La vida misma es prueba de que Dios existe, porque toda ella es un milagro

Una insignificante gallinita en el corral de un humilde campesino demuestra que Dios existe, porque produce cada día una maravilla de la creación: un huevo, nueva vida procedente de la mano de Dios.

La fabulosa creación de Dios está viva. Es creativa, vivificadora, regenerativa. Está continuamente multiplicándose, renaciendo y reparándose. Todas las especies vegetales y animales son así. Cuando Dios creó el mundo, ordenó que cada variedad y cada especie «cuya semilla está en ella» (Génesis 1:12, Genesis 21-22) produjera más vida del mismo género.

El sistema productivo de Dios es lo más eficiente que hay. Él tiene un plan para todo, un plan perfecto. No se desperdicia nada, ni hay contaminación. Todo lo que Él produce es puro y bueno. De no ser por el pecado, ni siquiera habría muerte (Romanos 5:12). No habría ningún desecho, y nada se destruiría. Solo existiría el sistema original de Dios, en el que todo era vida, no había muerte y no se perdía nada. Así volverá a ser un día para todos los que acepten el amor de Dios en la figura de Jesús y le correspondan con el suyo. Magnífico, ¿verdad?

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