SANIDAD A TRAVES DE DEJAR :EL ENOJO LA AMARGURA Y LA FALTA DE PERDóN

Enojo
Dejaré la ira y desecharé el enojo para mantenerme conectado con Dios. Si espero en Él, heredaré la tierra (Salmos 37:8-9).
Todo mi cuerpo está enfermo y mi cuerpo está quebrantado a causa de mis pecados. Pero confieso mis pecados, y me contristo por lo que he hecho. No me desampares, oh Señor. Apresúrate a ayudarme, oh Señor, mi salvación (Salmos 38:3, 18, 22).
Hablaré palabras blandas, palabras amables y palabras de vida para alejar la ira y el enojo de mí. No atormentaré a nadie con mis palabras (Proverbios 15:1).
Apaciguaré la rencilla contra mi salud y mi familia a través de ser tardo para airarme (Proverbios 15:18).
Soy mejor que el fuerte porque controlo mi Ira. Hay más ganancia en controlar mi espíritu que en tomar una ciudad
(Proverbios 16:32). Utilizo cordura para detener mi furor; adquiero honra al pasar por alto la ofensa (Proverbios 19:11).
No pecaré contra mí mismo enfureciendo al Rey (Proverbios 20:2).
Calmaré el furor con una dádiva en secreto (Proverbios 21:14).
Declaro que el reinado de la ira en mi vida terminará (Proverbios 22:8).
Echo fuera la furia y la destrucción de la ira y el enojo. Ya no inundarán mis emociones (Proverbios 27:4).
No me apresuraré al enojo y evitaré que sus garras reposen en mi seno (Eclesiastés 7:9).
Que todo enojo sea quitado de mí (Efesios 4:31).
Soy un nuevo hombre, renovado conforme a la imagen del que me creó; por lo tanto, dejo la ira (Colosenses 3:8-10).
No desalentaré a mis hijos exasperándolos (Colosenses 3:21).
Amargura
Señor, te entrego la amargura de mi alma. Por favor mira mi aflicción y acuérdate de mí. Me iré en paz porque me has otorgado mi petición (1 Samuell: lO-11, 17).
Hablaré sin freno a ti, oh Señor, y te entregaré toda mi amargura a ti (Job 7:11).
Te hablaré, Dios, en la amargura de mi alma. Me harás entender por qué mi espíritu contiende con el tuyo (Job 10:1-2).
Declaró que no moriré en amargura de ánimo, y que comeré con gusto (Job 21:25).
Mi corazón conoce la amargura de mi alma (Proverbios 14:10); te la entrego a ti.
Criaré hijos sabios que no me causen pesadumbre o amargura (Proverbios 17:25).
Me sobrevino grande amargura, pero en amor libraste mi vida del hoyo de corrupción. Porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados (Isaías 38:17).
Estaba en amargura, en la indignación de mi espíritu, pero la mano del Señor es fuerte sobre mí (Ezequiel 3:14).
Me arrepiento de mi maldad y le ruego a Dios que los pensamientos de mi corazón sean perdonados, porque estoy en prisión de amargura y maldad (Hechos 8:21-23).
Mi boca está llena de maldición y amargura, pero me has mostrado un mejor camino y me has hecho justo a tus ojos
(Romanos 3:14, 21-22).
Diligentemente busco dentro de mí mismo de manera que no sea contaminado por ninguna raíz de amargura que pudiera brotar. Hebreos 12:15).
Perdón
Iré con mi hermano y le pediré que perdone mi pecado en su contra (Génesis 50:17).
Ruego que mi hermano me perdone para que cuando vaya delante de Dios, quite de mí esta plaga mortal (Éxodo 10:17).
Como Moisés, vengo a ti pidiendo tu perdón a favor de tu pueblo y de mí mismo. Gracias, Dios, que perdonas a los que pecaron en tu contra, porque los has raído de tu libro (Éxodo 32:32-33).
Dios, te agradezco que cuando escuchas nuestras oraciones también nos perdonas (1 Reyes 8:30).
Tú has escuchado desde los cielos, has perdonado mi pecado y me has vuelto a la tierra que diste a mis padres (1 Reyes 8:34).
Has escuchado en los cielos,has perdonado mi pecado y me has enseñado el buen camino en que ande (l Reyes 8:36).
Tú has escuchado desde los cielos, has perdonado mi pecado y me darás conforme a mis caminos porque conoces mi corazón (1 Reyes 8:39).
Perdona todos mis pecados y ten misericordia de mí (1 Reyes 8:50).
Llevo tu nombre y me he humillado delante de ti. Oro y te busco y he abandonado mi mala conducta. Ahora Tú escucharás desde los cielos y perdonarás mis pecados y me sanarás (2 Crónicas 7:14).
Mira mi aflicción y mi trabajo, y perdona todos mis pecados (Salmos 25:18).
Porque Tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan (Salmos 86:5).
El Señor declara que perdonará mi maldad y que no se acordará más de mi pecado (Jeremías 31:34).
Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; porque tu nombre es invocado sobre mí (Daniel 9:19).
Señor, perdóname como yo perdono a otros (Mateo 6:12).
Perdonaré a los hombres sus ofensas, porque de no hacerlo, Dios no me perdonaría (Mateo 6:14-15).
Me has sanado y me has dicho: “Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa”, para que sepa que tienes potestad en la tierra para perdonar pecados (Mateo 9:6).
Como al siervo que le debía al rey diez mil talentos, a mi también se me ha perdonado mucho. Por lo tanto, iré y perdonaré a todos los que han pecado contra mí para no ser entregado a los verdugos (Mateo 18:23-35).
Perdonaré a cualquier persona contra la que tenga algo, para que cuando esté orando, mi Padre que está en los cielos me perdone a mí también (Marcos 11:25).
Perdonaré a otros y seré perdonado (Lucas 6:37).
Perdóname mis pecados, porque también yo perdono a todos los que siento que están endeudados conmigo. No me metas en tentación, mas líbrame del mal (Lucas 11:4).
Si mi hermano me lastima, le voy a decir que me lastimó. Si me pide perdón, lo voy a perdonar. Si me sigue lastimando y me pide perdón cada vez, lo voy a perdonar cada vez (Lucas 17:3-4).
Con Jesús oro: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).
Declaro que Satanás no ganará ventaja alguna sobre mí, porque camino en perdón como Cristo. Yno ignoro las maquinaciones del diablo (2 Corintios 2:10-11).
Confieso mis pecados delante de Dios, y sé que Dios es fiel y justo para perdonarme y limpiarme de toda maldad (1 Juan 1:9).
Confieso mis ofensas a mis hermanos, y oramos unos por otros para que seamos sanados, porque la oración eficaz del justo puede mucho (Santiago 5:16).
He sido enviado a los gentiles para que abra sus ojos, se conviertan de las tinieblas a la luz, y sean librados de la potestad de Satanás, para que reciban perdón (Hechos 26:18).
Por medio de la sangre de Cristo, he sido redimido y he recibido perdón de mis pecados, conforme a las riquezas de su gracia (Efesios 1:7).
Padre Dios, Tú me has librado del poder de las tinieblas y trasladado al Reino de tu Hijo, en quien tengo redención y el perdón de todos mis pecados (Colosenses 1:13-14).

 

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