Libres del desánimo

Todos hemos estado desanimados en algún momento u otro. Es más , no me sorprendería saber que todos atravesamos alguna clase de desánimo durante el transcurso de una semana. Nos animamos cuando pensamos que algo va a suceder de cierta manera, y nos desanimamos cuando no sucede así.

La decepción que no es enfrentada y atendida se convierte en desánimo. Si nos mantenemos desanimados por mucho tiempo podemos llegar a sentirnos desolados, y la desolación nos deja incapaces de manejar nuestra situación.

Muchos cristianos desolados están tendidos a la orilla del camino de la vida porque no han aprendido a controlar la decepción. La desolación que sienten posiblemente comenzó con una decepción pequeña que nunca fue atendida.

Jesús sano a todos los que estaban oprimidos por el enemigo (Hechos 10:38). La voluntad de Dios no es que vivamos decepcionados, desolados u oprimidos. Cuando nos decepcionamos, tenemos que aprender a ser “ re-animados” para evitar el desánimo y la desolación.

Cuando desde un principio aprendemos a poner nuestra confianza y esperanza en Jesús, nuestra Roca (1Corintios 10:4) y a resistir al diablo, entonces vamos a poder vivir en el gozo y la paz del Señor, libres del desánimo.

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