oeste) y Cedar (residencia de las tribus árabes que vivían en el desierto al este de Palestina) permanecieron leales a sus dioses nacionales. Pero Israel abandonó al único Dios verdadero por un objeto indigno de adoración.

2.13 ¿Quién apartaría un manantial de agua resplandeciente por una cisterna, un pozo que recogía agua de lluvia? Dios le dijo a los israelitas que hacían exactamente eso cuando se apartaban de Él, la fuente de agua viva, para adorar a otros ídolos. No solo eso, las cisternas que escogieron estaban rotas y vacías. El pueblo construyó sistemas religiosos para almacenar la verdad, pero no tenían valor alguno. ¿Por qué nos debemos asir de las promesas quebrantadas de «cisternas» inestables (dinero, poder, sistemas religiosos o cualquier cosa pasajera que colocamos en lugar de Dios), cuando Dios nos promete refrescarnos constantemente con Él mismo, fuente de agua viva (Juan 4.10)?

2.16, 17 Menfis estaba cerca de lo que hoy es El Cairo, en el bajo Egipto, y Tafnes estaba en la región nordeste del mismo país. Jeremías a lo mejor se refería a la anterior invasión de Judá por el faraón Sisac en 926 a.C. (1 Reyes 14.25), o quizás haya estado prediciendo la invasión del faraón Necao en 609 a.C., cuando moriría el rey Josías de Judá (2 Reyes 23.29, 30). Jeremías quiso señalar que el pueblo se acarreó esto al rebelarse contra Dios.

2.22 La mancha del pecado es más profunda que la piel. Israel tenía manchas que no podían limpiarse, ni siquiera con los limpiadores más fuertes. La purificación espiritual debe ir hasta el corazón y este trabajo solo lo puede hacer Dios. No podemos obviar los efectos del pecado y esperar que desaparezcan. Su pecado ha originado una profunda mancha que Dios puede quitar y lo hará si usted está dispuesto a que Él lo limpie (Isaías 1.18; Ezequiel 36.25).

2.23-27 El pueblo se compara a animales que buscan pareja en tiempos de celo. Con desenfreno, corren hacia el poder, el dinero, las alianzas con potencias extranjeras y a otros dioses. Los ídolos no buscan a nadie. La gente busca a los ídolos y luego corre con ligereza en pos de ellos. Después se siente tan cómoda en su pecado que no puede pensar en renunciar a él. Su única vergüenza es que la atrapen. Si deseamos algo a tal punto que estamos dispuestos a hacer cualquier cosa para conseguirlo, esta es una señal de que somos adictos a ella y estamos fuera de sintonía con Dios.

2.30 Ser un profeta en esos tiempos implicaba grandes riesgos. Los profetas tenían que criticar las políticas de reyes malvados y esto los hacía parecer traidores. Los reyes odiaban a los profetas por levantarse en contra de sus políticas y, por lo general, el pueblo los odiaba por predicar en contra de sus estilos idólatras de vida. (Véase Hechos 7.52.)

2.31,32 El olvido ya sea accidental o intencional puede ser peligroso. Israel se olvidó de Dios al centrar sus afectos en los encantos del mundo. Mientras más nos concentremos en los placeres del mundo, más fácil resultará que nos olvidemos de la protección, el amor, la fiabilidad, la dirección de Dios y, sobre todo, de Él mismo. ¿Qué le agrada más? ¿Se ha olvidado de Dios últimamente?

REYES QUE VIVIERON DURANTE LA VIDA DE JEREMÍAS
Reyes
Historias de sus reinados
Fechas de sus reinados
Tipos de reinados
Mensajes de Jeremías a los reyes

Josías
2 Reyes 22.1–23.30
640–609 a.C.
En su mayor parte bueno
3.6–25

Joacaz
2 Reyes 23.31–33
609 a.C.
Malvado
22.11–17

Joacim
2 Reyes 23.34–24.7
609–598 a.C.
Malvado
22.18–23; 25.1–38; 26.1–24; 27.1–11; 35.1–19; 36.1–32

Joaquín
2 Reyes 24.8–17
598–597 a.C.
Malvado
13.18–27; 22.24–30

Sedequías
2 Reyes 24.18–25.26
597–586 a.C.
Malvado
21.1–14; 24.8–10; 27.12–22; 32.1–5; 34.1–22; 37.1–21; 38.1–28; 51.59–64

2.36 Dios no está en contra de las alianzas ni de las sociedades de trabajo, sino que está en contra de que la gente confíe en otros para recibir la ayuda que solo debe provenir de Él. Este era el problema en los tiempos de Jeremías. Después de los días de David y Salomón, Israel se dividió debido a que los líderes buscaron la ayuda de otras naciones y dioses y no del verdadero Dios. Jugaron políticas de poder, pensando que sus vecinos fuertes los protegerían. Pero Judá pronto aprendería que esta alianza con Egipto sería tan desalentadora como su antigua alianza con Asiria (2 Reyes 16.8, 9; Isaías 7.13–25).

Capítulo 3

3.1 Esta ley, que aparece en Deuteronomio 24.1–4, dice que una mujer a la que su primer marido le dio carta de divorcio por haber encontrado algo indigno en ella, nunca se podrá unir de nuevo a su primer esposo. Judá «se divorció» de Dios y «se casó» con otros dioses. Dios tenía todo el derecho de repudiar a su pueblo desobediente, pero en su misericordia estaba dispuesto a volverlos a recibir.

3.2 «Como árabe en el desierto» significa que así como un ladrón árabe se escondería y esperaría para saquear una caravana en viaje, Judá corría hacia la idolatría.

3.4,5 A pesar de su gran pecado, Israel seguía hablando como si fuera hijo de Dios. De la única manera que podían hacerlo era restando importancia a su pecado. Cuando sabemos que hemos hecho algo malo, queremos pasar por alto el error liberando así algo de la culpa que sentimos. Cuando le restamos importancia a nuestra maldad, por naturaleza nos asustamos ante los cambios que debemos hacer y, por lo tanto, continuamos pecando. Sin embargo, si viéramos cada actitud o acción errónea como una ofensa seria a Dios, comenzaríamos a entender lo que significa vivir para Él. ¿Hay algún pecado en su vida que considera demasiado pequeño como para preocuparse? Dios dice que debemos confesar y apartarnos de todo pecado.

3.6–6.30 El reino del norte, Israel, cayó ante Asiria y su pueblo lo llevaron en cautiverio. La lección trágica de su caída debió haber provocado que el reino del sur, Judá, regresara a Dios, pero no prestó atención. Jeremías exhortó a Judá a que volviera a Dios para evitar un desastre seguro. Su mensaje llegó entre 627 y 621 a.C. durante el reinado de Josías. A pesar de que este rey obedeció los mandamientos de Dios, su ejemplo aparentemente no llegó al corazón del pueblo. Si el pueblo se negaba a arrepentirse, Dios dijo que destruiría la nación debido a la maldad del abuelo de Josías, el rey Manasés (2 Reyes 23.25–27).

3.11-13 Israel ni siquiera trataba de aparentar obediencia a Dios, sin embargo, Judá mantuvo su apariencia de fe verdadera sin un corazón sincero. Creer la sana doctrina sin un compromiso de corazón es como ofrecer sacrificios sin un verdadero arrepentimiento. El falso arrepentimiento de Judá trajo palabras condenatorias de Jeremías. Vivir sin fe es caso perdido y expresar dolor sin cambiar resulta traicionero y desleal. No basta con sentirse mal por el pecado. El arrepentimiento demanda un cambio de actitud y corazón que resulta en un cambio de conducta.

3.12-18 El reino del norte, Israel, estaba en cautiverio, castigado por sus pecados. El pueblo de Judá despreció a estos vecinos del norte por su herejía flagrante y por su degradación moral. Aun así, Jeremías prometió al remanente de Israel las bendiciones de Dios si se volvían a Él. Judá, todavía seguro en su propia opinión, debió haberse vuelto a Dios después de ver la destrucción de Israel. Pero rehusó hacerlo, así que Jeremías los sorprendió al hablarles acerca de la promesa de Dios al remanente de Israel si se arrepentían.

3.15 Dios prometió dar líderes del pueblo («pastores» conforme a su corazón) que lo siguieran, llenos de conocimiento (sabiduría) y entendimiento. Dios observó la falta de dirección de Israel, por lo que prometió enviar la clase correcta de liderazgo para ellos. Miramos a nuestros líderes y confiamos en ellos para que nos guíen y dirijan. Pero si no siguen a Dios, nos desviarán del camino verdadero. Ore que nuestras naciones, comunidades e iglesias tengan líderes que honren a Dios, líderes que sean buenos ejemplos y nos traigan la sabiduría de Dios.

3.16, 17 En los días que Salomón reinó sobre una nación unida, el pueblo tuvo un hermoso templo donde adoraban a Dios. El templo guardaba el arca del pacto, símbolo de la presencia de Dios con su pueblo. El arca guardaba las tablas de los Diez Mandamientos (véase Éxodo 25.10–22). En el reino futuro, no se extrañarían esos días con el arca porque Dios estaría presente en medio de su pueblo a través del Espíritu Santo.

3.22-25 Jeremías predijo el día en que la nación volvería a unirse, la verdadera adoración se reinstauraría y el pecado se vería como tal. Nuestro mundo glorifica la emoción que surge de la riqueza, competencia y placer sexual y pasa por alto el pecado que con tanta frecuencia se asocia con estas emociones. Resulta muy triste el hecho de que muy pocos vean el pecado tal y como es: un engaño. La mayoría de la gente no puede verlo hasta que se ve destruida por el pecado que ha perseguido. La ventaja de creer en la Palabra de Dios es que no tenemos que aprender por dura experiencia los resultados destructivos del pecado.

Capítulo 4

4.3 Jeremías dijo al pueblo que rompiera la dureza de sus corazones de la misma forma que un arado rompe el suelo sin labrar. Los reyes buenos como Josías trataron de hacer que el pueblo volviera a Dios, pero el pueblo continuó adorando a sus ídolos en secreto. Sus corazones se endurecieron a la Palabra de Dios. Jeremías dijo que el pueblo necesitaba quitar el pecado que endureció sus corazones antes que la buena semilla de la Palabra de Dios pudiera echar raíces. De la misma forma, debemos apartar el pecado que endurece nuestros corazones si esperamos que la Palabra de Dios eche raíces y crezca en nuestras vidas.

4.6, 7 El mal del norte vendría desde Babilonia cuando Nabopolasar y Nabucodonosor II lo atacaran (véase 2 Crónicas 36).

4.10 Jeremías, profundamente conmovido por las palabras de Dios, expresó su lamento y confusión a Dios. Jeremías era intercesor del pueblo. Ellos tenían falsas expectativas por sus promesas pasadas de bendición, su ceguera ante su pecado y los falsos profetas que continuaban diciéndoles que todo marchaba bien.

4.15 La fatalidad se anunció antes para Dan y el monte de Efraín debido a que estaban localizados en la frontera norte de Israel y así serían los primeros en ver que se acercaban los ejércitos cuando atacaran desde el norte. Nadie detendría a los ejércitos debido a que vendrían como castigo por el pecado del pueblo.

4.19-31 Jeremías estaba angustiado por la devastación segura que habría de venir por el juicio. Este juicio seguiría hasta que el pueblo se volviera de su pecado y escuchara a Dios. A pesar de que esta profecía se refiere a la futura destrucción babilónica, también puede describir el juicio para todos los pecadores en el fin del mundo.

4.22 Judá demostró talento en hacer el mal y no supo cómo hacer el bien. La vida recta es algo más que evitar el pecado. Se requiere decisión y disciplina. Debemos desarrollar habilidades para vivir correctamente debido a que nuestra conducta atrae la atención de Dios. Debemos tratar de alcanzar la excelencia en la vida cristiana con el mismo esfuerzo que perseguimos la excelencia en el trabajo.

4.27 Dios advirtió que la destrucción era segura. Sin embargo, prometió que el remanente fiel sería salvo. Dios está comprometido a preservar a quienes le son fieles.

Capítulo 5

5.1 Jerusalén era la ciudad capital y el centro de adoración de Judá, sin embargo Dios desafió a cualquiera a encontrar al menos una persona justa y veraz en toda la ciudad. Dios estaba dispuesto a salvar la ciudad si se encontrara una persona así (hizo una declaración similar sobre Sodoma, véase Génesis 18.32). Piense cuán significativo puede ser su testimonio en su ciudad o comunidad. A lo mejor usted es el único testimonio de Dios para mucha gente. ¿Es fiel a esa oportunidad?

5.3 Dios solo acepta la verdad. Cuando oramos, cantamos, hablamos o servimos, nada cierra la puerta a la aceptación de Dios más que la hipocresía, mentiras o jactancia. Dios ve a través nuestro y se niega a escuchar. Para estar cerca de Dios, séale sincero.

5.4,5 Aun los líderes que conocían las leyes de Dios y entendían sus palabras de juicio lo rechazaron. Se suponía que debían enseñar y guiar al pueblo, pero en lugar de eso los guiaron al pecado. Jeremías observó a los pobres y enloquecidos (ignorantes), esos que desconocían los caminos de Dios y se dio cuenta que no aprendían las leyes de Dios de sus líderes. Por lo tanto, la búsqueda de Dios en Jerusalén fue total, no había seguidores verdaderos en ningún nivel de la sociedad.

5.7 Dios responsabilizó a estas personas de los pecados de sus hijos ya que siguieron el ejemplo de sus padres. El pecado de desviar a otros a través de nuestro ejemplo, sobre todo a los hijos, es un pecado por el que Dios nos hará responsables.

5.15 Babilonia era en efecto una nación antigua. El antiguo Imperio Babilónico duró aproximadamente desde 1900 a.C. al 1550 a.C., y los reinos anteriores habitaron su suelo desde 3000 a.C. Babilonia, en los días de Jeremías, pronto se rebelaría en contra del domino asirio, formaría su propio ejército, conquistaría Asiria y llegaría a ser la siguiente potencia mundial dominante.

5.21 ¿Ha hablado a alguien alguna vez solo para darse cuenta de que no ha escuchado ni una palabra de lo que le decía? Jeremías dijo al pueblo que ni sus ojos ni sus oídos les servían de algo debido a que se negaban a ver y escuchar el mensaje de Dios. Los pueblos de Judá e Israel fueron neciamente sordos cuando Dios les prometió bendiciones por su obediencia y destrucción por su desobediencia. Cuando Dios habla mediante su Palabra o sus mensajeros, nos hacemos daño al no prestar atención. El mensaje de Dios nunca nos cambiará a menos que lo escuchemos.

5.22-24 ¿Cuál es su actitud cuando llega a la presencia de Dios? Debemos ir con temor y temblor (esto es asombro y respeto), porque Dios pone límites a los inmensos mares, y establece las lluvias y cosechas. Dios tuvo que quitarles todos los beneficios que Judá e Israel llegaron a respetar más que a Él mismo, con la esperanza de que el pueblo se volviera a Dios. No espere a que Dios le quite los recursos que ama, antes de comprometerse con Él como debería.

5.28,29 Pueblos y naciones que agradan a Dios tratan a sus huérfanos con justicia y se ocupan de los pobres. Los malvados en Israel trataban injustamente a los indefensos, lo que disgustaba a Dios en gran manera. Algunas personas indefensas están a nuestro alcance: huérfanos, pobres, solitarios y desamparados. ¿Qué acciones puede emprender para ayudar al menos a uno de ellos?
Capítulo 6

6.1 El Señor advirtió a la tribu de Benjamín (la tribu de Jeremías) que escapara, no hacia la seguridad de la gran ciudad amurallada de Jerusalén porque estaría bajo sitio, sino hacia Tecoa, un pueblo localizado más o menos a 19 km al sur de Jerusalén. La señal de humo, como advertencia, se encendió en Bet-haquerem, a la mitad del camino entre Jerusalén y Belén.

6.3 Los pastores eran los líderes de los ejércitos babilónicos y los rebaños sus tropas.

6.9 El remanente mencionado aquí no debe confundirse con el remanente santo. Este último son los que quedaron después de la primera ola de destrucción. Como un vendimiador, Babilonia no se satisfaría hasta que cada persona se llevara al cautiverio. Invadió Judá tres veces hasta que logró destruir la nación y su templo por completo (2 Reyes 24, 25).

6.10 El pueblo se enojó y cerró sus oídos. No quiso ningún mandamiento de Dios porque vivir para Él no les pareció emocionante. Como en los días de Jeremías, a la gente de hoy no le agrada la demanda de Dios de una vida disciplinada. Aunque sean inquietantes las respuestas de la gente, debemos continuar anunciando la Palabra de Dios. Nuestra responsabilidad es presentar la Palabra de Dios, la de ellos es aceptarla. No debemos permitir que lo que la gente quiera escuchar establezca el parámetro de lo que decimos.

6.14 «¡Olvídate de eso y quizás desaparezca!» ¿Le suena familiar? Esta fue la respuesta de Jerusalén a las advertencias de Jeremías. Siguieron escuchando las predicciones de paz, porque no les gustaba cómo Jeremías condenaba su pecado. Pero negar la verdad nunca la cambia, lo que Dios dice siempre sucede. El pecado nunca desaparece al negar su existencia. Debemos confesar a Dios que hemos pecado y pedirle que nos perdone.

6.16 El buen camino para vivir es antiguo y Dios lo ha señalado. Pero el pueblo rehusó tomar el sendero de Dios, yendo por su propio camino. Nosotros enfrentamos la misma decisión: andar por el camino de Dios antiguo pero verdadero, o seguir un nuevo sendero a nuestra elección. No se deje engañar. La única manera de hallar paz y «descanso para vuestra alma», es tomar el sendero de Dios.

6.20 Sabá, localizada en el sudoeste de Arabia, era un centro de intercambio comercial en incienso y especias usados en rituales religiosos paganos.

6.29-30 El metal se purificaba mediante el fuego. Conforme se calienta, se queman las impurezas y solo permanece el metal puro. Cuando Dios probó al pueblo de Judá, sin embargo, no encontró pureza en sus vidas. Siguieron en sus caminos de maldad. ¿Ve usted impurezas en su vida que deben quemarse? Confiéselas a Dios y permítale que lo purifique como Él tenga a bien hacerlo. Dedique tiempo ahora para meditar en las esferas de su vida que Él ya ha refinado, luego agradézcale lo que está haciendo.

Capítulo 7

7.1–10.25 Al inicio de esta sección, Dios envía a Jeremías a las puertas del templo para enfrentar la falsa creencia de que Dios no permitiría que dañasen el templo y a los que vivieran cerca de él. Jeremías reprende al pueblo por su falsa e inútil religión, su idolatría y la conducta desvergonzada del pueblo y sus líderes. Judá, dice él, está listo para el juicio y el cautiverio. Esto sucedió durante el reinado de Joacim, un títere de Egipto. La nación, conmocionada por la muerte de Josías, atravesaba un trastorno espiritual que dañó mucho del bien que Josías hizo. Los temas de esta sección son la falsa religión, la idolatría y la hipocresía. Casi matan a Jeremías a causa de este sermón, pero los oficiales de Judá lo salvaron (véase capítulo 26).

7.2,3 El pueblo siguió un ritual de adoración, pero mantuvo un estilo de vida pecaminoso. Era una religión sin compromiso personal con Dios. Nosotros podemos fácilmente hacer lo mismo. Asistir a la iglesia, tomar la cena, enseñar en la Escuela Dominical, cantar en el coro: todos estos son ejercicios vacíos, a menos que lo hagamos verdaderamente para Dios. Es bueno realizar estas actividades, no porque tengamos que hacerlas para la iglesia, sino porque queremos hacerlas para Dios.

7.9–11 Estos son algunos paralelos entre cómo el pueblo de Judá veía su templo y cómo muchas personas en la actualidad ven sus iglesias: (1) No hacían al templo parte de su vida diaria. Asistimos a iglesias hermosas muy bien preparadas para la adoración, pero a menudo no llevamos la presencia de Dios con nosotros a lo largo de la semana. (2) La imagen del templo se volvió más importante que la esencia de la fe. La imagen de asistir a la iglesia y pertenecer a un grupo se puede volver más importante que la esencia de una vida cambiada por Dios. (3) El pueblo utilizó el templo como un santuario. Muchos emplean la afiliación religiosa como un escondite, pensando que los protegerá del mal y los problemas.

7.11, 12 Jesús utilizó las palabras del versículo 11 al limpiar el templo (Marcos 11.17; Lucas 19.46). Este pasaje se aplica tanto al mal que había en el templo en los días de Jesús como en los de Jeremías. El tabernáculo de Dios permaneció en Silo, pero al parecer se abandonó a Silo (Salmo 78.60; Jeremías 26.6). Si Dios no preservó a Silo porque el tabernáculo se encontraba allí, ¿por qué preservaría a Jerusalén con su templo?

7.15 Efraín es otro nombre dado a Israel, el reino del norte, que Asiria llevó al cautiverio en 722 a.C.

7.18 «La reina del cielo» era un nombre para Istar, la diosa mesopotámica del amor y la fertilidad. Después de la caída de Jerusalén, los refugiados de Judea que huyeron a Egipto continuaron adorándola (44.17). Un papiro del siglo V a.C, encontrado en Hermópolis, Egipto, menciona a la reina del cielo entre los dioses honrados por la comunidad judía que vivía allí.

7.19 Este versículo responde a la pregunta: «¿Quién se daña cuando nos apartamos de Dios?» ¡Nosotros! Separarnos de Dios es como apartar a una planta verde de la luz del sol y del agua. Dios es nuestra única fuente de fortaleza espiritual. Apártese de esa fuente y se apartará de la vida misma.

7.21–23 Dios estableció un sistema de sacrificios para alentar al pueblo a que lo obedeciera (véase el libro de Levítico). Demandaba que el pueblo hiciera estos sacrificios, no porque estos por sí mismos lo agradaran, sino porque hacían que el pueblo reconociera sus pecados y se centrara en vivir para Dios. Fielmente llevaron a cabo los sacrificios, pero olvidaron el porqué los ofrecían y por lo tanto desobedecieron a Dios. Jeremías recordó al pueblo que llevar a cabo rituales religiosos carecía de significado a menos que estuvieran preparados para obedecer a Dios en todas los aspectos de la vida. (Véase el cuadro en Oseas 7.)

7.25 Desde los tiempos de Moisés hasta el final del período del Antiguo Testamento, Dios envió muchos profetas a Israel y Judá. Por malas que fueran las circunstancias, Dios siempre tuvo un profeta que habló en contra de sus apáticas actitudes espirituales.

7.31, 32 Los lugares altos (los altares) de Tofet (que significa «ardiendo» o «inmundicia») estaban localizados en el valle del hijo de Hinom, lugar donde se botaban el escombro y la basura de la ciudad. Este altar se utilizaba para adorar a Moloc, un dios que demandaba sacrificios de niños (2 Reyes 23.10). Su valle de sacrificios se transformaría en valle de matanza a manos de los babilonios. En el mismo lugar en que el pueblo mató a sus hijos en pecaminosa idolatría, él también sería masacrado.

Capítulo 8

8.1,2 La amenaza de que las tumbas del pueblo de Judá se abrirían era horrible para un pueblo que honraba en gran manera a la muerte y creía que abrir tumbas era una gravísima profanación. Este sería un sarcástico castigo para los idólatras: sus cuerpos yacerían bajo el sol, la luna y las estrellas, los dioses que creían podían ayudarlos.

8.4-6 Cuando una persona cae o se percata de que va mal encaminada, la única reacción sensata sería levantarse o cambiar de dirección. Pero a medida que Dios observaba la nación, veía que la gente vivía una vida de pecado que ella misma eligió, engañándose de que no habría consecuencias. Perdieron la perspectiva respecto a la voluntad de Dios para sus vidas e intentaban minimizar su pecado. ¿Existen algunos indicadores de que usted se ha caído o va por mal camino? ¿Qué está haciendo para volver al buen camino?

8.16 Dan era la tribu ubicada más al norte de Israel.

8.18 Jeremías implora a Dios que salve a su pueblo.

8.20-22 Estas palabras ofrecen una ilustración vívida de la impresión de Jeremías cuando vio a su pueblo rechazar a Dios. Respondió con angustia a un mundo que moría en pecado. Aún vemos ese mismo mundo que muere en pecado por rechazar a Dios. Pero, ¿cuán a menudo se nos quebranta el corazón por amigos y vecinos perdidos, por nuestro mundo perdido? Solo cuando tengamos el tipo de interés que tuvo Jeremías nos sentiremos motivados a ayudar. Debemos comenzar por pedir que Dios quebrante nuestros corazones por el mundo que Él ama.

8.22 Galaad fue famosa por sus bálsamos curativos (medicina). Esta es una pregunta retórica. La obvia respuesta es: «Sí, Dios», pero Israel no aplicaba el bálsamo, no obedecía a Dios. A pesar de que la enfermedad espiritual del pueblo seguía siendo muy profunda, podía curarse. Sin embargo, el pueblo rechazó la medicina. Dios podía sanar las heridas que se ocasionaron, pero Él no los obligaría a recibir sanidad.

Capítulo 9

9.1–6 Jeremías sintió emociones encontradas con respecto a su pueblo. Mentira, fraude, traición, adulterio e idolatría eran pecados frecuentes. Se enojó por el pecado de ellos, pero también sentía compasión. Dios lo apartó de ellos por su trabajo para Él, pero también era uno de ellos. Jesús tuvo sentimientos similares cuando estuvo frente a Jerusalén, la ciudad que lo rechazaría (Mateo 23.37).

9.23,24 La gente tiende a admirar cuatro cualidades en los demás: sabiduría humana, poder (valor), misericordia y riqueza. Sin embargo, Dios establece como prioridad más alta conocerlo en forma personal y vivir de manera que se refleje su justicia y rectitud. ¿Por qué cualidades desea que la gente más lo admire?

9.25, 26 La circuncisión se remonta a los días de Abraham. Para el pueblo de Israel era símbolo de su relación de pacto con Dios (Génesis 17.9–14). La circuncisión también la practicaban naciones paganas, pero no como señal de un pacto con Dios. En la época de Jeremías, los israelitas olvidaron el significado espiritual de la circuncisión aun cuando seguían realizándola.

Capítulo 10

10.2, 3 Todos quisiéramos conocer el futuro. Las decisiones serían más fáciles de tomar, se evitarían los fracasos y se asegurarían algunos éxitos. El pueblo de Judá también quería conocer el futuro y trató de discernirlo interpretando las señales de los cielos. La respuesta de Jeremías es aplicable también hoy: Dios creó la tierra y los cielos, incluyendo las estrellas que la gente consulta y adora (10.12). Nadie descubrirá el futuro en cartas inventadas de estrellas de Dios. Sin embargo, Dios, quien promete guiarnos, conoce su futuro y estará con usted en todos sus pasos. Quizás no le revele el futuro, pero caminará a su lado a medida que lo despliega. No confíe en las estrellas, confíe en aquel que creó las estrellas.

10.8 Son necios los que depositan su confianza en un trozo de madera, aun cuando esté bien tallado y vestido espléndidamente. Al discernir quién es el verdadero Dios, la persona más simple que lo adora es más sabia que la más sabia que adora a un ídolo carente de valor. ¿En qué o en quién deposita su confianza?

10.9 Tarsis estaba localizada al límite este del mundo antiguo, quizás lo que es hoy España (véase Jonás 1.6), era una fuente de plata, estaño, plomo y hierro para Tiro (Ezequiel 27.12). La ubicación de Ufaz se desconoce. En cambio, quizás sea un término metalúrgico para oro refinado. No importa cuán bien hecho o cuán hermosos sean los ídolos, nunca tendrán el poder y la vida del Dios vivo y verdadero.

10.19-21 En esta sección, Jeremías usa la imagen de los nómadas que vagan en el desierto tratando de montar sus tiendas. Los pastores de la nación son los líderes malvados responsables de la calamidad. Los rebaños son el pueblo de Judá. En lugar de que los líderes guiaran al pueblo de Dios, lo llevaron por el rumbo equivocado.

10.23,24 La habilidad de Dios para planear bien nuestras vidas es infinitamente mayor que la nuestra. Algunas veces tememos el poder y los planes de Dios porque sabemos que es muy fácil que su poder nos aplaste si lo usara en nuestra contra. No tema permitir que Dios corrija sus planes. Le dará sabiduría si usted está dispuesto.

Capítulo 11

11.1–13.27 Esta sección corresponde al pacto quebrantado, una reprensión para los que volvieron a la idolatría después de la reforma del rey Josías. La reprimenda de Jeremías provocó una amenaza en contra de su vida por sus conciudadanos. Mientras sufría, Jeremías ponderó la prosperidad de los malvados. Al concluir con estas palabras, empleó un cinto de lino podrido y tinajas de vino como lecciones objetivas del juicio de Dios que vendría (véase la nota a 13.1–11).

11.14 A primera vista este versículo es estremecedor. Dios dice a Jeremías que no ore y agrega que no escuchará a la gente que lo hace. Vendrá un tiempo cuando Dios deba aplicar justicia. El pecado trae su propia amarga recompensa. Si el pueblo no se arrepentía y seguía pecando, ni sus oraciones ni las de Jeremías evitarían el juicio de Dios. Su única esperanza era el arrepentimiento: dolor por el pecado, apartarse de él y buscar a Dios. ¿Cómo oramos para que Dios nos ayude si no hemos comprometido nuestras vidas a Él? Sus bendiciones vienen cuando nos entregamos a Él, no cuando con egoísmo nos asimos a nuestros caminos de maldad.

11.18–23 Para sorpresa de Jeremías, el pueblo de Anatot, su pueblo natal, se estaba confabulando para matarlo. Querían silenciar su mensaje por diversas razones: (1) económica, esto dañaría el negocio de los fabricantes de ídolos; (2) religiosa, el mensaje de destrucción y fatalidad hizo que el pueblo se sintiera deprimido y culpable; (3) política, abiertamente reprendió su política hipócrita; y (4) personal, el pueblo lo odiaba por mostrarle que estaba equivocado. Jeremías tenía dos opciones: correr y esconderse, o clamar a Dios. Clamó y Dios respondió. Como Jeremías, nosotros podemos correr y escondernos cuando enfrentemos amenazas por nuestra fidelidad a Dios, o podemos pedirle ayuda. Escondernos compromete nuestro mensaje, clamar a Dios permite que Él lo confirme.

Capítulo 12

12.1–6 Muchos han preguntado: «¿Por qué es prosperado el camino de los impíos?» (Véanse, por ejemplo Job 21.4–21; Habacuc 1.1–4.) Jeremías sabía que al final llegaría la justicia de Dios, pero Él se impacientaba debido a que quería que la justicia llegara pronto. Dios no da una respuesta doctrinal, en vez de eso nos hace un desafío: Si Jeremías no pudo resolver esto, ¿cómo enfrentaría las injusticias venideras? Es natural que demandemos un juego justo y que clamemos por justicia en contra de los que se aprovechan de los demás. Pero cuando pidamos justicia, debemos darnos cuenta que nosotros mismos estaremos en grandes dificultades si Dios nos da a cada uno lo que realmente merecemos.

12.5,6 La vida fue sumamente difícil para Jeremías a pesar de su amor y obediencia a Dios. Cuando clamó a Él para que le diera alivio, su respuesta en efecto fue: «Si tú crees que esto es malo, ¿cómo te las arreglarás cuando esto se vuelva realmente difícil?» No todas las respuestas de Dios a la oración son agradables ni fáciles de aceptar. Cualquier cristiano que ha experimentado una guerra, dolor o enfermedad seria lo sabe. Sin embargo, debemos estar comprometidos a Dios aun cuando los tiempos se vuelvan difíciles y cuando sus respuestas a nuestras oraciones no nos den un alivio inmediato.

Capítulo 13

13.1 Un cinto de lino era una prenda íntima, ajustado cerca del cuerpo. Era como ropa interior. La acción de Jeremías mostró cómo Dios destruiría a Judá así como destruyó su cinto de lino.

13.1-11 Las acciones hablan más que las palabras. Jeremías a menudo utilizó lecciones vívidas y objetivas para despertar la curiosidad del pueblo y lograr que comprendieran su mensaje. Esta lección del cinto de lino ilustra el destino de Judá. A pesar de la cercanía con Dios que el pueblo una vez disfrutó, su soberbia los volvió inútiles. Una persona soberbia puede verse importante, pero Dios dice que su soberbia la hace buena para nada, completamente inútil. La soberbia pudre nuestros corazones hasta el punto que dejamos de ser útiles a Dios.

13.15 Si bien es bueno respetar el país y la iglesia, nuestras lealtades siempre llevan un peligro oculto: el envanecimiento. ¿Cuándo es dañino el orgullo? Cuando nos hace: (1) menospreciar a otros; (2) ser egoístas con nuestros recursos; (3) tratar de imponer nuestras soluciones a los problemas de otros; (4) pensar que Dios nos bendice por nuestros méritos; (5) contentarnos con nuestros planes en vez de buscar los de Dios.

13.18 El rey es Joaquín y la reina madre es Nehusta. El padre del rey, Joacim, se rindió ante Nabucodonosor, pero más tarde se rebeló. Durante el reinado de Joaquín, los ejércitos de Nabucodonosor sitiaron Jerusalén y tanto Joaquín como Nehusta se rindieron. A Joaquín lo enviaron a Babilonia y lo encarcelaron (2 Reyes 24.1–12). La profecía de Jeremías se cumplió.

13.19 La región del Neguev es la porción de tierra árida e improductiva que se extiende al sur de Beerseba. Las ciudades en esta área se cerrarían a cualquier refugiado que huyera del ejército invasor.

13.23 Ni siquiera la amenaza de la cautividad movería al pueblo al arrepentimiento. La gente estaba tan habituada a hacer el mal que perdió la habilidad para cambiar. Dios nunca rechaza a los que con sinceridad se vuelven a Él. Les advierte que se arrepientan antes de que sea demasiado tarde. Nunca debemos dejar para mañana los cambios que Dios quiere que hagamos. Las actitudes y los patrones de vida pueden arraigarse tanto en nosotros hasta hacernos perder todo deseo de cambiar y ya no temer a las consecuencias.

Capítulo 14

14.1ss La sequía fue un juicio con consecuencias devastadoras. Como siempre, cuando se sentían acorralados, el pueblo clamaba a Dios. Sin embargo, Él rechazó su súplica porque no se arrepintió, solo quería que Dios lo rescatara. Ni siquiera las oraciones de Jeremías los ayudaría. Su única esperanza era volverse a Dios.

14.1–15.21 Esta sección da inicio con la sequía que Dios envió a Judá y cómo Él se negó a responder las oraciones que pedían lluvia. Continúa con la descripción que Jeremías hace del juicio venidero.

14.14 ¿Qué llevó al pueblo a escuchar y apoyar a los falsos profetas? Decían lo que el pueblo quería escuchar. Los falsos maestros ganan fama y dinero por decirle a la gente lo que esta quiere escuchar, pero estos falsos maestros apartan a la gente de Dios. Si los alentamos, somos tan culpables como ellos.

14.19–22 Al interceder por el pueblo, Jeremías le preguntó a Dios si lo ayudaría en caso que se arrepintieran. Pero Dios se negó en ir en su auxilio (15.1) debido a que el pueblo era falso, malvado y obstinado. Sabía que Él los quería bendecir y sabía lo que debía hacer para recibir esa bendición. Quería que Dios hiciera su parte, pero Judá no quería hacer la suya. Es muy fácil expresar dolor por las malas acciones, sobre todo cuando queremos algo, pero debemos estar dispuestos a dejar de hacer esas malas acciones. Dios perdonará a los que se arrepienten de veras, pero la hipocresía la castigará con severidad.

Capítulo 15

15.1 Moisés y Samuel fueron dos de los más grandes profetas de Dios. Al igual que Jeremías, ambos intercedieron entre Dios y el pueblo (Éxodo 32.11; Números 14.11–20; 1 Samuel 7.9; 12.17; Salmo 99.6). A menudo la intercesión es eficaz. En este caso, sin embargo, el pueblo era tan malvado y obstinado que Dios sabía que no se volvería a Él.

15.3, 4 La meta de estos castigos era destruir la vida y devorar la muerte. Esto sucedería debido al reinado perverso de Manasés y al pecado del pueblo (2 Reyes 21.1–16; 23.26; 24.3) y la destrucción sería total. El pueblo pudo haber argumentado que no debían culparlos de los pecados de Manasés, pero ellos siguieron lo que Manasés comenzó. Si a sabiendas seguimos a líderes corruptos, no tendremos excusas de ser culpables de sus malos ejemplos.

15.17–21 Jeremías acusó a Dios de no ayudarlo cuando realmente lo necesitaba. Jeremías dejó de poner los ojos en los propósitos de Dios y sentía lástima de sí mismo. Estaba enojado, herido y asustado. En respuesta, Dios no se enojó con él, respondió volviendo a orientar las prioridades de Jeremías. Como vocero de Dios, debía influir en el pueblo, no permitir que ellos influyeran en él. Hay tres lecciones importantes en este pasaje: (1) en la oración podemos revelarle a Dios nuestros más profundos pensamientos; (2) Dios espera que confiemos en Él a pesar de las circunstancias; y (3) estamos aquí para influir en otros para Dios.

Capítulo 16

16.1–17.18 Esta sección describe el día de desastre que se aproximaba. Comienza mostrando la soledad de Jeremías. Es un paria social debido a sus duros mensajes y a su estilo de vida célibe. No debía casarse, ni tener hijos, ni tomar parte en funerales ni banquetes. Esta sección concluye con otra súplica para evitar el juicio al volverse a Dios. Sin embargo, el pueblo no hizo caso a las palabras de Jeremías y la primera ola de destrucción vino casi de inmediato, en 605 a.C. (2 Reyes 24.8–12). La segunda vino en 597 a.C. y Judá quedó totalmente destruida en 586 a.C.

16.5-7 En la cultura de Jeremías era inconcebible no mostrar el dolor públicamente. La ausencia de duelo indicaba cuán completa sería la devastación del pueblo. Morirían tantos que sería imposible celebrar rituales de duelo para todos.

16.8-13 A Jeremías se le pidió que no participara de fiestas ni otras actividades alegres a fin de expresar cuán en serio Dios tomaba el pecado de la nación. En ambos casos (no manifestar en público su dolor o gozo) la vida de Jeremías era para llamar la atención e ilustrar la verdad de Dios. A veces pensamos que la única manera de comunicación es hablar o enseñar, pero Dios puede usar una amplia variedad de hechos para darnos su mensaje. Use su creatividad.

16.14, 15 El libro de Éxodo narra el milagroso rescate que Dios llevó a cabo para su pueblo librándolos de la esclavitud egipcia (Éxodo 1–15). El regreso del pueblo del cautiverio iba a ser tan trascendental que sería aun más importante que el éxodo de Egipto. A pesar de la gran obstinación de su pueblo, Dios mostraría una vez más su gran misericordia.

16.17 Los niños pequeños piensan que si no nos ven, no podemos verlos a ellos. El pueblo de Israel pudo desear que con solo cerrar los ojos se ocultara de Dios. A pesar de que cerraron sus ojos a sus caminos de maldad, sus pecados sin duda no quedaron ocultos ante Dios. No se puede engañar al que lo ve todo. ¿Tiene alguna actitud pecaminosa o ha cometido algún pecado que espera que Dios no note? Él conoce todo. El primer paso hacia el arrepentimiento es reconocer que Dios conoce nuestros pecados.

16.19 En esta oración, Jeremías se acerca a Dios con tres nombres descriptivos: fortaleza, fuerza y refugio. Cada uno nos da una visión un poco diferente de cómo Jeremías experimentó la presencia de Dios, y a su vez es una descripción de seguridad y protección. Permita que Dios sea su fortaleza cuando los enemigos vengan en su contra, su fuerza cuando se sienta débil y su refugio cuando necesite apartarse de las presiones de la vida.

Capítulo 17

17.1 El pueblo de Dios siguió pecando a pesar de que tenían la Ley, los profetas de Dios y una historia llena de sus milagros. ¿Cómo pudieron hacerlo? ¿Por qué continuamos amando el pecado aun cuando entendemos las consecuencias eternas? Jeremías dice que el corazón es engañoso (17.9) y «el pecado de Judá escrito está[…] en la tabla de su corazón». Los hebreos simbolizaron los aspectos variados de una persona al localizarlos en ciertos órganos físicos. El corazón era el órgano de la razón, inteligencia y voluntad. Es tan profunda nuestra tendencia al pecado que solo la redención de Dios puede liberarnos.

17.5–8 Aquí se contrastan dos clases de personas: los que confían en el ser humano y los que confían en Dios. El pueblo de Judá confiaba en dioses falsos y en alianzas militares y no en Dios. Por lo tanto, fueron áridos y sin frutos. En contraste, los que confían en el Señor florecen como árboles plantados junto al agua (Salmo 1). En tiempos difíciles, quienes confían en el ser humano se empobrecerán y serán débiles espiritualmente, así que no tendrán fuerzas a las que recurrir. Sin embargo, quienes confían en el Señor tendrán abundante fortaleza, no solo para sus necesidades, sino para las de los demás. ¿Está satisfecho de no llevar frutos o, como un árbol bien regado, tiene fuerzas para los tiempos de crisis y algo más para dar a otros mientras usted lleva fruto para el Señor?

17.9,10 Dios aclara por qué pecamos: es un asunto del corazón. Nuestros corazones han estado inclinados hacia el pecado desde el momento en que nacimos. Es fácil caer en la rutina de olvidar y abandonar a Dios. Pero aún podemos decidir si continuamos o no en pecado. Podemos ceder a una tentación específica, o podemos pedir ayuda a Dios para resistir la tentación cuando esta llegue.

17.11 Hay un buen camino y un mal camino para realizar cualquier tarea. Jeremías dice que el hombre que se enriquece mediante el engaño terminará insensato y pobre. Ya sea en el trabajo, en la escuela o en el juego, debemos luchar por ser honestos en nuestros tratos. Obtener un ascenso, pasar un examen o ganar prestigio con injusticia nunca traerá bendición de Dios ni felicidad duradera.

17.19–27 El pueblo usaba el día de reposo, su día de descanso (Éxodo 20.8–11), para trabajar. Consideraban que hacer dinero era más importante que cumplir la Ley de Dios. Si se arrepentían y ponían a Dios en el primer lugar de sus vidas, Dios prometía honrarlos entre las naciones. Un siglo más tarde, cuando Nehemías guió a los cautivos hacia Jerusalén, una de sus más importantes reformas fue la de volver a instituir el día de reposo (Nehemías 13.15–22).

17.26 El Neguev es la parte sur de Judá.

Capítulo 18

18.1–19.15 Las parábolas de estos capítulos, quizás escritas durante los primeros años del reinado de Joacim, ilustran la soberanía de Dios sobre la nación. Dios tiene poder sobre el barro (Judá) y Él sigue trabajando para convertirlo en una vasija útil. Sin embargo, Judá debía arrepentirse pronto o el barro se endurecería en la forma equivocada. Entonces carecería de valor y lo quebrarían y destruirían.

18.6 Conforme el alfarero moldeaba o daba forma a la vasija de barro en su rueda, a menudo iban apareciendo los defectos. El alfarero tenía poder sobre el barro, para dejar los defectos o para volver a moldear la vasija. Asimismo, Dios tenía poder para volver a dar forma a la nación y conformarla según sus propósitos. Nuestra estrategia no debería ser volvernos inconscientes ni pasivos (un aspecto del barro), sino con voluntad y receptivos al impacto de Dios en nosotros. En la medida que se lo permitimos, Dios vuelve a darnos forma para que seamos vasijas valiosas.

LECCIONES OBJETIVAS DE DIOS EN JEREMÍAS
Referencia
Lección objetiva
Significado

1.11, 12
Una vara de almendro
Dios cumplirá sus amenazas de castigo.

1.13
Una olla que hierve; y su faz está hacia el norte
Dios castigará a Judá.

13.1–11
Un cinto de lino podrido
Debido a que el pueblo se negó a escuchar a Dios, se volvió inútil para Él, inservible, como un cinto podrido.

18.1–17
La vasija de barro del alfarero
Dios puede destruir a su pueblo pecador si así lo desea. Esta es una advertencia para que se arrepientan antes de que se vea forzado a aplicar su juicio.

19.1–12
La vasija de barro rota
Dios quebrantará a Judá de la misma manera que Jeremías rompió las vasijas.

24.1–10
Las dos cestas de higos
Los buenos higos representan el remanente de Dios. Los higos malos representan la gente que queda atrás.

27.2–11
El yugo
Cualquier nación que se negare a someterse al yugo de control de Babilonia sería castigada.

43.8–13
Las piedras grandes
Las piedras marcaban dónde Nabucodonosor establecería su trono cuando Dios le permitiera conquistar Egipto.

51.59–64
El libro hundido en el río
Babilonia se hundiría para nunca volverse a levantar.

18.12 Nuestra sociedad admira la agresividad, independencia y desafío a la autoridad. En una relación con Dios estas cualidades se transforman en testarudez, presunción y resistencia a escuchar o cambiar. Si no se controla, la testarudez se convierte en un estilo de vida hostil a Dios.

18.18 Las palabras y las acciones de Jeremías fueron un reto para la conducta social y moral del pueblo. Habló abiertamente sobre reyes, príncipes, sacerdotes y profetas, escribas y sabios (4.9; 8.8, 9). No temía hacer una crítica poco popular. El pueblo podía decidir si obedecerlo o silenciarlo. Eligieron lo último. No pensaron que necesitaban a Jeremías, sus falsos profetas les decían lo que querían escuchar. ¿Cómo responde usted a la crítica? Escuche con cuidado, quizás Dios esté tratando de decirle algo.

Capítulo 19

19.6 El valle del hijo de Hinom era el basurero de Jerusalén y donde se sacrificaban los niños al dios Moloc. También se menciona en 7.31, 32. Tofet estaba localizado en el valle que significa «ardiendo» y tal vez era el lugar donde se quemaban a los niños sacrificados.

19.7–13 La horrible carnicería que predijo Jeremías sucedió en dos ocasiones, durante la invasión babilónica bajo el gobierno de Nabucodonosor en el año 586 a.C. y en el 70 d.C., cuando Tito destruyó Jerusalén. Durante el sitio babilónico, la comida escaseó tanto que la gente se volvió caníbal, incluso se comían a sus hijos. (Si desea más información sobre profecías relacionadas con esto, véanse Levítico 26.29; Deuteronomio 28.53–57; y véase 2 Reyes 6.28, 29; Lamentaciones 2.20; 4.10 donde se narran los sucesos actuales.)
Capítulo 20

20.1ss Este suceso ocurrió durante el reinado de Joacim de Judá. Jeremías predicó en el valle del hijo de Hinom, centro de idolatría en la ciudad. También predicó en el templo, que debió haber sido el centro de la verdadera adoración. Ambos lugares atraían mucha gente, ambos eran de falsa adoración.

20.1–3 Pasur príncipe a cargo de mantener el orden en el templo (véase 29.26 para una descripción de su responsabilidad). También era sacerdote y pretendió ser profeta. Después de escuchar las palabras de Jeremías, Pasur lo mandó a castigar y lo puso en el cepo (con llave) en vez de aceptar su mensaje en su corazón y actuar de acuerdo a él. A veces la verdad incomoda, pero nuestra reacción hacia ella muestra el material del que estamos hechos. Podemos negar los cambios y destruir la evidencia de nuestras acciones erróneas o podemos llevar la verdad al corazón con humildad y permitir que nos cambie. A lo mejor Pasur pensaba que era un líder fuerte, sin embargo, era realmente un cobarde.

20.4–6 Esta profecía de destrucción se cumplió en tres invasiones babilónicas. La primera ocurrió en un año (605 a.C). Tal vez a Pasur lo llevaron cautivo a Babilonia durante la segunda invasión en 597 a.C., cuando llevaron cautivo al rey Joaquín. La tercera invasión ocurrió en 586 a.C.

20.7-18 Jeremías clamó al Señor en su desesperación, pero no dejó de alabar abriendo su corazón a Dios. Proclamó con fidelidad su Palabra y no recibió nada a cambio más que persecución y dolor. Aun cuando se abstuvo de proclamar la Palabra de Dios por un tiempo, esta se volvió como fuego en sus huesos hasta que ya no pudo contenerla más. Cuando la Palabra viviente de Dios se vuelve fuego en sus huesos, también se sentirá impulsado a anunciarla a otros, cualquiera sea el resultado.

Capítulo 21

21.1 Los capítulos 21–28 narran los mensajes de Jeremías concernientes a los ataques de Nabucodonosor a Jerusalén entre 588 y 586 a.C. (véase también 2 Reyes 25). El rey Sedequías decidió rebelarse en contra de Nabucodonosor (2 Reyes 24.20) y los nobles aconsejaron que se aliara con Egipto. Jeremías pronunció juicio sobre los reyes (21.1–23.8) y sobre los falsos profetas (23.9–40) por llevar al pueblo por el mal camino.

21.1, 2 El rey Sedequías quizás se refería al momento en que Dios liberó a Jerusalén de Senaquerib, rey de Asiria, en los días de Ezequías (Isaías 36–37). Pero las esperanzas de Sedequías se vieron frustradas. Fue el último gobernante de Judá durante el cautiverio en 597 a.C.

21.1, 2 Pasur vino al profeta buscando ayuda (este no es el mismo Pasur que aparece en 20.1). Dios aún tenía trabajo para Jeremías. Al vivir nuestra fe, podemos encontrar que el rechazo, la desilusión o el trabajo arduo nos han llevado hasta el punto del desaliento. Pero aún somos necesarios. Dios tiene un trabajo importante para nosotros también.

21.1-14 Jeremías predijo la destrucción de Jerusalén. Los líderes de la ciudad rechazaron su palabra y se burlaron de sus advertencias. En su desesperación, el rey Sedequías se volvió a Dios para pedirle ayuda, pero sin reconocer las advertencias de Dios ni admitir su pecado. Muy a menudo esperamos que Dios nos ayude en nuestros momentos difíciles aun cuando lo hayamos olvidado en los tiempos de prosperidad. Sin embargo, Dios quiere una relación duradera. ¿Está tratando de construir una relación duradera con Dios o lo utiliza solo en ocasiones para escapar de sus problemas? ¿Qué pensaría de su familia o de sus amigos si solo pensaran en usted como un recurso temporal?

21.13 Jerusalén estaba construida sobre una meseta con valles en tres de sus lados. Sus habitantes creían estar seguros debido a su ubicación estratégica.

Capítulo 22

22.1ss Los capítulos 22–25 tal vez no estén en orden cronológico. En 21.8–10 Dios dice que es demasiado tarde para el arrepentimiento. En 22.4 Dios dice que aún hay tiempo para cambiar. Los sucesos de este capítulo ocurrieron antes de los que narra el capítulo 21.

22.3 Dios ofreció al rey las bases para reconstruir la nación: volverse del mal y hacer el bien. Hacer el bien es algo más que la simple creencia en toda la sana doctrina acerca de Dios. Es vivir en obediencia a Él. Las buenas obras no nos salvan, pero muestran nuestra fe (Santiago 2.17–26).

22.10–12 El buen rey Josías murió en la batalla de Meguido (2 Reyes 23.29). Su hijo Salum (Joacaz) reinó durante tres breves meses en 609 a.C. antes de que faraón Necao lo llevara a Egipto. Sería el primer gobernante que muriera en cautiverio. Al pueblo se le dijo que no malgastara sus lágrimas en la muerte de Josías, sino que llorara por el rey (Joacaz) que llevaban al cautiverio y nunca volvería.

22.15,16 Dios pronunció juicio sobre el rey Joacim. Su padre, el rey Josías, fue uno de los reyes más grandes de Judá, pero Joacim era malvado. Josías fue fiel al llevar a cabo su responsabilidad de enseñar a su hijo y ser modelo de una vida recta, sin embargo Joacim fue infiel al no cumplir su responsabilidad de imitar a su padre. El juicio de Dios cayó sobre el infiel Joacim. No pudo reclamar las bendiciones de su padre, pues no siguió al Dios de su padre. Nosotros podemos heredar el dinero de nuestros padres, pero no podemos heredar su fe. Una gran herencia, una buena educación o una hermosa casa no garantizan un carácter firme. Debemos tener nuestra propia relación con Dios.

22.21 Desde la niñez, Joacim fue testarudo y tuvo un corazón duro. Dios se lo advirtió, pero se negó a escuchar. Priorizó siempre su prosperidad y no su relación con Dios. Si alguna vez se encuentra tan cómodo que no tiene tiempo para Dios, deténgase y pregúntese: ¿qué es más importante: las comodidades de esta vida o una relación íntima con Dios?

22.24, 25 Un anillo con sello era sumamente valioso debido a que el rey lo usaba para autenticar documentos valiosos. Los pecados de Joaquín echaron a perder su utilidad para Dios. Aun si fuera el anillo de Dios, lo destituirían por sus pecados (véase 24.1).

22.30 Sedequías reinó después de Joaquín, pero murió antes que él (52.10, 11). Joaquín (Conías) fue el último rey de Judea que se sentaría en el trono de Judá (1 Crónicas 3.15–20). Tuvo siete hijos, pero ninguno sirvió como rey. El nieto de Joaquín, Zorobabel, gobernó después de regresar del cautiverio (Esdras 2.2), solo fue un gobernador, no un rey.

Capítulo 23

23.1-4 Los líderes que fueron responsables de guiar a Israel en el camino de Dios eran los únicos a los que se debía la actual condición de Israel y, por lo tanto, Dios decretó juicio severo en su contra. Los líderes son responsables por quienes se les ha confiado su cuidado. ¿A quién ha colocado Dios bajo su cuidado? Recuerde que es responsable ante Dios por los que guía.

23.5, 6 Jeremías contrastó a los reyes corruptos presentes y a los sacerdotes con la venida del Mesías, el Rey perfecto que vendría de la descendencia de David para reinar sobre Israel. A este Rey se le llama renuevo justo porque brotará del tronco de la dinastía caída de David (Isaías 11.1). Este nuevo brote tendrá las mismas características de Dios. Al igual que el Creador, será justo.

23.9–14 ¿Cómo se volvió tan corrupta la nación? La falsa profecía fue uno de los factores principales. Los falsos profetas contaban con una audiencia grande y entusiasta, y eran muy populares debido a que hacían que el pueblo creyera que todo andaba bien. En contraste, el mensaje de Dios a través de Jeremías no fue muy agradable debido a que le mostró al pueblo lo mal que estaba.
Hay cuatro señales de advertencia en los falsos profetas, características que necesitamos observar incluso en la actualidad. (1) Quizás parezcan que hablan el mensaje de Dios, pero no viven de acuerdo a sus principios. (2) Diluyen el mensaje de Dios para hacerlo más aceptable. (3) Alientan a sus oyentes, por lo general en forma sutil, para que desobedezcan a Dios. (4) Tienden a ser arrogantes y a satisfacerse a ellos mismos, apelando a los deseos de su audiencia en lugar de ser leales a la Palabra de Dios.

23.14 Sodoma y Gomorra fueron ciudades pecadoras que Dios destruyó (Génesis 19.23, 24). En la Biblia tipifican la degradación máxima, conducta pecaminosa y rebelión contra Dios.

23.20 «En los postreros días lo entenderéis cumplidamente» significa que el pueblo vería la veracidad de esta profecía cuando Jerusalén cayera.

23.28 Los verdaderos y los falsos profetas son tan diferentes como la paja del trigo. La paja no sirve para la alimentación, mientras que el trigo nutre. Anunciar el evangelio es una gran responsabilidad, debido a que la forma de presentarlo y vivirlo alentará a la gente ya sea a aceptarlo o a rechazarlo. Sea que hablemos desde un púlpito, enseñemos en un aula o hablemos a los amigos, se nos ha encomendado la tarea de proclamar y vivir como se debe la Palabra de Dios. Cuando predica la Palabra de Dios a sus amigos y vecinos, mirarán la eficacia de la misma en su vida. A menos que esta lo haya cambiado a usted, ¿por qué deberían permitir que los cambiaran? ¡Si usted la predica, asegúrese de vivirla!

23.33-40 El pueblo se burló de Jeremías al decir con sarcasmo: «¿Cuál es la profecía de Jehová?» El pueblo se burlaba de Jeremías y de Dios porque parecía que el profeta solo traía noticias tristes y condenatorias, pero eran ciertas. Si las aceptaban, tendrían que arrepentirse y volverse a Dios. Como no querían hacerlo, rechazaron el mensaje. ¿Rechazó alguna vez un mensaje o se burló de él porque demandaba cambios en su vida? Antes de despedir a alguien que traiga «noticias tristes», analice con cuidado sus motivos.

Capítulo 24

24.1 Esto sucedió en 597 a.C. Jeconías (también conocido como Joaquín) fue llevado a Babilonia y Sedequías comenzó su reinado. A menudo se llevaban cautivos a los príncipes del rey para evitar que ejercieran poder y comenzaran una rebelión. También se llevaban a los artesanos debido a que eran valiosos para el programa de construcción de Babilonia. Jeremías predijo este acontecimiento en 22.24–28.

24.2-10 Los higos buenos representaban a los cautivos en Babilonia, no porque por sí mismos fueran buenos, sino porque sus corazones responderían a Dios. Por lo tanto, Él los cuidaría y traería de regreso a la tierra. Los higos malos representaban a los que se quedaron en Judá o huyeron a Egipto. El pueblo creía que sería bendecido si permanecía en la tierra o escapaban a Egipto, pero sucedió lo opuesto, ya que Dios utilizaría el cautiverio para refinarlos. Podemos suponer que somos bendecidos cuando nos va bien en la vida y maldecidos cuando no es así. Sin embargo, los problemas son una bendición cuando nos fortalecen y la prosperidad una maldición cuando nos seduce a apartarnos de Dios. Si usted se enfrenta a algún problema, pida a Dios que lo ayude a fortalecerse para Él. Si las cosas van como quiere, pida a Dios que le ayude a utilizar su prosperidad para Él.

24.6 Dios cuidaba a los cautivos en Babilonia. A pesar de que los trasladaron a una tierra extranjera, su cautiverio no fue esclavitud. El pueblo podía tener negocios y casas propias. Algunos, como Daniel, incluso ocuparon altos puestos en el gobierno (véase Daniel 2.48).

Capítulo 25

25.1ss Jeremías dio este mensaje en 605 a.C., año en el que Nabucodonosor subió al poder. Desde el versículo 3 aprendemos que el comienzo del ministerio de Jeremías fue en 627 a.C. Predijo los setenta años de cautiverio veinte años antes de que comenzara.

25.2-6 ¡Imagínese predicar el mismo mensaje durante veintitrés años y ser siempre rechazado! Jeremías se enfrentó a esto, pero debido a que entregó su vida a Dios, continuó proclamando el mensaje: «Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestra obras». A pesar de la respuesta del pueblo, Jeremías no se rindió. Dios nunca deja de amarnos, aun cuando lo rechazamos. Podemos agradecer a Dios que no nos ha dejado y, al igual que Jeremías, comprometernos a nunca renunciar a Él. No importa cómo la gente responda cuando le hable de Dios, permanezca fiel a su gran llamado y continúe testificando para Él.

25.12 Este suceso se describe más adelante en Daniel 5. Las tropas de Ciro el Grande entraron a Babilonia en 539 a.C. y mataron a Belsasar, el último gobernante de Babilonia.

25.15-38 Judá no sería la única nación que bebería la copa de la ira de Dios. Jeremías enumeró otras naciones malvadas que lo experimentarían a manos de Babilonia. Finalmente, la misma Babilonia sería destruida por sus pecados.

Capítulo 26

26.1ss Los hechos descritos en este capítulo ocurrieron en 609–608 a.C., antes que los narrados en el capítulo 25. Joacim era un rey materialista y egocéntrico que persiguió y asesinó a gente inocente (36.22–32; 2 Reyes 23.36–24.6). El capítulo 26 describe cómo y por qué iban a juzgar a Jeremías y corría peligro su vida.

26.2 Dios le recordó a Jeremías que quería que se diera su mensaje completo: «No retengas palabra». Jeremías puedo haberse visto tentado a dejar fuera las partes del mensaje que hubieran puesto a la audiencia en su contra, que sonaran demasiado duras o lo hubieran hecho parecer como un traidor. Pero por orden de Dios, no debía borrar ninguna parte del mensaje para acomodarse a él, a su audiencia ni a las circunstancias en las que se encontraba. Al igual que Jeremías, nunca debemos pasar por alto las partes importantes de la Palabra de Dios para complacer a alguien.

26.2–9 Silo era el lugar donde se levantó el tabernáculo después de la conquista de Canaán (Josué 18.1). Los filisteos lo destruyeron en 1050. «Yo pondré esta casa como Silo» significa que Jerusalén y su templo serían destruidos. Cuando Jeremías dijo que Jerusalén, la ciudad de Dios, sería puesta por maldición y el templo sería destruido (26.6), los sacerdotes y los falsos profetas se enfurecieron. El templo era importante para ellos porque la reverencia que el pueblo le rendía le confería poder. Al decir que el templo sería destruido, Jeremías socavó su autoridad. Jesús también se enfureció con los líderes religiosos de su tiempo, al anticipar la destrucción de Jerusalén y el templo (Mateo 24.2).

26.11 A Jeremías lo señalaron como traidor porque profetizó la destrucción de la ciudad y del templo. Pero el «valiente» pueblo abogaba por una alianza para pelear contra Babilonia y mantener su independencia.

26.17–19 Los ancianos recordaron las palabras del profeta Miqueas (Miqueas 3.12), muy similares a las que dijo Jeremías. Cuando Miqueas hizo un llamado para que el pueblo se arrepintiera, no lo mataron sino que echaron a un lado su maldad. Si bien el pueblo no mató a Jeremías debido a esta historia, perdieron de vista el punto principal: la aplicación de la historia era para ellos. Le perdonaron la vida, pero no salvaron las suyas por no arrepentirse de sus pecados. Cuando recuerde una gran historia de la Biblia, pregúntese cómo puede aplicarla a su vida.

26.20-23 Urías era más bien un profeta desconocido que lo ejecutaron por proclamar fielmente la Palabra de Dios. Esto nos muestra que Dios ha tenido otros profetas cuyas palabras no se han incluido en la Biblia.

Capítulo 27

27.1ss Corría el año 593 a.C. y Nabucodonosor ya había invadido Judá en una ocasión y se había llevado muchos cautivos. Jeremías se puso un yugo (un marco de madera utilizado para atar a una pareja de animales al arado) como símbolo de servidumbre. Esta era una lección objetiva en la que le decía al pueblo que debía colocarse bajo el yugo de Babilonia o lo destruirían.

27.5,6 Dios castigó al pueblo de Judá de una manera poco usual, al designar como su representante a un gobernante extranjero y pecador. Dios no utilizó a Nabucodonosor para proclamar su Palabra, sino para cumplir la promesa de juicio por el pecado. Debido a que Dios controla todos los acontecimientos, usa a quien desea. Dios puede utilizar a gente o circunstancias inesperadas para corregirlo a usted. Esté listo para aceptar estos instrumentos o circunstancias inusuales para mejorar.

27.12-18 Sedequías estaba en una situación difícil. Jeremías le pidió que se rindiera ante Nabucodonosor, mientras que muchos de sus líderes querían que formara una alianza y peleara. Rendirse era deshonroso para un rey y lo verían como un cobarde. Esta fue una gran oportunidad para los falsos profetas que seguían diciendo que los babilonios no derrotarían a la gran ciudad de Jerusalén y que Dios nunca permitiría la destrucción del glorioso templo santo.

27.19–22 Nabucodonosor invadió Judá primero en 605 y luego en 597 a.C., llevándose con él a mucha gente importante que vivía en Jerusalén, incluyendo a Ezequiel y a Daniel. A pesar de que estos hombres eran cautivos, tuvieron un profundo impacto en los cautivos y líderes de Babilonia. Jeremías predijo que más personas e incluso los enormes y preciosos objetos del templo se llevarían a Babilonia. Esto sucedió en el año 586 a.C. durante la tercera y última invasión babilónica.

Capítulo 28

28.8–17 Jeremías habló la verdad, pero no fue muy popular. Hananías habló mentiras, pero sus palabras engañosas llevaron esperanza y consuelo falsos al pueblo. Dios ya había establecido las características de un verdadero profeta (Deuteronomio 13; 18.20–22): las predicciones de un verdadero profeta siempre se cumplen y sus palabras nunca contradicen una revelación previa. Las predicciones de Jeremías se estaban cumpliendo desde la muerte de Hananías hasta las invasiones de Babilonia. Pero el pueblo seguía prefiriendo escuchar mentiras consoladoras en lugar de la verdad dolorosa.

Capítulo 29

29.4–7 Jeremías escribió a los cautivos de Babilonia (en 29.4–23 leemos su carta), instruyéndolos para que siguieran adelante con sus vidas y oraran por la nación pagana que los subyugó. La vida no puede detenerse durante los momentos difíciles. En una situación desagradable o inquietante, debemos ajustarnos y continuar hacia adelante. Puede resultarle difícil orar por las autoridades que son malas, pero allí es donde más falta hacen sus oraciones (1 Timoteo 2.1, 2). Cuando se enfrente a momentos difíciles o a un cambio repentino, ore diligentemente y marche hacia adelante, haciendo lo que esté a su alcance en vez de rendirse a causa del temor y la incertidumbre.

29.10 Los eruditos difieren en las fechas exactas de estos setenta años en Babilonia. Algunos dicen que se refiere a los años 605–535 a.C., desde la primera deportación a Babilonia hasta el regreso de los primeros cautivos a Jerusalén después del decreto de libertad de Ciro. Otros señalan los años 586–516 a.C., desde la última deportación a Babilonia y la destrucción del templo hasta su reconstrucción. Una tercera posibilidad es que los setenta años son un número aproximado que significan una vida entera. Todos están de acuerdo en que Dios mandó a su pueblo a Babilonia por un tiempo largo y no un cautiverio corto como lo que predijeron los falsos profetas.

29.11 A todos nos alienta un líder que nos motiva a seguir adelante, alguien que cree que podemos llevar a cabo la tarea que nos ha encomendado y que estará con nosotros a lo largo del camino. Dios es esa clase de líder. Conoce el futuro y sus planes para nosotros son buenos y están llenos de esperanza. Mientras el Dios que conoce el futuro nos proporcione nuestra agenda y vaya con nosotros cuando realizamos su misión, tendremos esperanza ilimitada. Esto no significa que no tendremos dolor, problemas ni sufrimiento, sino que Dios nos ayudará a llegar a un final glorioso.

29.12-14 Dios no olvidó a su pueblo, aun cuando estaba cautivo en Babilonia. Planeó darles un nuevo comienzo con un nuevo propósito: convertirlos en nuevas personas. En momentos de profundos problemas, tal vez parezca que Dios se ha olvidado de usted. Pero quizás lo prepara, como lo hizo con el pueblo de Judá, para un nuevo comienzo con Él en el centro de su vida.

29.13 De acuerdo al plan sabio de Dios, su pueblo iba a tener esperanza y futuro. Por consiguiente, podrían clamar a Él en confianza. A pesar de que los cautivos se encontraban en un lugar y tiempos difíciles, no debían desesperarse porque tenían la presencia de Dios, el privilegio de la nación y la gracia de Dios. Podemos buscar y encontrar a Dios cuando lo buscamos de todo corazón. Tierras extrañas, tristezas, frustración o problemas físicos, no pueden romper esa comunión.

29.21 Estos falsos profetas, Acab y Sedequías, no deben confundirse con los reyes que llevan los mismos nombres. Sus conexiones familiares los identifica claramente.
29.24–28 Estos versículos describen la reacción de Semaías, un falso profeta cautivo desde 597 a.C., quien protestó acerca de la carta de Jeremías. Para desacreditarlo, Semaías lo acusó de hablar profecías falsas. A pesar de que el mensaje de Jeremías era verdadero y sus palabras provenían de Dios, el pueblo lo odió porque les dijo que sacaran el mayor provecho del cautiverio. Pero la verdad de Jeremías que provenía de Dios ofrecía corrección temporal y un beneficio a largo plazo. Las mentiras de los falsos profetas ofrecían un consuelo temporal y un castigo a largo plazo.

Capítulo 30

30.1ss Los capítulos 30 y 31 muestran que Jeremías habló de esperanza y consuelo, así como de problemas y calamidades. El pueblo sería algún día restaurado en su tierra y Dios haría un nuevo pacto con ellos para reemplazar el que quebrantaron. En el mismo lugar en que en cierta ocasión pecaron y desobedecieron, algún día se arrepentirían y obedecerían.

30.8, 9 Al igual que Isaías, Jeremías asoció hechos del futuro cercano y del futuro lejano. Leer estas profecías es como mirar varios picos montañosos en una cordillera. Desde la distancia parecieran estar unidos, cuando en realidad los separan varios kilómetros. Jeremías presenta sucesos cercanos y distantes como si todos fueran a suceder muy pronto. Ve el cautiverio, pero también ve el día futuro cuando Cristo reinará para siempre. La referencia a David no es hacia el rey, sino a su famoso descendiente, el Mesías (Lucas 1.69).

30.12,13,17 El lenguaje médico aquí nos trasmite la idea de que el pecado es mortal. Ser bueno o religioso no lo puede curar. Tenga cuidado de no depositar su confianza en curas infructuosas mientras que su pecado se extiende y le provoca dolor. Únicamente Dios puede curar la enfermedad del pecado, pero usted debe estar dispuesto a permitir que Él lo haga.

30.15 Judá protestó por su castigo, aun cuando el pecado que lo originó era escandaloso. Sin embargo, el castigo es una oportunidad para crecer, porque nos da conciencia de las consecuencias del pecado. El pueblo debió haberse preguntado cómo podía beneficiarse de sus errores. Recuérdelo la próxima vez que lo disciplinen.

30.18 Esta profecía de la reconstrucción de Jerusalén no se cumplió en su totalidad por la obra de Esdras, Nehemías ni Zorobabel. La ciudad se reconstruyó después del cautiverio, pero la restauración final ocurrirá cuando todos los creyentes se reúnan en el reino de Cristo. Esto incluirá edificios (30.18), personas (30.19), gobernantes (30.21).

30.21 Este versículo se refiere a la restauración después del cautiverio en Babilonia, así como también a la restauración final bajo el reinado de Cristo.

Capítulo 31

31.1 Esta promesa es para todas las familias (tribus) de Israel, no solo para la tribu de Judá. La restauración incluirá a todas las personas que confían en Dios.

31.3 Dios alcanza a su pueblo con amor misericordioso motivado por un amor profundo y eterno. Está dispuesto a hacer lo mejor para él si tan solo se lo permiten. Después de muchas advertencias sobre el pecado, este recordatorio del grandioso amor de Dios es un respiro de aire fresco. En lugar de pensar en Dios con pavor, si observamos con cuidado, veremos la forma tan tierna en la que nos acerca a Él.

31.14 Esto significa que se harían muchos sacrificios en el templo para que los sacerdotes tuvieran un banquete con su porción. También es un símbolo de vida y prosperidad (Salmo 36.8; 635; Isaías 55.2).

31.15 Raquel, la esposa favorita de Jacob, era la madre simbólica de las tribus del norte, que los asirios llevaron al cautiverio. Se describe a Raquel llorando por los cautivos en Ramá, un lugar de escala en el camino a la deportación. Este versículo se cita en Mateo 2.18 para describir la tristeza de las madres de Belén cuando asesinaron a sus hijos varones. Hubo gran llanto en ambos casos.

31.18-20 «Herí mi muslo» era una expresión de dolor y luto. Efraín era una de las tribus más grandes del reino del norte. Si bien cayó en los pecados más degradantes, Dios todavía amaba al pueblo. Un remanente se volvería a Dios, arrepintiéndose de sus pecados y Él lo perdonaría. Dios lo sigue amando, a pesar de lo que haya hecho. Lo perdonará si vuelve a Él.

31.29, 30 El pueblo trató de echarle la culpa al juicio de Dios por los pecados que sus padres cometieron. Sin duda, el pecado de una persona afecta a otros, pero a todas las personas se les responsabiliza por el pecado de sus vidas (Deuteronomio 24.16; Ezequiel 18.2). ¿Qué excusas utiliza por sus pecados?

31.33 Dios escribiría sus leyes en los corazones en vez de escribirlas en tablas de piedra, como hizo con los Diez Mandamientos. En 17.1 sus pecados se grabaron en sus corazones, por lo tanto, anhelaban más que todo la desobediencia. Este cambio parece describir una experiencia muy similar al nuevo nacimiento, en el que Dios toma la iniciativa. Cuando entregamos la vida a Dios, Él, por su Espíritu Santo, pone en nosotros el deseo de obedecer.

31.35-37 Dios tiene el poder de abolir las leyes de la naturaleza y aun de eliminar a su pueblo. Pero no hará ninguna de estas cosas. Esta no es una predicción, sino una promesa. De esta manera Dios expresa que, así como no abolirá las leyes de la naturaleza, tampoco rechazará a Israel. ¡Nada de esto sucederá!

31.38-40 Estos puntos destacan los límites de la Jerusalén restaurada en los días de Nehemías. Gareb y Goa son desconocidos. El valle de los cuerpos muertos y de la ceniza es tal vez el valle del hijo de Hinom, donde se sacrificaban niños en cultos paganos.

Capítulo 32

32.1-12 Dios dijo a Jeremías que comprara una heredad en las afueras de Jerusalén. Hacía un año que la ciudad estaba sitiada y Jeremías compró la tierra que los soldados ocupaban, en realidad, una inversión pobre. Además, Jeremías estaba prisionero en el palacio. Sin embargo, daba muestras de su fe en las promesas de Dios de regresar a su pueblo y reconstruir Jerusalén.

32.6–17 La confianza no surge fácilmente. No fue sencillo para Jeremías comprar públicamente una tierra que el enemigo capturó. Pero confió en Dios. No fue fácil para David pensar que se convertiría en rey, incluso después de ser ungido. Sin embargo, confió en Dios (1 Samuel 16–31). No fue fácil para Moisés creer que él y su pueblo podrían escapar de Egipto, aun después de que Dios habló con él desde una zarza ardiente. No obstante, confió en Dios (Éxodo 3.1–4.20). Tampoco es fácil para nosotros creer que Dios puede cumplir sus promesas «imposibles». Pero debemos confiar en Dios. Él, quien obró en la vida de héroes bíblicos, es el mismo que nos ofrece obrar en nuestras vidas, si se lo permitimos.

32.17–25 Después que Jeremías compró la heredad, comenzó a preguntarse si había actuado con sabiduría. Buscó alivio de las dudas que lo asaltaban a través de la oración. En esta oración, Jeremías afirmó que Dios es Creador (32.17), el Juez sabio de todos los caminos de los hombres (32.19) y el Redentor (32.21). Dios nos ama y ve nuestra situación. Cuando nos asalten dudas acerca de su sabiduría o nos preguntemos si es práctico obedecerle, podemos revisar todo lo que sabemos de Él. Tales pensamientos y oraciones acallarán dudas y calmarán temores.

32.35 Aquí en estos lugares altos se llevaban a cabo las partes más importantes y grotescas de la adoración a Moloc. Se ofrecían niños en sacrificio a este dios pagano.

32.36–42 Dios utiliza su poder para lograr sus propósitos a través de su pueblo. La fe no es: «Dios dame poder para ser todo lo que quiero ser», sino: «Dios dame poder para ser todo lo que tú quieres que sea». El pueblo de Israel tenía que aprender que confiar en Dios significaba volver a alinear radicalmente nuestros propósitos y deseos a los de Él. Dios les dio «un corazón» para Él (lealtad) (32.39). Debemos desarrollar esa lealtad de corazón y de hechos para amar a Dios por encima de cualquier otra cosa.

32.44 Las ciudades de las montañas están en la región oeste de Palestina. El Neguev es la parte sur de Judá.

Capítulo 33

33.1ss Dios restauraría Jerusalén, no porque el pueblo clamara, sino porque era parte de su plan final. El desastre de Babilonia no cambió los propósitos que Dios tenía para su pueblo. Si bien destruirían a Jerusalén, sería restaurada (después de los setenta años de cautiverio y al final de los tiempos cuando el Mesías venga a gobernar). A la justicia de Dios siempre la acompaña su misericordia.
33.3 Dios le aseguró a Jeremías que solo tenía que clamar a Dios y que Él contestaría (véanse también Salmo 145.18; Isaías 58.9; Mateo 7.7). Dios está listo para contestar nuestras oraciones, pero debemos pedir su ayuda. Con seguridad uede ocuparse de nuestras necesidades sin que se lo pidamos. Pero cuando lo hacemos, reconocemos que solo Él es Dios y que no podemos lograr con nuestras fuerzas todo lo que está en su dominio hacer. Cuando pedimos, debemos humillarnos, echar a un lado nuestra preocupación y obstinación, y determinarnos a obedecerle.
33.15,16 Estos versículos se refieren tanto a la primera venida como a la segunda venida de Cristo. En su primera venida establecería su Reino en los corazones de los creyentes. En la segunda ejecutará justicia y rectitud en toda la tierra. Cristo es «el Renuevo de justicia» que brotará de David, el hombre conforme al corazón de Dios.

33.18 Cuando Cristo cumpla con el rol de Rey, también cumplirá con el rol de Sacerdote, manteniendo una relación constante con Dios e intercediendo por su pueblo (véase la nota a 22.30). Este versículo no quiere decir que los sacerdotes actuales vayan a realizar sacrificios, debido a que ya no serán necesarios (Hebreos 7.24, 25). Ahora que Cristo es nuestro Sumo Sacerdote, todos los creyentes somos sacerdotes de Dios y podemos ir a Él en forma personal.

Capítulo 34

34.1ss Este capítulo describe el cumplimiento de muchas de las predicciones de Jeremías. En el libro de Jeremías, muchas profecías se dieron y cumplieron rápidamente.

34.8, 9 Babilonia sitió a Jerusalén y la ciudad estaba a punto de caer. Sedequías decidió finalmente escuchar a Jeremías y trató de apaciguar a Dios, por lo tanto, liberó a los esclavos. Pensó que podía ganarse el favor de Dios con un acto bondadoso, pero lo que necesitaba era un cambio de corazón. El pueblo desobedeció las leyes de Dios desde el principio (Éxodo 21.2–11; Levítico 25.39–55; Deuteronomio 15.12–18). Cuando se levantó temporalmente el sitio, el pueblo se volvió descarado y siguió pecando (34.11–17; 37.5, 11).

34.15,16 A Israel le fue difícil mantener sus promesas a Dios. En el templo, le hacían promesas solemnemente, pero al regresar a sus casas y trabajos, no las cumplían. Dios expresó su gran desagrado. Si usted quiere agradarlo, asegúrese de cumplir sus promesas. Dios quiere promesas cumplidas no solo hechas de manera piadosa.

34.18–20 Partir un becerro en dos y caminar entre las dos mitades era una costumbre para ratificar un pacto (Génesis 15.9, 10). Esta acción simbolizaba el juicio sobre cualquiera que quebrantara el pacto. Dios decía: «Han roto el pacto que han hecho conmigo, ¡así que ya saben el juicio que les espera!»

Capítulo 35

35.1ss El código de conducta de los recabitas se parecía al de los nazareos, quienes hacían votos especiales de dedicación a Dios (Números 6). Durante doscientos años, obedecieron el voto de sus antepasados de abstenerse del vino. Mientras que el resto de la nación quebrantaba su pacto con Dios, esta gente permanecía leal a su compromiso. Dios quería que los demás se mantuvieran firmes en el compromiso que hicieron con Él, así como los recabitas se mantuvieron firmes con su voto. Dios le dijo a Jeremías que tentara a los recabitas con vino para mostrar su entrega y consagración. Dios sabía que no romperían su voto.

35.6 Jonadab, hijo de Recab, se unió a Jehú en la erradicación de la adoración de Baal en el reino del norte (2 Reyes 10.15–28).

35.13–17 Existe un contraste vívido entre los recabitas y los demás israelitas: (1) Los recabitas mantuvieron los votos hechos a un líder humano falible. Israel quebrantó su pacto con el Líder divino infalible. (2) Jonadab dijo a su familia en una ocasión que no bebieran y ellos obedecieron. Dios ordenó constantemente a Israel que se volviera de su pecado y ellos se negaron a hacerlo. (3) Los recabitas obedecieron leyes relacionadas con asuntos temporales. Israel se negó a obedecer las leyes de Dios relacionadas con asuntos eternos. (4) Los recabitas obedecieron durante cientos de años. Israel desobedeció durante cientos de años. (5) Los recabitas serían recompensados. Israel sería castigado. A menudo estamos dispuestos a observar costumbres solo en nombre de la tradición, cuánto más debemos obedecer a la Palabra de Dios ya que es eterna.

Capítulo 36

36.1ss Esto sucedió en el verano del año 605 a.C., poco después de la victoria de Nabucodonosor sobre el ejército egipcio en Carquemis, antes de los sucesos narrados en los capítulos 34 y 35.

36.2-4 Antiguamente, muchos no podían leer ni escribir, por lo tanto, los que podían hacerlo eran muy valiosos. Estos escribas ocupaban puestos de gran importancia y se respetaban mucho por su conocimiento. Baruc era el escriba de Jeremías. La escritura se realizaba a menudo sobre pergamino o en hojas de papiro que se cosían o pegaban entre sí y se guardaban en los llamados rollos de pergamino. Después del cautiverio, los escribas se volvieron maestros de la Ley. En la época del Nuevo Testamento, los escribas formaban un partido político poderoso.

36.9 Cuando había alguna emergencia nacional, a menudo se hacía un llamado a días de ayuno (donde la gente se abstenía de comer para mostrar humildad y arrepentimiento). Babilonia iba destruyendo ciudad tras ciudad y cercaba a Jerusalén. Cuando el pueblo llegó al templo, Baruc les dijo cómo podían prevenir la tragedia inminente. Pero se negaron a escuchar.

36.10–32 Dios dijo a Jeremías que escribiera sus palabras en un rollo de libro. Debido a que no se le permitía entrar al templo, Jeremías pidió a su escriba, Baruc, a quien le dictó el rollo, que lo leyera al pueblo que se reunía allí. Baruc entonces lo leyó a los príncipes y por último Jehudí se lo leyó al mismo rey. A pesar de que el rey quemó el rollo, no pudo destruir la Palabra de Dios. En la actualidad mucha gente trata de echar a un lado la Palabra de Dios o dice que contiene muchos errores y que por lo tanto no es confiable. La gente puede rechazar la Palabra de Dios, pero no puede destruirla. Esta permanecerá para siempre (Salmo 119.89).

36.22 Un bracero es una vasija de metal donde se colocan los carbones ardientes, usado para calentar un ambiente.

36.25 Solo tres líderes protestaron por esta acción perversa de quemar el rollo que contenía la Palabra de Dios. Esto muestra cuán complaciente e insensible se volvió el pueblo hacia Dios.

36.30 Joaquín, el hijo de Joacim, fue rey por tres meses antes de que lo llevaran en cautiverio, pero esto no lo califica como para «ocupar el trono de David», una expresión que implicaba permanencia. Joacim no aseguró una dinastía. Sedequías, el siguiente gobernante, era el tío de Joaquín. Por lo tanto, terminó la línea de reyes humanos descendientes de David, pero en menos de seiscientos años vendría a través de los descendientes de Natán, el hermano de Salomón, el Rey eterno (véase también la nota a 22.30).

Capítulo 37

37.1ss El rey Joacim murió camino a Babilonia (2 Crónicas 36.6) y designaron rey a su hijo Joaquín, pero tres meses después lo llevaron cautivo a Babilonia. Nabucodonosor entonces designó a Sedequías como su vasallo en Judá.

37.2,3 El rey Sedequías y sus funcionarios no querían escuchar las palabras de Jeremías, pero querían las bendiciones de sus oraciones. Querían una religión superficial que no les costara nada. Pero a Dios no le agradan los que vienen a Él solo por lo que pueden obtener en vez de buscar establecer o profundizar una relación con Él. Nosotros no aceptaríamos esa clase de relación con alguna otra persona y no debemos esperar que Dios la acepte de nosotros.

37.5 Cuando Nabucodonosor sitió Jerusalén en 589 a.C., el Faraón Hofra marchó en contra de él por invitación de Sedequías. Jerusalén volvió la mirada a Egipto para pedirle ayuda a pesar de las advertencias de Jeremías. Pero los egipcios no fueron ninguna ayuda, ya que en cuanto los babilonios se volvieron en su contra, se retiraron. Las advertencias de Jeremías fueron ciertas.

37.17 Sedequías titubeaba entre la rendición y la resistencia. Demasiado asustado y débil para ejercer autoridad, pidió a Jeremías que fuera en secreto al palacio, esperando quizás que llegaran algunas buenas noticias de Dios. Sedequías estaba desesperado, quería escuchar la Palabra de Dios, pero temía que surgieran problemas políticos si descubrían que hablaba con Jeremías.

Capítulo 38

38.4, 5 No sorprende que Judá estaba revuelta: el rey estaba de acuerdo con todos. Escuchó a Jeremías (37.21); luego estuvo de acuerdo en matar a Jeremías (38.5); y finalmente lo rescató (38.10). Jeremías no era popular, sus palabras socavaron la moral del ejército y del pueblo. Sedequías no pudo decidirse entre la opinión pública y la Palabra de Dios. ¿Qué influye más en su vida: lo que otros dicen y piensan o lo que Dios quiere?

38.6 Los funcionarios pusieron a Jeremías en una cisterna para matarlo. Una cisterna era un gran hoyo en la tierra revestido de piedras para recolectar el agua de lluvia. El fondo debe haber sido oscuro, húmedo y, en este caso, lleno de lodo. Jeremías pudo haberse ahogado, morir por abandono o de hambre dentro de ella.

38.6 Los líderes de Judá persiguieron a Jeremías en repetidas ocasiones por proclamar fielmente los mensajes de Dios. Durante cuarenta años de ministerio fiel, no recibió aclamación alguna, ni amor, ni el pueblo lo siguió. Lo golpearon, encarcelaron, amenazaron y hasta forzaron a dejar su pueblo natal. Solo los babilonios paganos le mostraron algo de respeto (39.11, 12). Dios no garantiza que sus siervos escapen de la persecución, incluso cuando son fieles. Pero Él sí promete estar con ellos y darles la fortaleza para soportar (2 Corintios 1.3–7). Cuando ministre a otros, reconozca que su servicio es para Dios y no solo para la aprobación humana. Las recompensas de Dios son fieles, pero no siempre durante nuestro transitar en esta tierra.

38.7,8 La puerta de Benjamín era una de las entradas de la ciudad de Jerusalén donde se trataban los asuntos legales. Un funcionario del palacio, Ebed-melec, tuvo acceso al rey. Cuando escuchó de la situación de Jeremías, fue inmediatamente a lidiar con esta injusticia.

38.9–13 Ebed-melec temía más a Dios que al hombre. De entre todos los funcionarios del palacio fue el único que se levantó en contra de esta confabulación para asesinar a Jeremías. Su obediencia le pudo haber costado la vida. Debido a que obedeció, sin embargo, le perdonaron la vida cuando Jerusalén cayó (39.15–18). Usted puede ir junto con la multitud o hablar a favor de Dios. Por ejemplo, cuando traten a alguien con desdén o injusticia, acérquese a esa persona con el amor de Dios. Quizás sea el único que lo haga. Y, cuando a usted mismo lo traten con injusticia, asegúrese de agradecer a Dios cuando envíe a un «Ebed-melec» en su camino.

38.27 Los funcionarios querían información precisa, pero no la verdad de Dios. Querían utilizar esta información en contra de Dios, de su profeta y del rey. Sin embargo, Jeremías dijo a los príncipes solo lo que el rey le ordenó que dijera. No debemos callar la verdad de Dios a los demás, pero debemos ocultar la que se usará para dañar al pueblo de Dios.

Capítulo 39

39.1ss Sedequías, hijo del rey Josías y último rey de Judá, gobernó once años, desde el año 597 hasta 586 a.C. Los dos hermanos mayores de Sedequías, Joacaz y Joacim, y su sobrino Joaquín gobernaron antes que él. Cuando llevaron a Joaquín al cautiverio en Babilonia, Nabucodonosor puso a Matanías, de veintiún años de edad, como rey, cambiando su nombre a Sedequías. Este se rebeló en contra de Nabucodonosor, quien lo capturó, mató a sus hijos delante de él y luego lo dejó ciego y lo llevó de regreso a Babilonia donde más tarde murió (véanse 2 Reyes 24; 2 Crónicas 36; Jeremías 52).

39.5 Ribla estaba a 320 km al norte de Jerusalén. Era el centro de operaciones babilónico para gobernar la región.

39.10 Babilonia tenía una astuta política externa hacia las tierras conquistadas. Deportaba a los ricos y poderosos, dejando solo a los muy pobres al mando, por lo que estaban agradecidos con sus conquistadores. Este método aseguraba que las poblaciones conquistadas fueran demasiado leales y débiles para rebelarse.

39.11, 12 Dios prometió librar a Jeremías de este problema (1.8). Los supersticiosos babilonios, que respetaban en gran manera a los magos y a los que adivinaban la suerte, trataron a Jeremías como un vidente. Debido a que su mismo pueblo lo encarceló, creyeron que era un traidor y que estaba de su parte. Sin duda alguna sabían que aconsejó a Judá que cooperara con Babilonia y predijo la victoria babilónica. Por lo tanto, los babilonios liberaron a Jeremías y lo protegieron.

39.13,14 ¡Qué diferencia hubo entre el destino de Jeremías y el de Sedequías! A Jeremías lo liberaron, a Sedequías lo encarcelaron. A Jeremías lo salvó su fe, a Sedequías lo destruyó su temor. A Jeremías lo trataron con respeto, a Sedequías lo trataron con desprecio. Jeremías se preocupaba por su pueblo, Sedequías se preocupaba por él mismo.

39.17, 18 Ebed-melec arriesgó su vida para salvar a Jeremías, el profeta de Dios (38.7–13). Cuando Babilonia conquistó a Jerusalén, Dios protegió a Ebed-melec de los babilonios. Dios tiene recompensas especiales para su gente fiel, pero no todos las recibirán en esta vida (véase la nota a 38.6).

40–45 Estos seis capítulos narran los sucesos posteriores a la caída de Jerusalén ante Babilonia.

Capítulo 40

40.2,3 El capitán babilonio, quien no conocía a Dios, reconoció que Dios les dio la victoria a los babilonios. Resulta extraño que la gente reconozca que Dios existe y hace milagros, pero sigue sin aceptarlo. Conocer a Dios es algo más que saber acerca de Él. Asegúrese de conocerlo personalmente.

40.4 Jeremías era libre de ir a donde quisiera. En Babilonia habría tenido grandes comodidades y poder. En Judá, seguiría enfrentando dificultades. En Babilonia, lo habrían favorecido los babilonios, pero odiado por los cautivos de Judá. En Judá permanecería pobre y nadie lo querría, pero el remanente de Judá sabría que no era un traidor. Regresó a Judá.

40.6 Mizpa estaba a pocos kilómetros al norte de Jerusalén. Sirvió como refugio después de la destrucción de Jerusalén, ya que los babilonios no la destruyeron por completo.
40.13–41.3 Gedalías, gobernador designado de Judá, hizo caso omiso a las advertencias de asesinato. Quizás Ismael, descendiente de David, se enojó porque no lo tuvieron en cuenta para el liderazgo. Esto es similar a la caótica situación política que enfrentaron Esdras y Nehemías cuando regresaron para reconstruir el templo y la ciudad.
Capítulo 41

41.4-9 Los ochenta hombres vinieron de tres ciudades del reino del norte para adorar en Jerusalén. Tal vez Ismael los mató por el dinero y la comida que llevaban. Sin rey, sin ley y sin lealtad a Dios, sometieron a Judá a una anarquía completa.

41.16, 17 Johanán y su grupo marchaban hacia Egipto, encaminados hacia el sur de Gabaón, deteniéndose primero en Gerutquimam, cerca de Belén. Su visita a Jeremías (42.1–6) fue hipócrita, como este les dijera más tarde (42.20).

Capítulo 42

42.5,6 Johanán y sus acompañantes profirieron su maldición; Jeremías simplemente la detalló. Era un error trágico pedir la dirección de Dios sin intentar seguirla. Asegúrese de nunca pedirle algo a Dios si sabe en su corazón que no lo quiere. Es mejor no orar que orar con hipocresía. A Dios no se puede engañar.

Capítulo 43
43.1-3 Johanán y su pequeño grupo fueron a Jeremías para buscar la aprobación de Dios para su plan, no su dirección. Este es un problema común en la mayoría de nosotros: buscar la aprobación de Dios para nuestros deseos en vez de pedirle su dirección. No es bueno hacer planes a menos que estemos dispuestos a permitir que Dios los cambie y no es bueno orar a menos que estemos dispuestos a aceptar la respuesta de Dios.

43.4-7 Temeroso de obedecer, el pueblo se encaminó hacia Egipto, incluso forzando a que Jeremías fuera con ellos. (Pensaron que tal vez Dios les perdonaría la vida si Jeremías iba con ellos.) Jeremías sirvió como profeta durante cuarenta años, muchas de sus palabras estaban cumplidas y rechazó la oferta de vivir cómodamente en Babilonia, regresando en su lugar a su amado pueblo. Sin embargo, el pueblo seguía rechazando el consejo de Jeremías. La respuesta de la audiencia no es necesariamente un parámetro de nuestro éxito. Jeremías hacía todo lo que Dios le pedía, sin embargo, lo llamaron a ministrar a personas muy tercas.
43.10–13 Nabucodonosor invadió Egipto en 568–567 a.C. Al igual que Judá, Egipto se rebeló en su contra y pronto lo aplastaron. ¡Demasiado para el gran imperio en que Judá depositó siempre sus esperanzas!
Capítulo 44

44.1ss Este mensaje, dado en el año 580 a.C. mientras Jeremías estaba en Egipto en contra de su voluntad, recordaba al pueblo que por seguir a otros dioses su tierra fue destruida. Jeremías les dijo que nunca volverían a Judá debido a que la huida a Egipto iba en contra del consejo de Dios (42.9ss). Pero el pueblo se negó a aprender lección alguna de toda la destrucción que sus pecados provocaron.

44.9,10 Cuando olvidamos una lección o nos negamos a aprenderla, corremos el riesgo de repetir nuestros errores. El pueblo de Judá luchó con este mismo problema. Olvidar errores pasados significaba repetirlos. No aprender del fracaso es un futuro fracaso asegurado. Su pasado es la escuela de la experiencia. Permita que sus errores pasados lo dirijan hacia el camino de Dios.

44.15–18 Mientras más lejos nos apartemos de Dios, más confundida estará nuestra mente. La poca vida espiritual que les quedaba a los israelitas cuando huyeron a Egipto se perdió al hundirse en las profundidades de la idolatría. (Si desea más información sobre la «reina de los cielos», véase la nota a 7.18.) La huida a Egipto provocó un cambio en sus hábitos paganos de adoración y sus problemas lo achacaron a que olvidaron sus ídolos. Sin embargo, la idolatría, antes que todo, fue la que originó sus problemas. La gente se negó a reconocer la verdadera fuente de sus problemas: apartarse del liderazgo de Dios. Cuando la calamidad lo obligue a examinar su vida, analice con cuidado las instrucciones que Dios le ha dado.

44.28 Ningún otro hecho narra la Biblia sobre Jeremías después que lo obligaron a trasladarse a Egipto.

44.30 El Faraón Hofra gobernó Egipto desde 588–568 a.C. y lo mató Amosis, uno de sus generales, quien más tarde subió al trono en su lugar.

Capítulo 45

45.1ss El hecho relacionado a este capítulo aparece en 36.1–8. El capítulo se escribió en 605–604 a.C. Baruc era el escriba que registraba las palabras de Jeremías en un rollo.

45.5 Baruc sirvió por mucho tiempo a este profeta poco popular, escribiendo su libro de luchas y juicios, y ahora estaba molesto. Dios dijo a Baruc que dejara de poner sus ojos en él y en cualquier recompensa que pensaba merecía. Si hacía esto, Dios lo protegería. Es muy fácil perder el gozo de servir a nuestro Dios cuando dejamos de poner los ojos en Él. Mientras más apartamos la vista de los propósitos de Dios hacia nuestros propios sacrificios, más frustrados nos volvemos. Cuando sirva a Dios, cuídese de fijar la atención en lo que ha renunciado. Cuando esto suceda, pida perdón a Dios. Luego fije sus ojos en Él y no en usted mismo.

Capítulo 46

46.1ss En este capítulo obtenemos algunos puntos acerca de Dios y su plan para este mundo: (1) Aunque Dios eligió a Israel para un propósito especial, ama a todas las personas y quiere que vayan a Él. (2) Dios es santo y no tolerará el pecado. (3) Los juicios de Dios no se basan en el prejuicio ni en el deseo de venganza, sino en la rectitud y la justicia. (4) Dios no se deleita en el juicio, sino en la salvación. (5) Dios es imparcial: juzga a todos con el mismo patrón.

46.2 En la batalla de Carquemis en 605 a.C., Babilonia y Egipto, dos de las mayores potencias mundiales después de la caída de Asiria, entraron en conflicto. Los babilonios entraron por sorpresa en la ciudad y derrotaron a Egipto. Esta batalla, que dio a Babilonia el liderazgo mundial, fue la primera victoria de Nabucodonosor, estableciéndolo en su nueva posición como rey del Imperio Babilónico. Que Judá formara una alianza con Egipto, cuando el poder egipcio se debilitaba, fue tanto una estrategia pobre como una desobediencia a Dios.

46.9 Los soldados de Etiopía y de Put eran de África del norte y del este. Los hombres de Lud pudieron haber sido de Grecia.

46.17 En 589 a.C., cuando Nabucodonosor sitió Jerusalén, el Faraón Hofra marchó en contra de él por invitación del rey Sedequías. Pero cuando los babilonios enfrentaron a los egipcios, Hofra y sus tropas se retiraron. Jeremías profetizó que Hofra moriría a manos de sus enemigos (44.30). Esto se cumplió casi veinte años más tarde cuando Amosis, corregente de Hofra, encabezó una revuelta.

46.28 Dios castigó a su pueblo para llevarlo de nuevo hacia Él y nos castiga a nosotros para disciplinarnos y purificarnos. Nadie recibe con agrado el castigo, pero todos debemos acoger sus resultados: corrección y pureza.

Capítulo 47

47.1 Localizada en la llanura costera próxima a Judá, Filistea siempre fue una espina en el costado de Israel. Las dos naciones peleaban constantemente. Otros profetas que hablaron en contra de Filistea incluyen a Isaías (14.28–32), Ezequiel (25.15–17), Amós (1.6–8) y Sofonías (2.4–7).

Capítulo 48

48.1 Los moabitas descendían de Lot debido al incesto que este cometió con una de sus hijas (Génesis 19.30–37). Llevaron a los israelitas a la idolatría (Números 25.1–3) y se unieron a las bandas armadas que Nabucodonosor envió a Judá en 602 a.C. Más tarde, Babilonia los conquistó y desaparecieron como nación.

48.7 Quemos era el dios principal de la nación de Moab (Números 21.29) y el sacrificio de niños era parte importante en su adoración (2 Reyes 3.26, 27).

48.11,12 Para fabricar vino se aplastaban las uvas. Luego de cuarenta días, el vino se cambiaba de vasija y quedaba el sedimento. Si no se hacía esta operación, el vino resultante era inferior. Con esta ilustración el profeta quiere decir que a causa de la complacencia de Moab y su negativa a hacer la obra de Dios, sería totalmente destruida.

48.13 Después que Israel se dividió en los reinos del norte y del sur, el reino del norte estableció becerros como ídolos en Belén y Dan para evitar que el pueblo fuera a adorar a Jerusalén, la capital del reino del sur (1 Reyes 12.25–29).

48.29 Moab fue condenada por su soberbia. Dios no tolera la soberbia porque esta es apropiarnos del mérito que le corresponde a Él o mirar con desdén a otros. Dios no condena la satisfacción por lo que realizamos (Eclesiastés 3.22), pero sí se pone firme en contra de sobreestimar nuestra importancia. Romanos 12.3 nos enseña a que pensemos de nosotros mismos con cordura.

48.31 Kir-hares era una ciudad fortificada en Moab. La compasión de Dios alcanza a toda la creación, incluso a sus enemigos.

Capítulo 49

49.1 Los hijos de Amón descendían de Lot debido al incesto que este cometió con una de sus hijas (como los moabitas; véase Génesis 19.30–38). Los condenaron por robar tierra del pueblo de Dios y por adorar al ídolo Moloc, a quien realizaban sacrificios de niños.

49.7 Los israelitas descendían de Jacob y los edomitas de su hermano gemelo, Esaú. Por lo tanto, Israel y Edom descendían de Isaac. Hubo conflictos constantes entre ambas naciones, y Edom se alegró por la caída de Jerusalén (véase el libro de Abdías). A Temán, un pueblo en la parte norte de Edom, se le conocía por su sabiduría y fue el pueblo natal de Elifaz, uno de los amigos de Job (Job 2.11). Pero ni siquiera la sabiduría de Temán salvó a Edom de la ira de Dios.

49.8 Dedán era una ciudad floreciente que recibía caravanas de viajeros. Dios dijo a sus habitantes que huyeran a cavernas (lugares profundos) o también los destruirían. Temán y Dedán estaban en los extremos opuestos del país, así que esto muestra la destrucción total de Edom por parte de Dios. Bosra (49.13) es una ciudad al norte de Edom.

49.16 Edom estaba localizada en una fortaleza de rocas, hoy conocida como Petra, al sur de Jordania. Edom pensó que era invencible a causa de lo estratégico de su ubicación y la destruyeron por su soberbia. La soberbia destruye a los individuos al igual que a las naciones. Nos hace pensar que podemos cuidarnos sin la ayuda de Dios. Aun servir a Dios y a los demás nos puede conducir a la soberbia. Haga un inventario de su vida y servicio a Dios, pídale que le señale y quite cualquier soberbia que quizás tenga.

49.23–26 Damasco era la capital de Siria, al norte de Israel. Asiria y Babilonia derrotaron a esta ciudad. Nabucodonosor atacó Damasco en 605 a.C. y la derrotó (Amós 1.4, 5). Es difícil atribuir la derrota del ejército a un hecho en particular, pero Dios destruyó Siria.

49.28 Cedar y Hazor eran tribus nómadas que estaban al este de Israel y al sur de Siria, en el desierto. En 599 a.C. Nabucodonosor las destruyó.

49.34 Elam estaba localizada al este de Babilonia y Nabucodonosor la atacó en 597 a.C. Más tarde se convirtió en el núcleo del Imperio Persa (Daniel 8.2) y en la residencia de Darío.

49.38 El trono representa el juicio de Dios y su soberanía. Él dirigiría la destrucción de Elam. Él es el Rey sobre todos los reyes, incluyendo el de Elam.

Capítulo 50

50.1ss En la plenitud de su poder, el Imperio Babilónico parecía inconmovible. Pero cuando dejó de ser útil a los propósitos de Dios para castigar a Judá por sus pecados, Dios la castigaría y la aplastaría por su cuenta. Los medos y los persas destruyeron Babilonia en 539 a.C. (Daniel 5.30, 31). En las Escrituras se usa a Babilonia como un símbolo de toda maldad. Este mensaje puede aplicarse por lo tanto al final de los tiempos cuando Dios borre el mal de una vez y para siempre.

50.3 La nación del norte eran los medos y los persas, una alianza que se convertiría en la próxima potencia mundial. Ciro tomó la ciudad de Babilonia por sorpresa y subyugó a la nación en 539 a.C. (Daniel 5.30, 31). Más tarde, otros reyes persas destruyeron por completo a la ciudad.

50.17-20 Dios castigaría a la malvada Babilonia como castigó a Asiria por lo que le hizo a Israel. Babilonia aplastó a Asiria, la que alguna vez gobernó a la primera. Babilonia a su vez la aplastarían los medos y los persas, a los que entonces gobernaba. Estos versículos también se adelantan al tiempo cuando el Mesías gobierne e Israel sea totalmente restaurada. No se encontrará pecado alguno en Israel debido a que todos los que busquen a Dios serán perdonados.

50.21 Merataim estaba localizada al sur de Babilonia y Pecod al este.

50.32 El orgullo (soberbia) era un pecado característico de Babilonia. Surge cuando nos sentimos autosuficientes, o cuando pensamos que no necesitamos a Dios. Naciones o personas soberbias, sin embargo, fracasarán a la larga debido a que se niegan a reconocer a Dios como el poder supremo. Deshacerse del orgullo no es fácil, pero podemos admitirlo y pedir a Dios que nos perdone y ayude a luchar en contra de él. Para el orgullo, el mejor antídoto es centrar la atención en la grandeza y bondad de Dios.

50.39 Babilonia permanece hasta la fecha como un yermo. Véase Isaías 13.19–22.

50.44-46 El invasor fue Ciro, quien atacó Babilonia por sorpresa y la derrotó. El mundo se estremeció porque su más grande imperio cayó de repente. Ninguna cantidad de poder terrenal puede permanecer para siempre.

Capítulo 51

51.2 Los aventadores trabajaban para separar el trigo de la paja. Cuando aventaban la mezcla al aire, el viento hacía volar la paja carente de valor mientras que el trigo limpio caía a tierra. A Babilonia la arrasarían como el viento a la paja. (Véase también Mateo 3.12 en donde Juan el Bautista menciona que Jesús separará la paja del trigo.)

51.11 Ciro, rey de Persia, se alió a Babilonia para derrotar a Nínive (capital del Imperio Asirio) en el año 612 a.C. Luego los medos se unieron a Persia para derrotar a Babilonia (539 a.C.).

51.17-19 Es muy tonto confiar en imágenes hechas por el hombre en lugar de Dios. Es muy fácil pensar que objetos que vemos y tocamos nos darán más seguridad que Dios. Pero los objetos se oxidan, pudren y corrompen. Dios es eterno. ¿Por qué depositar su confianza en algo que desaparecerá dentro de unos pocos años?

51.33 El grano se trillaba en una era, adonde traían las gavillas del campo. Las espigas se distribuían por el suelo, una enorme sección de tierra dura nivelada. Allí se aplastaba el grano para separar las semillas de los tallos. Para desgranarlo, se golpeaba el grano con una herramienta de madera. Algunas veces el grano se aplastaba con una tabla de madera usada para liberar las semillas. Babilonia pronto la iban a trillar cuando Dios ejerciera su juicio por sus pecados.

51.36 Este versículo quizás trata de un hecho realizado por Ciro, quien tomó Babilonia por sorpresa al desviar el río y caminar sobre su lecho seco. Lo más probable es que diga que a Babilonia la privarían del agua que da vida. A diferencia de Jerusalén, Babilonia no iba a ser restaurada.

51.44 Bel es uno de los nombres de Merodac, el dios principal de la ciudad de Babilonia.

51.51 La culpabilidad de su pasado paralizó al pueblo. Los ejércitos babilónicos profanaron el templo y el pueblo sentía vergüenza de regresar a Jerusalén. Sin embargo, Dios les dijo que volvieran a la ciudad, ya que destruiría Babilonia por sus pecados.

51.59 Jeremías no pudo visitar Babilonia, así que envió el mensaje con Seraías, un oficial que velaba por el bienestar del ejército. Quizás Seraías era hermano de Baruc (32.12).

51.60-64 En este último mensaje de Jeremías, volvemos a encontrar los temas gemelos de la soberanía y el juicio de Dios. A Babilonia se le permitió oprimir al pueblo de Israel, pero ahora se juzgaría a la misma Babilonia. A pesar de que Dios saca cosas buenas del mal, no permite que el mal quede impune. Los malvados quizás tengan éxito por un tiempo, pero resista la tentación de seguirlos o a usted lo juzgaran con ellos.

Capítulo 52

52.1ss Este capítulo ofrece más detalles sobre la destrucción de Jerusalén narrada en el capítulo 39 (material similar se encuentra en 2 Reyes 24.18–25.21). Este apéndice muestra que las profecías de Jeremías relacionadas con la destrucción de Jerusalén y el cautiverio babilónico sucedieron tal y como los predijo. Si desea más información sobre Sedequías, véase la nota a 39.1ss.

52.8, 9 Ribla estaba localizada a 320 km al norte de Jerusalén. Este fue el cuartel general de Babilonia para gobernar la región. Hamat era un distrito de Siria que incluía la ciudad capital.

52.31 Los reyes de Babilonia mostraron bondad a Joaquín. En el año 561 a.C. lo liberaron de la prisión y le permitieron comer con el rey. Dios continuó mostrando su bondad a los descendientes del rey David, incluso en el cautiverio.
52.34 Para el mundo, Jeremías nunca tuvo éxito. No tuvo dinero, familia, ni amigos. Profetizó la destrucción de la nación, de la ciudad capital y del templo, pero los líderes políticos y religiosos no aceptaban su consejo. Ningún grupo se agradó de él ni lo escuchó. Aun así, vemos que terminó con éxito la obra que Dios le encomendó. El éxito no debe medirse por la popularidad, fama ni fortuna, ya que son medidas temporales. Sedequías lo perdió todo al ir tras metas egoístas. Dios mide el éxito empleando como criterio la obediencia, la fidelidad y la rectitud.
Barton, Dr. Bruce B., (Nashville, TN: Editorial Caribe)

 

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